jueves, junio 7

IASADE -105-


La luz en el aula era ligeramente similar a la de la Capital, uniforme y blanca. Una de las paredes era curva, dando a la clase forma de cuña, y estaba pintada, al igual que las otras tres, de un suave color crema. En el suelo, de madera clara, había tres plataformas circulares de cuatro palmos de altura a las que se accedía por unas escaleras, e iluminadas por unos focos de mayor intensidad que constituían el único relieve lumínico de la sala. Sobre ellas había varias cosas: sillas, de distintos estilos, un sofá pequeño, un puf mullido decorado con motivos árabes, un arpa, una guitarra, un peine… todo ello flanqueado por dos estufas encendidas. El calor irradiado hacía temblar al aire.

Salpicados por el aula había unos cuarenta caballetes, dispuestos estratégicamente alrededor de las plataformas de forma que unos y otros no se estorbaran entre sí para obtener un punto de vista claro, pero a excepción de un chico que había ocupado ya un taburete y se entretenía revisando con minuciosidad un estuche con plumillas y de la muchacha pelirroja que había entrado justo detrás de ella, la clase estaba desierta. Ésta la miró de reojo rápidamente y eligió una posición por delante del ya aposentado.

- ¿Te vas a quedar ahí plantada?- preguntó Mikäh.

Amiss tuvo que morderse la lengua para no contestarle, pero se movió, de forma un tanto errática, entre los caballetes, hasta detenerse frente a uno muy cercano a la plataforma más próxima a la puerta. Se sentó, puso la mochila sobre sus rodillas y se preguntó qué hacer.

- Esperemos que tu usuario no se salte el primer día de clase.

Apretando los dientes, Amiss cogió un bloc de papel de dibujo y con un lápiz escogido al azar, escribió en una esquina: “cállate y déjame en paz, no me ayudas nada”. Mikäh hizo un mohín indignado y se cruzó de brazos, con una seca cabezada afirmativa.

Conforme transcurrían los minutos, iba llegando más gente al aula. Chicos y chicas, de más a o menos la misma edad, entraban en la clase y tras echar un vistazo a su alrededor, elegían un caballete que ocupar. Algunos de ellos sacaban el bloc, lápices o cualquier otro material, pero otros se limitaban  a observar en silencio la habitación. Unos pocos se juntaron en grupos, hablando en voz baja.
Isaac fue el decimoctavo en llegar. Llevaba los mismos pantalones de camuflaje militar que había vestido el día de la matrícula y una camiseta negra de tirantes anchos, y al entrar evaluó rápidamente la ubicación de los caballetes para situarse muy cercano a ella, en uno primeros colocados cerca de la plataforma más próxima. Al verla, la miró directamente a los ojos y le dedicó un movimiento de saludo con la cabeza.

- Bongiorno.
- Bongiorno.- murmuró ella.
- ¿No ha llegado todavía el profesor?- continuó, en perfecto italiano.
- No, todavía no.

Él asintió aliviado. Amiss se retorció las manos con nerviosismo, dudando si preguntarle por su acento para sacar a colación el tema de su nacionalidad, o no. Tenía muy claro que la forma más efectiva de acercarse a él era apostando por lo único que, de momento, tenían en común: España. Pero también sabía que el italiano de Isaac era lo suficientemente bueno para engañar a cualquiera que lo escuchase. Se mordió el labio y decidió callarse para no meter la pata.

Estaban veintidós personas en la estancia cuando llegó, a buen paso, un hombre enfundado en una cazadora de cuero y con un casco de moto en la mano, que entró sin decir nada y se colocó junto a la plataforma del centro de la clase. Dejó el casco en el suelo, se desabrochó la cazadora y se peinó la melena hacia atrás con los dedos.

- Buenos días a todos.- saludó en un italiano rápido y cantarín.- Me llamo Fabriano Attravio y soy vuestro profesor de Dibujo en Movimiento. ¿Estamos todos?- preguntó, mirando a todos los alumnos.

2 comentarios:

Anaid Sobel dijo...

Oh dios, me he enamorado de ese profesor. Locamente.
ADORO las motos. Y los moteros. Y los moteros profesores de arte.
mmmmm

que ganas de que evolucione la historia !!

Carlos dijo...

No sé cómo te las apañas, pero siempre que haces la descripción de un lugar, sea un bosque, un océano o, como ahora, un aula de dibujo, logras que me vea a mí mismo allí. Qué asco dais los que describís bien, leñe.
Me pregunto qué hará Amiss para llevar esta primera clase, imagino que, si de verdad no se le da bien el dibujo, reciba alguna ayuda, de Mikäh o desde la Capital. En fin, habrá que esperar.
Y respecto a Isaac... Mola. No se sabe mucho de él, pero tengo la sensación de que me va a caer bien. Los de artes suelen ser personjes interesantes, nunca decepcionan, aunque es difícil reflejar su personalidad.

Y de N y los prestamistas, me alegro de que te guste, pensé en hacer una novela, pero tengo otras tantas ideas acumuladas y me faltaban las ganas, así que ahí se quedará, con su protagonismo ocasional.

Un besazo gigantérrimo (que sepas que esta palabra la aprendí de ti, y hoy en día la utilizo casi cada día xD)