lunes, septiembre 12

IASADE -84-

En las intermediaciones de la ciudad, las playas húmedas y encharcadas por la marea baja eran pequeños remansos de paz, alejados de las intensas luces y del bullicio característico del fin de semana. La arena mojada dibujaba isletas en el agua que resplandecían suavemente como oasis fantasmales, amurallados por riscos cubiertos de árboles frondosos que confundían su oscuro follaje por el negro aterciopelado de la noche. Cassia hundía los dedos de los pies descalzos en la tierra mientras intentaba descubrir el brillo de alguna estrella en el cielo, esperando. Últimamente le daba la sensación de que lo único que hacía era esperar. Esperaba a que Ael respondiera a su mensaje, esperaba volver a ver a Mikäh, esperaba a que Satzsa hiciera acto de presencia en La Coruña, esperaba poder entender el cambio que se había operado en su naturaleza…

Antes, el magnetismo que irradiaban las multitudes, las fiestas, las locuras, el pecado y la perversión la habría atraído inevitablemente a unirse a todos aquellos mortales desequilibrados y débiles de voluntad, presas perfectas para cualquier Nocturno en el ambiente idóneo donde expandir la maldad y el dolor. Ahora, sin embargo, lo que realmente le apetecía era mantenerse alejada de todo aquello. Corazón, sujeta a su cinto, le aportaba compañía y serenidad. Por un segundo, la imagen calmada y resuelta de Isagi Mio justo antes de morir revivió claramente en su memoria, haciendo que se preguntara qué lado de la balanza habría ganado más peso en su juicio y cuál había sido su destino. ¿Pertenecería a los tocados por la Luz o los condenados por la Oscuridad?

Un aleteo que le sonó familiar le hizo darse la vuelta para encararse con el Ángel, que sujetaba una espada celestial con su mano izquierda, manteniendo la punta en dirección al suelo, taladrándola con aquellos ojos añiles de color intenso a pesar de la oscuridad. Sentimientos contradictorios la atacaron al encontrarse de nuevo con Ael frente a frente: por un lado, un leve eco de la ira anteriormente experimentada al contemplar a un ser de la Luz la sacudió por dentro, aunque sin la misma fuerza que otras veces; por otro la incomprensión y resentimiento que le inspiraban el hecho de que el Ángel no hubiera acabado con ella cuando tuvo la oportunidad, y finalmente gratitud por haberla dejado seguir existiendo. El rostro de Ael permaneció inmutable mientras leía en la Nocturna aquellas emociones.

- Habla rápido, Nocturna. No me interesa perder el tiempo contigo.

Cassia reprimió la tentación de preguntarle al Ángel por qué no la exterminó y las razones que le llevaron a actuar así porque sabía que no recibiría respuesta. Fijó, casi de forma involuntaria, la mirada sobre la espada de Ael, y recordó el dolor gélido de su contacto contra su piel.

- Me gustaría hacer un trato contigo.

Ael rió desdeñosamente.

- Nuestras normas nos prohíben establecer relación con los condenados. Deberías saberlo.
- Lo sé. Pero el trato que pretendo ofrecerte te resultará beneficioso.
- Lo dudo enormemente.
- ¿Y si te ofrezco a Satzsa en bandeja?

El Ángel enarcó ligeramente las cejas, evidentemente sorprendido y desconfiado.

- ¿A tu Diablesa? ¿Por qué querrías hacer eso?
- Creo que eres lo suficientemente observador como para advertir que he cambiado. Mis prioridades también lo han hecho y Satzsa ahora resulta un peligro para mí. Además, me gustaría interrogarla. Yo sola no puedo hacerlo.
- Si intervengo no será para ayudarte, Nocturna. Si decidiera colaborar contigo para atrapar a la Diablesa es con el único fin de acabar con ella inmediatamente.
- Sólo quiero hacerle unas preguntas. Luego podrás hacer con ella lo que quieras.
- Has cambiado, sí, eso puedo verlo.- repuso el Ángel, aproximándose a ella con repentina fiereza.- Pero también puedo ver que te ahogas en un mar de dudas, y la confusión también es peligrosa. No me fío de ti, y si dependiera únicamente de mí no atendería a tus palabras. Pero desgraciadamente no es así y debo mi obediencia a un poder superior que está interesado en el trato que ofreces. Deliberaré con ellos y regresaré a comunicarte lo que tienen que decir.
- Esperaré, entonces.
- Te voy a decir dos cosas más, condenada.- añadió Ael, casi escupiendo las palabras.- Por muy confundida que estés y por mucho que tu ansia de maldad haya disminuido, sé lo que sigues sintiendo por Amiss y quiero que sepas que tengo carta blanca para librarme de ti en caso de que intentes algo en su contra. No pienses que Mikäh va a caer rendido a tus pies, porque él actuará del mismo modo que yo. Y por último… ¿recuerdas lo que te dije hace ya tiempo, en Nueva York?
- Mmm… no, lo poco que recuerdo me suena igual de patético e insignificante.
- Te dije que el Mal siempre ha de cuidar de sus pupilos porque si estos están solos, tal vez despierten su conciencia. ¿Es tu Diablesa la responsable de que ahora estés perdida en mitad de dos mundos, uno al que has dejado de pertenecer y otro al que jamás pertenecerás, por haberte abandonado?
- Satzsa no me abandonó en ningún momento.- replicó Cassia, sin mirarle.- Fui yo la que escapó de ella.

3 comentarios:

Anaid Sobel dijo...

La actitud de mi querida Nocturna es más angelical que la del propio Ángel, por dios, tanta frialdad me pone los pelos de punta.

Y va a entregar a Satzsa?¿ De verdad¿?
Bufffff

Carlos dijo...

Oh, dios, echaba de menos a Ael *3*
No sé por qué, siempre me gustaron esos personajes tan seguros de sí mismos, tan fríos, tan... poco humanos. Y si no, que se lo digan a mi amado Uriel xD

¿Logrará Cassia librarse de Satzsa, o la diablesa se librará de alguna forma? La incertidumbre me acabará matando.

Un besazo enormísimo

Carlos dijo...

Me alegro de que te gustase, pero te lo digo en serio: lo que borré, merecía ser borrado. Había cada pedazo de M**RDA que no me lo creía ni yo xD

Imagino que estarás ocupada con la Universidad, los amigos y todo eso, pero... ¡Yo quiero más Iasade! D: O, en su defecto, cualquier cosa que escribas. Lo cierto es que pasarse por este blog siempre es una delicia ;)

Un beso enormísimo desde los madriles