martes, agosto 30

IASADE -83-

- Si has regresado por tu juguete, puedes olvidarte. No te lo voy a dar.
- ¿Le has cogido cariño?
- No, en realidad me da bastante asco, pero prefiero tenerla yo a que la tengas tú. Seguro que lo entiendes.
- Perfectamente, aunque no he venido por ella. Te la puedes quedar.
- ¿Te presentas aquí desarmada?
- No lo estoy. No he querido traer mi espada, porque me gusta bastante y no quiero que me robes de nuevo.
- ¿Y a qué has vuelto? Te dije que te destruiría si te atrevías a hacerle daño a Amiss, y lo mantengo. Me da igual que me salvaras la otra vez, eso no cambia nada.
- Pues aquello, para mí, lo cambió todo.

Cassia lo estudió atentamente. Sus alas mecánicas se mantenían quietas pero desplegadas, preparadas para elevar a su portador en cualquier momento. Los ojos del alma blanca conservaban la misma tonalidad, y se sintió aliviada al saber que no estaba más cerca de reencarnarse. La espada de metal celestial estaba desenvainada. El cabello color arena le caía sobre la frente, despeinado. Sus labios le resultaban increíblemente apetecibles. Sacudió la cabeza, intentando apartar aquellos detalles inútiles de su análisis. Comprobó que se le había acelerado la respiración y se maldijo por ello.

- Ha sido culpa tuya.- murmuró.
- No sé de qué hablas.
- ¡No mientas!- exclamó ella, apretando los puños con furia.- No fui la única que sintió algo extraño esa noche. No me lo niegues.
- Vale, no lo haré.- admitió él, abriéndose de brazos y encogiéndose de hombros.- Sentí algo raro esa noche. Me sorprendió que me protegieras, aunque no entiendo porqué lo hiciste. Y no me interesa averiguarlo. Fuera lo fuese, desapareció y ya está. Tú eres quién eres, y yo quién soy. Y somos enemigos por naturaleza.
- Entonces soy antinatural, porque no te considero mi enemigo.
- Eres enemiga de… de ella.
- La quieres.- musitó ella con desprecio.
- No lo sé lo que es.
- Yo sí. Te lo dije: apestas a amor.

Mikäh calló sin quitarle los ojos de encima, sin reaccionar, y su silencio le provocó un dolor hondo y punzante que le retorció las costillas. No pudo contener una mueca.

- De acuerdo.- suspiró.- Necesito que me hagas un favor.
- ¿Qué te hace pensar que voy a hacerlo?
- No es algo difícil. Quiero que le des un mensaje a Ael, de mi parte. Tengo que hablar con él.
- ¿Y por qué debería fiarme de ti? Podría ser una trampa.
- Te salvé una vez, así que al menos podrías darme un mísero voto de confianza. Además, el palomo sabe cuidarse solo. Sabrá si se trata de una emboscada o no. ¿Lo harás?
- Lo haré.
- Vale… pues… a no ser que quieras que charlemos un rato para conocernos mejor, me marcho.
- Adiós.
- Ni te lo has pensado, ¿eh?- sonrió ella, tristemente.- En fin. Tal vez me pase otra vez a echarle un ojo a la luciérnaga, me gusta tu compañía.

Él no respondió y Cassia se dio la vuelta para saltar al tejado más cercano. Al darle la espalda, notó que las lágrimas se le agolpaban en los ojos peligrosamente y sintió deseos de salir corriendo para esconderse y no volver a asomar la cabeza nunca más.

- Espera.- la llamó él, dubitativo. Ella se giró a medias, para ocultar su vergüenza y dolor.- ¿Todavía la odias?

La Nocturna reflexionó sobre la pregunta unos minutos. Sí, seguía odiando a Amiss… quería hacerla sufrir, quería exterminarla y hacerla desaparecer. Mientras la Mediadora siguiera existiendo, ella continuaría ligada a su oscura naturaleza. Y no sabía si ello la reconfortaba o la preocupaba.

- Te lo vuelvo a repetir: no dejaré que la toques.

Y fue Mikäh el que batió sus alas con fuerza y se alejó volando de allí.

2 comentarios:

Anaid Sobel dijo...

Dios!
Aquí explotan los sentimientos y las emociones por doquier!

Me parece que llevan demasiado tiempo sin saber lo que es sentir...

Carlos dijo...

Eso es amor del bueno *u* ¡Que se beeesen, que se beeesen!
Aún me sigo preguntando qué nos depara el final de Iasade. Por norma general me hago un poco a la idea según avanza una historia, pero con esta... Ni la más remota predicción, y me encanta ^^
Un besazo enormísimo