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Nueva Nadia: Capítulo 3, parte 2
Conforme el día transcurría las nubes del cielo se espesaron todavía más hasta cubrir por completo cualquier hueco azul, adquiriendo un color oscuro. La luz existente tenía una tonalidad gris y mortecina, y el viento arreció, tornándose más frío e insoportable. Bajo aquel panorama, la ciudad de Taltha ofrecía un aspecto sombrío y desamparado. Era tan pequeña que a Nadia le resultó difícil identificarla con su propio concepto de ciudad: estaba rodeada por una sólida muralla de piedra no demasiado alta y en sus almenas brillaban unas débiles luces titilantes. Detrás de los muros se podían apreciar los tejados de algunos de los edificios más altos y las columnas de humo que escapaban de las chimeneas y se mezclaban con el gris del cielo encapotado. Taltha parecía un lugar bastante tétrico y casi desierto.
La nieve había sido parcialmente retirada de la puerta principal que daba acceso a la ciudad. Junto a la entrada había una caseta de piedra a través de cuyas ventanas se veía un resplandor ambarino. Alguien, en el exterior, montaba guardia silenciosamente. Llevaba un casco metálico, una cota de malla y aferraba una lanza en el puño con los nudillos blancos. Su respiración se convertía en una nube de vaho alrededor de su nariz y boca. Cuando las vio acercarse alzó el arma y las hizo detenerse.
- ¡Alto!- exclamó.- ¿Quiénes sois y a qué venís?
Nadia entrecerró los ojos para ver mejor. Se trataba de un hombre joven, de piel pálida y barba oscura cubriendo su pronunciado mentón.
- Sorwel, soy yo... Mielle.
- ¡Dioses benditos, Mielle!- sonrió él, con entusiasmo.- ¡Hace mucho que no te veíamos por aquí? Has crecido mucho. ¿Cómo está...?
- Tengo noticias importantes y urgentes.- le interrumpió ella, bruscamente.- El fuerte del señor Irio ha sido atacado por los vaheri. Su aprendiz se quedó defendiéndolo y nosotras pudimos escapar, pero no sabemos qué habrá pasado...
- ¿Los vaheri, dices?- repitió el llamado Sorwel con gravedad.- Avisaré de inmediato al hacásar para que reúna al ejército y organice las defensas.
- Mil gracias, Sorwel.
Sorwel asintió con un gruñido e hizo un gesto a sus hombres para que abrieran las puertas. Mielle tiró de las riendas del caballo y lo condujo a al interior de la ciudad siguiendo un camino adoquinado y cubierto de nieve sucia.
Al doblar la primera esquina avistaron a Iluna, de pie y con la espalda apoyada sobre una pared de piedra, aguardándolas mientras se observaba las uñas con expresión aburrida. Alzó la cabeza y bostezó perezosamente. A pesar de su aspecto despreocupado Nadia advirtió que sus ojos permanecían alertas. La rastreadora sacó de un bolsillo una bolsita de cuero que tintineaba alegremente y la sopesó varias veces en sus manos con aire jugetón antes de lanzársela a Mielle, que la atrapó al vuelo.
- Al final de esta calle hay una posada bastante decente. Nos alojaremos allí.
- La conozco.- dijo Mielle.
- Mejor que mejor.
- Iluna... - murmuró Nadia. La mujer la miró.- ¿Puedo pedirte algo?
- ¿Qué?- inquirió la rastreadora, con cautela.
- Me gustaría que fueras al fuerte... a investigar lo que ha pasado. A... ayudar a Aldren, porque seguramente necesitará ayuda.
Mielle asintió efusivamente. Pero Iluna negó con vehemencia.
- Lo siento, no puedo hacerlo.
- ¿Por qué no?- preguntó Nadia, desilusionada.
- Mi misión es protegerte.- dijo.- No voy a abandonarte. Lamento mucho lo de Aldren... pero tú eres mi prioridad.
- ¡Por favor!- suplicó Nadia, con los dientes apretados.- Puedes transformarte en pájaro e ir y volver rápidamente. No tardarías nada.
- He dicho que no y lo mantengo, así que deja de insistir.- replicó la mujer con un tono que no dejaba lugar a más protestas.
Nadia se sintió furiosa. Apretó los nudillos con rabia. Se sentía impotente... y culpable por lo que había sucedido en el fuerte del Hechicero Irio y no podía hacer nada al respecto excepto sentarse a esperar la llegada de las malas noticias.
- Id a la posada.- repitió.- Mielle, Nadia sigue enferma, así que dejo en tus manos su reposo. Yo iré a dar una vuelta de reconocimiento, así que no me esperéis despiertas. Cenad y dormid; ambas lo necesitáis.
Y sin más preámbulos echó a andar calle abajo hasta perderse entre las sombras. Nadia, con las mejillas sonrojadas debido al enfado, se volvió a Mielle a tiempo para verla disimular la expresión triste de sus ojos dorados.
- Iluna tiene razón, Nadia.- dijo, intentando sonar de forma positiva.- El hacásar mandará a sus guerreros, no hay necesidad de que ella nos abandone a nosotras. Aldren se sacrificó para que pudiéramos huir... y eso no habrá servido de nada si nos exponemos a peligros innesarios, ¿verdad? Además, no estás curada del todo y tienes que reponer fuerzas. Comer algo caliente y descansar.
- Es sólo que me siento... mal. Como si todo fuera culpa mía.- Mielle se mordió un labio.- Y no entiendo nada.- insistió.- No sé porqué estoy aquí, ni quienes son esos vaheri...
- Bueno...- dijo Mielle, vacilante.- Lo de los vaheri sí puedo explicártelo.
- ¿En serio?
- Sí.- respondió con una sonrisa.- Pero tienes que prometerme que vas a descansar.
- Ya decía yo que la información no me iba a salir gratis...
jueves, diciembre 03, 2009 | Etiquetas: Nerume | 2 Comments
Nueva Nadia: Capítulo 3, parte 1
Nadia sintió que alguien la zarandeaba suavemente, despertándola. Se aovilló más aún sobre sí misma y escondió la nariz debajo de la manta; estaba cansada y quería seguir durmiendo.
- Buenos días.
La voz de Mielle llegó acompañada de otro apretón de hombros, un tanto más insistente. Nadia gruñó y entreabrió los ojos. Miró por encima de la manta y vio los restos de la fogata de la noche anterior y el campamento recogido. Mielle estaba a su lado, observándola desde arriba. Su respiración se convertía en vaho al salir de su nariz y boca.
- Venga, tenemos que irnos.- la urgió.
A regañadientes, se puso en pie. Se abrazó a sí misma para intentar calentarse un poco, pero fue inútil. No sólo estaba helada de pies a cabeza sino que además le dolía cada músculo de su cuerpo. Y nunca habría dicho que tenía tantos. Los dientes empezaron a castañearle.
- Toma.- dijo Mielle, dándole otra manta y ayudándola a ponérsela por encima. Luego miró al caballo de forma calculadora.- ¿Quieres montar delante tú hoy?
- De acuerdo.- contestó ella, con la esperanza de que el asiento delantero fuera algo más cómodo que el de atrás.
Mielle la ayudó a subir y con algo menos de dificultad que la vez anterior, montó sobre el animal. Éste echó hacia atrás las orejas y relinchó suavemente, pero no se movió. La joven subió tras ella y tomó las riendas para dirigir al animal lejos del bosquecillo.
Las nubes que habían cubierto el cielo el día anterior estaban algo más dispersas aquella mañana y a través de ellas se podía entrever el pálido cielo del amanecer. A pesar de que el sol no era visible, una extraña luz cuya procedencia Nadia fue incapaz de localizar iluminaba el radiante manto de nieve inmaculada que se extendía delante de ellas.
- ¿Dónde está Iluna?- preguntó con voz ronca.
- Ahí arriba.- respondió Mielle, señalando al cielo.
Sobre sus cabezas, un ave oscura de grandes alas volaba en círculos. Nadia sonrió.
- La prefiero en forma de gata, pero así también está guay.
- ¿Guay?- repitió Mielle.
- Chulo.
- ¿Chulo?
- Hmm... genial. Cuando algo te gusta y piensas "¡vaya, es genial!", eso significa guay.
- Y chulo.- dedujo Mielle.
- Eso, y chulo también.
- Qué complicado.
Hacía mucho frío, el aire era cortante como un cuchillo y era difícil de respirar. Nadia se estremeció, aún llevando dos mantas de lana y una capa forrada de piel. Los pies le dolían, tenía las botas encharcadas.
- ¿Cuánto falta para llegar? Necesito llegar a un lugar caliente cuanto antes... a este paso no tardaré mucho en congelarme del todo.
- Aún quedan un par de horas.
- ¿Un par de horas?- se quejó Nadia.
- No es mucho.
- ¿Qué no es mucho, dices?- gimió.- Tengo mucha hambre.- añadió con un lloriqueo.
- Pues tendrás que esperar.
Ambas guardaron silencio. Iluna seguía volando encima de ellas, siguiéndolas de cerca. El amodorramiento de Nadia había desaparecido por completo y se sentía despierta, aunque no por ellos menos dolorida. Las imágenes de la noche anterior volvieron a su mente, atormentándola con su violencia. Tembló al recordar a Aldren y sintió que el corazón le latía en la garganta. Alzó los ojos al cielo en una muda súplica, rogando que estuviera bien. Una poderosa ansiedad se apoderó de ella y se removió inquieta en el caballo. Tenía ganas de salir corriendo.
- ¿Tú conoces Taltha?- preguntó Nadia, más por hablar y distraerse que por verdadero interés.
- Muy bien. Nací allí.
- ¿Ah, sí?
- Mi padre era comerciante, y vivíamos en una casa pequeña y modesta en la ciudad. Sin embargo... llegaron malos tiempos para el negocio y entre unas cosas y otras mi padre se vio obligado a abandonar su profesión. Nos marchamos de Taltha y fuimos al bosque, donde mi padre empezó a ganarse la vida como leñador. El hechicero Irio nos compraba leña y substíamos gracias a ello. Un invierno muy frío... hizo que mis padres enfermaran y murieran a los pocos meses. Yo tenía diez años entonces. El señor Irio me acogió en el fuerte y me dio trabajo.
Mielle había contado su triste historia con voz calma. Y el hecho de que aceptara como normales las tragedias que le había tocado vivir sólo hizo que Nadia se sintiera más apenada todavía.
- Lo siento mucho, Mielle.- dijo con voz ahogada.
- No importa.- dijo ella con una sonrisa.- Son cosas que suceden, la vida es dura. El señor Irio siempre ha cuidado muy bien de mí y nunca he tenido nada de qué quejarme.- hizo una breve pausa y luego preguntó con timidez.- ¿Cómo se llama la ciudad en la que vives?
- Granada.- contestó ella.- Es una ciudad pequeña, pero a mí me gusta mucho.- afirmó con orgullo.- Tiene cosas bonitas, y nunca he sentido la necesidad de vivir en otro lugar.
- ¿Vivías con tu familia?
- Sí, con mis padres y mi hermano mayor. Aunque suelo quedarme sola bastante a menudo. A mis padres ahora les ha dado por viajar... y mi hermano a veces está un mes sin aparecer por casa.
Mientras continuaban la cabalgata hasta Taltha, las dos muchachas se confiaron sus vivencias mutuamente. Nadia le explicaba cosas de su mundo a la asombrada de Mielle, que no podía dar crédito a las palabras de su nueva amiga, mientras que la doncella le revelaba los secretos de aquel mundo desconocido llamado Nerume. De esa forma Nadia consiguió librarse de sus preocupaciones y las dos horas que Mielle había predicho se le hicieron sorprendentemente cortas.
miércoles, diciembre 02, 2009 | Etiquetas: Nerume | 1 Comments
Nueva Nadia: Capítulo 2, parte 7
Nadia le dedicó al animal una mirada mezcla de tristeza y desconfianza. La gata, sentada sobre sus patas traseras, se limitaba a observar fijamente a las dos muchachas con sus ojos azules de pupila rasgada, completamente inmóvil. Poco a poco, su silueta empezó a brillar. Tan tenuemente al principio que Nadia se restregó los ojos pensando que se lo estaba imaginando, pero aumentando de intensidad a cada segundo. El contorno elegante del animal quedó rodeado por una aureola de luz púrpura tan resplandeciente que las jóvenes tuvieron que apartar la vista para no hacerse daño en los ojos.
Cuando el fulgor desapareció, ya no quedaba rastro alguno de la gata. En su lugar vieron a una extraña y hermosa mujer sentada en el suelo con las piernas cruzadas y expresión divertida. Era muy atractiva; tenía el cabello corto y despeinado, de color gris perlado, unos grandes ojos violetas y un cuerpo ágil y esbelto cubierto por un traje de cuero negro consistente en chaleco y pantalones. En sus mejillas tenía unas espirales púrpuras que además perfilaban sus ojos. Nadia, boquiabierta, estaba demasiado sorprendida para asustarse. Mielle, al contrario, había desenvainado la espada corta que le colgaba del cinto y se había interpuesto entre ella y la misteriosa mujer.
- ¡Quién eres y cuáles son tus intenciones!- exigió saber, nerviosa.
La mujer se incorporó lentamente, observó a la muchacha de pies a cabeza y esbozó una sonrisa ligeramente presuntuosa.
- No me hagas reír, pequeña. Te mataría en un pestañeo antes de que te dieras cuenta.- Mielle palideó y los nudillos se le quedaron blancos al apretar con más fuerza la empuñadura de la espada.- Pero tranquila... porque mis intenciones no son hostiles.- añadió, mientras se relamía los labios.
- ¿Quién eres?- preguntó Nadia, susurrando.
La mujer se aproximó a ella y le puso las manos sobre los hombros, apretándolos cariñosamente.
- ¿No me reconoces, Nadia?- dijo, casi en un ronroneo.- Soy Iluna. Tu querida gatita.- Nadia frunció el entrecejo, confundida.- Oh, bueno. Ahora soy un poco distinta, como puedes ver. Ahora soy Xisel, una rastreadora a la que asignaron la misión de protegerte.
En circunstancias nromales, Nadia no la habría creído. O al menos, habría hecho algunas preguntas. Pero aquella situación no tenía nada de normal. Estaba en un mundo que no era el suyo, alguien la buscaba y había presenciado una batalla mortal entre seres humanos. Nada tenía sentido... ¿qué daba una locura más? Buscó en los ojos violetas de la mujer... y descubrió que era cierto. Le estaba diciendo la verdad.
- ¿Xisel?
- Si te resulta extraño puedes seguir llamándome Iluna. Siempre me ha gustado mucho, es un nombre bonito.
- ¿Estás de nuestra parte, entonces?- preguntó Mielle, aún un tanto recelosa.
- Estoy del lado de Nadia, sí.- asintió ella.- Así que guarda el arma. Como te he dicho, no tendrías ninguna oportunidad contra mí.
Nadia sonrió y, movida por un impulso, abrazó a la rastreadora. Ella, lejos de parecer asombrada por el gesto, la estrechó cálidamente entre sus brazos y le besó el pelo con ternura.
- Me gustaría seguir llamándote Iluna, si no te importa.
- Como quieras.- dijo ella.- Siéntate, Nadia. Estás haciendo más esfuerzos de los que deberías y sólo conseguirás empeorar.
Nadia obedeció sin rechistar y volvió a sentarse sobre la manta, que se había llenado de copos de nieve. Iluna cerró los ojos y tras hacer unos rápidos e incomprensibles movimientos con las manos, la nieve dejó de caer y el aire comenzó a caldearse. Mielle parpadeó perpleja.
- ¿Eres una hechicera?- preguntó.
- No, soy una ninpou.
- ¿Ninpou?- repitió Nadia.
- Una persona dotada con las habilidades de invocar bestias y adoptar formas animales. Puedo utilizar la magia, pero sólo a cierto nivel. Sólo me sé algunos trucos como éste.
Nadia empezó a toser violentamente. Mielle corrió hasta el caballo y cogió la bolsa con medicinas que había preparado antes de salir del fuerte. Abrió un tarro que contenía unas hojas de color verde oscuro y se las dio a Nadia. Ella las cogió y las miró con el ceño fruncido.
- ¿Qué hago con ellas?
- Comértelas.- dijo Mielle, contrariada.- Te las metes en la boca, las masticas y te las tragas.
- Sé como se come.- replicó Nadia.- Pero es una forma muy rara de tomarse las medicinas.
- La habitual.
- No, la habitual es en pastillas, al menos en mi mundo.
- No estamos en tu mundo, Nadia.- le recordó Iluna son suavidad.
- Ya me he dado cuenta.- refunfuñó ella.
Al otro lado de las paredes de la burbuja protectora, los árboles se balanceaban violentamente empujados por el viento, que soplaba cada vez con más fuerza. La nieve era una pesada cortina blanca que no permitía divisar nada a lo lejos, y el sonido del viento parecía un llanto incesante y desgarrador. Nadia se había tumbado, tapada con una manta cálida hasta la nariz e intentaba dormirse. Era algo difícil de conseguir; el ruido la desvelaba, y su estómago rugía quejumbrosamente. Iluna y Mielle habían encendido un fuego y hablaban en murmullos entre sí.
- Iluna…- dijo Mielle.- Hay una cosa que no entiendo.
- ¿Qué?
- ¿Desde cuándo cuidas de Nadia?
- Desde hace cuatro años.
- Los hechiceros de todo Nerume han estado buscándola desde hace muchísimo tiempo, y sólo Aldren hasta hace dos días ha sido capaz de encontrarla. ¿Por qué no la trajiste tú?
- Porque mi misión no era traerla aquí, sino protegerla.
- Pero…
- Después de que los primeros versos de la profecía se cumplieran, me encomendaron buscar y proteger aquello que había desaparecido. Y eso hice. Estuve esperando mucho tiempo y tardé mucho en encontrarla. Fue muy duro. Quien iba a imaginar que el arma tomaría la forma de una muchacha...
- ¿Qué?- preguntó entonces Nadia, medio adormilada.
- Nada, pequeña. Olvida lo que he dicho.- repuso Iluna.
Nadia parecía a punto de protestar, pero Iluna le puso la mano sobre la frente y enseguida la muchacha cayó en sus brazos, con los ojos cerrados.
- La has…
- La he dormido.- aclaró Iluna, mientras acomodaba a la muchacha en el suelo y le ponía su propia manta encima.- Aún no debe saber nada... no está preparada para ello.
martes, diciembre 01, 2009 | Etiquetas: Nerume | 1 Comments
Nueva Nadia: Capítulo 2, parte 6
El caballo atravesó el patio y cruzó una arcada de piedra que daba a una plaza mucho más amplia. Debido al estruendo reinante justo frente a ellas el animal se inquietó y se encabritó relinchando nerviosamente. Mielle tiró de las riendas con firmeza y le hizo deternerse durante un instante. Fueron tan sólo unos minutos antes de reemprender la huida, pero fue lo suficiente para que Nadia observara la carnicería que tenía lugar delante de sus ojos.
El corazón dejó de latirle al mismo tiempo que dejaba de respirar con un jadeo ahogado mientras se llevaba la mano a la boca, espantada. Un grupo de soldados luchaba salvajemente contra unos guerreros armados con corazas de color blanco y negro. Hacían entrechocar sus espadas con gritos inhumanos y luchaban a muerte, clavando los filos de sus armas en el cuerpo de sus enemigos y cortando los miembros que se interponían en su trayectoria. La nieve a sus pies estaba teñida de rojo y salpicada de cuerpos sin vida. Nadia, horrorizada, era incapaz de apartar los ojos de la batalla. Lo que veía la asqueaba y sentía náuseas en el estómago y en la garganta. Tenía ganas de llorar. Aquello no era ningún montaje, ninguna película, sino real. Completamente real. La distancia que la separaba de aquellos hombres aniquilándose entre sí era mínima y casi podía oler el aroma metálico de la sangre. Era... monstruoso.
Mielle hizo girar el caballo hacia la izquierda, huyendo de una repentina lluvia de flechas prendidas con fuego que empezó a caer súbitamente sobre sus cabezas, abatiendo a los soldados. Se dirigió a un pequeño edificio de techo bajo tras el cual había un estrecho pasadizo cubierto de hojarasca mojada y resbaladiza que daba a una portezuela en la muralla que pasaba desapercibida. Mielle detuvo al animal, abrió los cerrojos y entonces instó al caballo a galopar para alejarse de allí tanto como fuera posible.
***
Nadia era incapaz de estimar cuánto tiempo había transcurrido desde que abandonaron el fuerte, aunque le parecía una eternidad. Su cerebro no funcionaba; desbordada por los recientes acontecimientos su mente sólo repetía una y otra vez aquellas horribles imágenes que había presenciado antes de su huida. No podía evitar pensar en Aldren y en Iluna. El joven se había sacrificado para que ellas pudieran escapar y su gatita... con un poco de suerte habría conseguido esconderse y sobrevivir a la matanza. Se encontraba fatal, tanto física como psicológicamente. Sentía náuseas y le dolía todo el cuerpo, desde las puntas de los dedos hasta los pelos de la cabeza. Además, estaba furiosa consigo misma. Todo parecía ser culpa suya. ¿Cómo se había permitido creer que le habían regalado unas relajantes vacaciones en el mundo de la fantasía? ¿Cómo podía haber sido tan ingenua? Según había visto... había bastante gente interesada en ella en aquel mundo. ¿Por qué? Estaba aterrada; nunca había sentido tantísimo miedo en toda su vida. Se mareó, y todo se convirtió en un vertiginoso remolino delante de ella. Giró la cabeza a un lado y sin poder evitarlo vomitó sobre la nieve. Mielle detuvo el caballo en seco y echó un vistazo por encima del hombro para observar a la pálida y desvalida Nadia.
- ¿Te encuentras bien?
- Oh... sí. De lujo.
- Hablo en serio.
- Yo no, ¿acaso no se nota?
Mielle se puso una mano sobre los ojos para intentar ver mejor a través de los copos que no cesaban de caer. A Nadia la nieve empezaba a parecerle triste y deprimente. Al cabo de unos minutos la muchacha desvió al caballo del camino invisible que había estado siguiendo, en dirección a la derecha.
- ¿A dónde vamos?
- ¿Ves aquella mancha blanca de allí, a lo lejos?
- Todo me parece igual de blanco.
- Es un bosquecillo. Pararemos a descansar un momento. No podemos cabalgar durante toda la noche teniendo en cuenta tu estado. No sé cómo haremos para refugiarnos de la nevada... pero ya pensaré en algo.
El bosque no era muy tupido, pero los árboles eran altos y bajo sus ramas no había tanta nieve. Mielle bajó del caballo, lo ató a un tronco y ayudó a Nadia a desmontar. Nadia se aferró al caballo con fuerza, sintiéndose muy débil y mareada y con ganas de vomitar otra vez. Mielle sacó una gruesa manta de una de las bolsas y la extendió sobre el suelo. Nadia se dejó caer sobre ella al instante. Estaba incómoda y le resultaba imposible dejar de castañear los dientes, pero tras tanto rato balanceándose encima del caballo agradecía el estar inmóvil otra vez. Mientras Mielle desempaquetaba algunas cosas, Nadia miró a su alrededor, un poco intimidada por las siluetas oscuras de los árboles. Sus ramas estaban coronadas de blanco níveo y los matorrales que nacían junto a sus raíces estaban cubiertos de escarcha. Fue entonces cuando captó un movimiento que llamó su atención. Más allá de la hierba aplastada y helada del suelo apareció la silueta borrosa de algo que se aproximaba despacio. Nadia contuvo el aliento y se preparó para gritar, justo en el momento en que la figura se volvió nítida y un animal apareció junto a la base de un árbol cercano. Se levantó de un salto al mismo tiempo que exclamaba:
- ¡¡Iluna!!
- ¡Nadia, detente!- chilló entonces Mielle, mortalmente pálida y mirando a la gata como si se tratara de un demonio.
- ¿Qué pasa? ¿No ves que es...?
- No puede ser Iluna. Hubiera sido incapaz de seguirnos hasta aquí y le hubiera resultado más imposible aún alcanzarnos tan pronto. Hubiera muerto bajo la nieve y mírala... ni siquiera tiene el pelaje mojado.
lunes, noviembre 30, 2009 | Etiquetas: Nerume | 1 Comments
Nueva Nadia: Capítulo 2, parte 5
Corrían por un estrecho corredor iluminado por antorchas. Nadia no sabía a dónde se dirigía; Mielle la arrastraba, girando a derecha y a izquierda, bajando y subiendo escaleras, y ella se dejaba sin oponer ningún tipo de resistencia. Algo le nublaba la mente: una sensación adormecedora que la privaba de cualquier tipo de emoción... incluido el miedo. Una luz difusa le emborronaba la vista y le impedía ver con claridad. Iluna corría detrás de ellas, pero ninguna de las muchachas advirtió su presencia.
Mielle se detuvo súbitamente delante de una puerta, sacó un manojo de llaves del bolsillo de su vestido y forcejeó nerviosamente con él hasta conseguir abrirla. La habitación era pequeña y estaba atestada de armarios y estantes con mantas y mudas de ropa. Mielle se arrodilló, buscando frenéticamente en cajones y estanterías mientras Nadia se limitaba a permanecer inmóvil en el centro de la estancia, observándolo todo con ojos vidriosos y expresión ausente. Cuando la joven se incorporó tenía en los brazos un vestido de lana, una capa forrada de piel y unas botas cálidas y flexibles. Sin decir una palabra le quitó el camisón y la vistió con cierta dificultad, para luego agarrarla de la mano y seguir corriendo. Sólo se detuvieron una vez más en un minúsculo almacén lleno de estantes con hileras de tarros transparentes llenos de hierbas y hojas de olor penentrante, donde Mielle eligió unos cuantos y los guardó en bolsa de lona que se colgó a la espalda. Tras eso bajaron por una interminable escalera de escalones desgastados y resbaladizos hasta llegar a una puerta desvencijada que se abrió con un crujido lastimero.
Un golpe de viento gélido le abofeteó las enrojecidas mejillas, espabilándola un poco. Era noche cerrada, y el cielo gris se extendía sus infinitos nubarrones sobre sus cabezas. Hacía muchísimo frío y el aire soplaba con fuerza. Mucho más cerca que antes seguían oyéndose gritos. Unos expresaban ira y otros triunfo, pero la mayoría eran chillidos de dolor desgarrador cuyas voces se mezclaban caóticamente hasta aunarse en un lamento estremecedor. Otro cañonazo atronador hizo que, durante un breve instante, todo lo demás se silenciara por completo. El corazón de Nadia dio un vuelco, consciente de que estaba en mitad de una batalla. El sopor la había abandonado y sentía los comienzos del pánico tomando posesión de su estómago.
Habían salido a un patio de grava, cubierto por una capa de nieve inmaculada. Nadia no prestó atención a los copos que caían suavemente desde el cielo casi blanco, arrastrados por el viento en un remolino danzante. Mielle ya no tenía que tirar de ella, pues corría con todas sus fuerzas aplastando la nieve bajo sus botas. El miedo era una garra fría que le apretaba el corazón, helándole la sangre en las venas y empujándola a huir sin importar realmente a donde siempre que fuera lo más lejos posible de aquellos gritos.
Se dirigieron a un pequeño establo, al otro lado del patio. Dentro estaba muy oscuro y olía intensamente a paja húmeda. Nadia era incapaz de ver dónde ponía los pies, pero Mielle avanzaba con celeridad y precisión. Sin previo aviso le soltó la mano y se perdió en la penumbra, dejándola sola. Nadia retrocedió hasta dar con la espalda en una pared de piedra helada. Arrinconada, temblando de frío y miedo al mismo tiempo, se detuvo intentando escuchar a Mielle. Oyó el relincho de un caballo y supo lo que la muchacha trataba de hacer. Sus ojos, que se habían acostumbrado ligeramente a la oscuridad, fueron capaces de distinguir la figura de Mielle forcejeando con animal para sacarlo de la cuadra.
- Eh, Mielle...
- ¿Sí?- preguntó ella, con la voz quebrada. Luchaba por dominar al inquieto caballo.
- No sé montar.
- ¿Qué?- dijo ella sin entender.
- Que no se montar...
- ¡Ya te he oído!- exclamó ella, con un deje histérico.
Nadia vio algo entrar en el establo y ahogó un grito al descubrir que se trataba de Iluna. Se agachó con los brazos extendidos para recoger a la gata que llegó trotando a sus pies con las patas mojadas. La abrazó, estrujándola entre sus brazos. Fuera de la cuadra se oyó un ruido metálico que se aproximaba, por lo que la joven se pegó tanto como pudo a la pared y se asomó furtivamente. Frente a la puerta del establo vio desfilar a una hilera de soldados vestidos con armaduras y cotas de malla, portando espadas, lanzas y escudos. Nadia se quedó mirándolos boquiabierta y con los ojos como platos, casi sin poder creerlo. Pero eran reales y estaban allí. Frunció la nariz debido al repentino olor a óxido. Un relincho nervioso la hizo girarse y vio que Mielle había terminado de ensillar al caballo y miraba al exterior con el semblante pálido.
- Vamos, sube.- dijo apremiante.
Nadia bajó la mirada y contempló a Iluna, apretada contra su pecho, con el corazón encogido. Las lágrimas se le agolparon en los ojos de forma inevitable. Sacudió la cabeza de forma negativa e hizo rechinar los dientes. Era incapaz de soltarla.
- No puedo hacerlo.
- Nadia, no tenemos tiempo.
Nadia cogió aire, pero no lo dejó escapar. Se agachó y la depositó en el suelo, aunque sin soltarla. No podía abandonarla. Las lágrimas le rodaban por las mejillas y caían al suelo sucio del establo. Volvió a sacudir la cabeza. Mielle se acuclilló a su lado y cogiéndola por las muñecas la obligó a dejar al animal y a levantarse.
- Si no nos vamos ahora que podemos, moriremos.
Mielle subió al caballo con agilidad. Nadia, por el contrario, tuvo muchas más dificultades. Pero el miedo actuaba con una patada en el culo y gracias a eso y a la ayuda de Mielle, finalmente consiguió montar en la grupa del animal. La joven tiró con fuerza de las riendas y clavó los talones en los flancos del caballo, que echó a galopar instantáneamente. Nadia tuvo que sujetarse a la cintura de Mielle para no caerse.
domingo, noviembre 29, 2009 | Etiquetas: Nerume | 2 Comments
Agujas de reloj
I'm tired.
I feel time is running away from me and I can't catch it.
Seconds, minutes, hours and days seem to fly. They hide and I'm enable to find them.
I don't want to see my life just as blinking in front of my eyes.
I wake up on monday and after closing and opening them just once, it's sunday.
I don't even have time to miss you.
It's strange, but... I wanna feel your absence.
You only live once.
***
Estoy cansada.
Siento que el tiempo está huyendo de mí y no puedo atraparlo.
Segundos, minutos, horas y días parecen volar. Se esconden, y soy incapaz de encontrarlos.
No quiero ver mi vida cómo un parpadeo delante de mis ojos.
Me despierto un lunes y tras cerrarlos y abrirlos una sola vez, ya es domingo.
Ni siquiera tengo tiempo para echarte de menos.
Es extraño, pero... quiero sentir tu ausencia.
Sólo se vive una vez.
jueves, noviembre 26, 2009 | Etiquetas: Deliberaciones varias | 4 Comments
Nueva Nadia: Capítulo 2, parte 4
Aldren asintió.
- ¿Que ganaría mintiéndote?- preguntó.
Nadia se llevó un dedo a los labios e inclinó la cabeza, pensativa.
- Pero no entiendo nada.- replicó.- ¿Por qué soñaste conmigo? ¿Quiénes eran esos vaheri? ¿Por qué estoy aquí?
Aldren desvió la mirada, obviamente incómodo.
- No puedo responderte a eso.
- ¡Pero me dijiste que lo harías!- repuso Nadia, enfadada.
- Sí, y lo haré, pero creo que este no es el mejor momento. Mi maestro, el Hechicero Irio, no está en el Fuerte ahora mismo. Partió hace dos días hacia Noorod, para atender a un Consejo que precisamente trataba sobre ti. Creo que yo no soy el más adecuado para explicarte la situación, a pesar de haber sido quien te ha encontrado.
- ¿Un Consejo sobre mí?- repitió atónita.- ¿Y a qué situación te refieres? ¡No lo comprendo!
- Lo siento.- se disculpó él, clavando los ojos en el suelo.- Lo lamento mucho, Nadia, pero no puedo...
La puerta se abrió de golpe y ante ellos apareció Mielle, con el rostro mortalmente pálido y una mueca de horror. Unos gritos apagados se escucharon en el exterior al mismo tiempo que un sonido ensordecedor hizo que el suelo se estremeciera bajo sus pies.
- Son los vaheri.- dijo con un hilo de voz.- No son demasiados, pero tienen a un hechicero consigo.
- Maldición.- murmuró Aldren, entrecerrando los ojos y palideciendo.- ¡Maldita sea! Hubiera sido más prudente marchar a Noorod, pero no pensé que... - se llevó una mano a la frente húmeda. Observó a Nadia con determinación.- Mielle..., viste a Nadia y huid ahora mismo. Ya.
- ¿Qué? Pero yo...
- ¡Mielle, no admitiré réplicas! Nadia es nuestra prioridad, así que marchaos ahora mismo. Salid por la puerta oeste y dirigíos a Taltha e informad de lo que sucede.
- ¿Qué pasará contigo?- preguntó la joven, con labios temblorosos.
- Yo intentaré proteger el fuerte.
Su tono era tajante y resuelto, por lo que ninguna de las dos osó quejarse. Aldren empujó suavemente a Nadia fuera de la habitación y la miró fijamente.
- Tened cuidado, Mielle. Confío en ti.
Mielle asintió, agarró la mano de Nadia con firmeza y tiró de ella. En ese instante algo despertó bruscamente en el interior de la muchacha, confundiéndola y sumiéndola en un ligero trance. Era una especie de instinto aletargado, unas débiles pulsaciones que no comprendía, como si se tratara de un lenguaje desconocido. Dejó de sentirse tan asustada, y conforme se iba alejando de Aldren, una sensación de ansiedad hizo que los latidos fueran cada vez más fuertes. Extendió una mano hacia el joven e intentó inútilmente liberarse de la mano de Mielle. Pero la muchacha seguía corriendo sin prestarle atención. En cuanto doblaron una esquina y Nadia lo perdió de vista, sintió una punzada de dolor que no llegó a entender.
miércoles, noviembre 18, 2009 | Etiquetas: Nerume | 2 Comments
Datos personales
- Energeia
- Llevo ya veinte primaveras sobre mis hombros, pero los años aún no me pesan. Tengo los bolsillos llenos de historias que deseo escribir y la cabeza llena de pájaros. Y me siento feliz de ser así. Para cualquier cosa, podéis contactar conmigo mediante la siguiente direción: sichise@hotmail.com
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