martes, junio 5

Adiós

Los seres humanos somos máquinas.
Nuestro esqueleto es una auténtica obra maestra de ingeniería que crece y se desarrolla de acuerdo a las instrucciones escritas en un código genético. No sólo por función, sino también por su apariencia: huesos de aspecto futurista, tejidos musculares organizados por patrones perfectos, órganos de diseño fundamental, recubiertos por una capa de piel y pelo que disimula nuestra simetría. Poseemos un centro neurálgico envidiable, ya que nuestra mente es el motor y el ordenador de abordo más potente que conocemos. Las conexiones entre las neuronas se basan en un lenguaje que no podemos ni comprender ni imitar. Todo lo que sentimos es fruto de una ecuación matemática, de una reacción química, o de palabras incomprensibles susurradas, que se mueven de un lado a otro en nuestro cerebro por canales diminutos.
Y como toda máquina existente, llega el día en que nos estropeamos y no hay para nosotros solución ni reparación posible. Un fallo, un error, desencadena uno tras otro como la caída de una ficha de dominó... que hace caer a las demás hasta no dejar ni una sola en pie.

La muerte tiene un olor dulce. Un aroma pesado y empalagoso que se te mete en la nariz hasta que te olvidas de él, para hacer su camuflaje infalible. La muerte se queda colgando en las esquinas, mirando las fotos enmarcadas encima de las mesitas, enroscada en cabeceras de cama y patas de silla, flotando sonriente delante de los espejos. Su silencio sólo se acompaña por coros de llantos, sollozos y narices sorbiendo los mocos. Su olor dulce es el cepo ideal, para tentar al espíritu a abandonar el cuerpo. La muerte no quiere doler, porque es compasiva. Y la muerte sólo duele a aquellos que intentan resistirse a su llamada ineludible, a aquellos que se aferran a la vida a pesar de la certeza de que les ha llegado el momento. Porque la muerte no tiene amigos, sino súbditos. Y a ella nunca nadie le puede decir que no.

La pérdida de un ser querido puede llegar de dos formas: de improviso, o avisando de antemano. Desde luego, la primera es mucho más difícil de aceptar y más dura y sufrida de superar... si es que llega a superarse alguna vez. La segunda, por el contrario, es un poquito más fácil. Ni menos triste ni menos dolorosa, pero sí algo más sencilla de asimilar.
Yo sabía que esto iba a pasar. Sabía que no quedaba mucho, y tampoco deseaba que los días se extendieran demasiado si ello ocasionaba más agonía y sufrimiento, más pena y dolor innecesarios. El hecho de que haya sido rápido, de que haya sido en paz y en familia, en casa... me consuela y alivia. Pero no por ello hay menos lágrimas para ti. Se me hace crudo el haberte visto sin vida. Sin alma ni chispa en tu interior, tan sólo convertida en carne que ya no respira y en corazón que ya no late ni bombea sangre. Se me ha hecho horrible el verte como algo perdurable a través del tiempo, únicamente como un resto biológico que se pierde con los días.
Y pesar de haber tenido asumido que esto tenía que pasar, y de conseguir evadirme más o menos, creo que no me he hecho a la idea todavía. A pesar de saber que tus cenizas descansan ya, no soy plenamente consciente de que ya no estás. Se trata de un concepto resbaladizo que elude mi atención y que requiere concentración para ser encontrado. Supongo... que será cuestión de acostumbrarse a ello, aunque la sensación de vacío, de que hay un hueco en el mundo que jamás volverá a llenarse, no se borrará nunca.

Adiós, abuela.

2 comentarios:

InfusionDeLotoNegro dijo...

Que descanse en paz
Un abrazo Amiga

Carlos dijo...

Es algo difícil. Mi abuela también murió, creo que lo escribí en mi blog y le dediqué una entrada, así que sé más o menos cómo va la cosa. Al principio te encuentras pensando en ella como si estuviera viva y, cuando te das cuenta del error, sientes como un pinchazo; luego, con el tiempo, acabas por acostumbrarte, por hacerte a la idea. Supongo que dependerá de la persona, pero, más tarde o más temprano, se logra recuperar la normalidad.
Iba a comentar algo sobre Iasade, y sobre que me alegraba que me dieses dos raciones tan seguidas, pero creo que mejor espero a otro momento mejor.
Simplemente decir que te acompaño en el sentimiento y que todos lo entenderemos si desapareces unos cuantos días en tanto que te vas recuperando.
Muchos besos y mi más sentido pésame.