lunes, agosto 15

IASADE -80-


El desahogo del que había sido capaz de disfrutar desde que llegara a Anakage empezaba a disiparse rápidamente sin dejar rastro, como si jamás hubiera existido, sustituyendo el alivio por una inquietud rayante en la histeria, por una estranguladora sensación que se le había instalado en el estómago atosigándola día y noche, impidiéndole desconectar ni un segundo. La presencia del miedo no le era desconocida: había padecido sus efectos devastadores en ciertos momentos durante su existencia, muy puntuales y siempre pasajeros. Ahora, sin embargo, la horrible emoción había extendido su influencia a través de su cuerpo, expandiéndose como un veneno incurable hasta llegar a su mente y a su corazón fantasma.

Se descubría a sí misma retorciéndose las manos presa de la impaciencia, olfateando el aire en busca de alguna señal que anunciara la inminente llegada de Satzsa, mirando constantemente el calendario y contando los días, reprimiendo las ganas de escapar. No sentía las caricias de Luxor, ni podía prestar atención al sabor de los besos o de la sangre, ni de apreciar el delicioso crujido de huesos o el desgarro de los músculos. Huía de los asesinatos y del placer sexual, y acababa dirigiéndose inconscientemente al taller de Isagi Mio para observar, hipnotizada, cómo el japonés plegaba y doblegaba el acero sobre sí mismo, una y otras vez, forjando la fortaleza de la katana. El hombre no intercambiaba palabra alguna con ella, pero Cassia lo prefería así. Cansada del incesante parloteo del Diablo y de los gritos de sus víctimas, agradecía el silencio roto de aquel lugar oscuro y caliente, el rítmico sonido del martillo contra el metal. Era los únicos instantes en los que lograba encontrar algo de paz.

El humo del tabaco salía por la boca de la botella de whisky vacía, desprendiéndose del cigarro a medio fumar que Luxor había tirado dentro con desgana. Cassia, desnuda e inmóvil sobre el colchón, observaba de forma ausente cómo se consumía lentamente. Hasta quedar reducido a cenizas. ¿Eran también las cenizas su destino...?

- Kinzoku te está buscando.
- ¿Por qué?- preguntó ella, con indiferencia.
- Tus entradas y salidas del taller de Mio le ponen nervioso. Teme que no respetes el trato.

La Nocturna se encogió de hombros. Luxor extendió un brazo hacia ella y le acarició el cuello con las uñas. Cassia cerró los ojos.

- Podrías matarle.- susurró.
- No entra en mis planes.
- Venga ya.- bufó, bajando la mano y pellizcándole un pezón con suavidad.- No me engañas, sé que te tienta.
- Estoy aquí por la espada. Mi objetivo es conseguirla y marcharme, y matar a Kinzoku sólo retrasaría las cosas.
- ¿Por qué?
- ¿Cómo que por qué? Los Kusari me impedirían ver a Isagi, cancelarían el encargo.

Luxor se echó a reír con desprecio, mirándola como si no diera crédito a lo que estaba escuchando.

- ¿Impedir, cancelar el encargo? Pues mátalos. Nadie puede impedirte nada, estás por encima de ellos, no tienes limitaciones. Tortura a Mio para hacerle cambiar de idea en caso de que se niegue a cooperar, y mátalo también su continúa en sus trece de no hacerlo. No es el único fabricante de espadas ni en este país ni en otros, puedes conseguir un arma en cualquier otra parte.
- No lo haré.

El Diablo apartó su mano de ella como si hubiera sufrido un chispazo eléctrico. A través de sus ojos la observaba con mezcla de incomprensión y asco.

- Cualquiera podría pensar que no deseas hacerlo.
- ¡Di mi palabra de no interferir!
- ¡Eres una condenada!- le gritó él, furioso de repente.- Eres hija del Mal, de la Oscuridad, no tienes alma. La perdiste en tu vida pasada, debido a tus pecados. Pecados sin redención posible que te han condenado a no poder reencarnarte jamás. ¿Y ahora te preocupa el honor? Nosotros no guardamos nuestra palabra ni siquiera entre los nuestros, ¡es impensable tener esa deferencia hacia un mísero humano!

Cassia no contestó. Sabía que Luxor tenía razón, que estaba actuando como una demente, que estaba buscándose ella misma su perdición. Se levantó y se vistió, tensa y lista para salir corriendo. El miedo amenazó con paralizarla mientras pensaba a toda velocidad qué hacer. ¿Luxor se limitaría a repudiarla? ¿Querría eliminarla? ¿Mataría a Mio para evitar que consiguiera la espada? ¿Sería capaz de sobrevivir a una lucha... sin un arma con la que defenderse? El Diablo entrecerró los ojos, mirándola con absoluta repulsión, quieto.

- Me hubiera gustado mantenerte a mi lado, pero no sirves de nada. Te has echado a perder... eres demasiado humana. Es una lástima... pero eres penosa. Sospecho tu debilidad desde hace una semana, así que hice unas cuantas indagaciones... Asztas es un nombre muy poco original para intentar ocultar la verdadera identidad de tu Diablesa, quién por cierto... está de camino hacia aquí. Me he divertido contigo, y aunque me encantaría deshacerme de ti personalmente, creo que prefiero que tu amiguita me deba un favor. Así que mantendré las manos quietas y me limitaré a observar la cacería. Espero que acabe contigo, eres una vergüenza y mereces desaparecer. Lárgate. Ya.

3 comentarios:

InfusionDeLotoNegro dijo...

Te he dejado comentario en la anterior entrada, :)

Anaid Sobel dijo...

Tú si que sabes como hacerme feliz
:3
Luxor es un pedazo de cabron! pero me encanta dios mío, me ENCANTA.
Y por Dios, a ver que hace Satzsa cuando aparezca, esto promete !! Voy por palomitas !!

Carlos dijo...

D'ouch, eso ha dolido. Con lo bien que empezaba a caerme Luxor, y va y traiciona a Cassia... ¿Conseguirá su espada antes de tener que huir? Si no lo hubiera dejado, me mordería las uñas (una duda, ¿esto luego lo presentarás a alguna editorial o algo, no? Más te vale responder que sí).
Espero que sigas pronto y no me dejes con la intriga mucho tiempo ^^
Un beso enormísimo