miércoles, noviembre 17

IASADE -60-

El tiempo se medía en segundos de luz, conforme la rendija se ensanchaba y la cantidad de resplandor crecía gradualmente, obediente al mecanismo de un reloj invisible. Constante e ininterrumpido, pero con exasperante lentitud. Tras lo que a Cassia se le antojaron siglos, la puerta se abrió del todo y una silueta más que conocida penetró en la densa oscuridad dejando tras de sí una estela caliente que hizo temblar el aire, distorsionándolo. La Diablesa sonrió ampliamente, el blanco de sus dientes destellando sobre el negro, al acercarse a la jaula y agarrar dos barrotes consecutivos. Cassia se retorció de impaciencia, incapaz de contener un aullido desesperado, mientras Satzsa fundía con las manos el metal.
Tampoco esperó a que la Diablesa terminara de derretir los barrotes, saliendo de la prisión en cuanto el hueco fue lo suficientemente grande para poder escaparse por él, convirtiendo el chillido en un grito jubiloso. Satzsa rió y extendió los brazos, agitando su cola demoníaca de un lado a otro.
- Ven a mí, pequeña.
Ambas se unieron en un estrecho abrazo, pegando sus cálidos cuerpos. Satzsa le mordió el cuello y Cassia bajó las manos por su espalda, recreándose con la perfecta forma de sus nalgas, gimiendo de puro placer. Se besaron apasionadamente y con urgencia, acariciándose mutuamente. Cassia le apretó los pechos, le mordió los labios... y le hubiera arrancando la ropa allí mismo de no ser por la interrumpión de la Diablesa, que se apartó ligeramente tras darle una fuerte cachetada en el trasero.
- Ya veo que estás hambrienta. Será mejor que vayamos de caza, ¿no? Ya tendremos tiempo de jugar... un poco más tarde.
Salvó los segundos de luz que la separaban de su ansiada libertad de un único y gran salto.
El aire contaminado le llenó los pulmones inactivos, deleitándola con su insano sabor a suciedad. La enfermedad, la maldad y la corrupción seguían allí, intactos, llamándola, regalándole placer y diversión ilimitados, ofreciéndole un extenso coto de almas que apresar y condenar, así como los todos los vicios necesarios para aplacar sus voraces apetitos. Rió, preguntándose a sí misma cómo podía estar maldita si aquello era el Paraíso.

2 comentarios:

Anaid Sobel dijo...

Dios!
Apoteósico, en serio. Ese momento de lujuria, pasión y desenfreno, esa ansia de libertad...

Me encanta!


Mil besos, querida ;)

Carlos dijo...

Ay, por fin libre... A ver cuánto tarda en encontrar a Amiss. O a cualquiera en general, lo que quiero es verla en acción >:D
Honestamente, no sé cómo lo haces con Iasade, yo tengo que hacer verdaderos esfuerzos para seguir con Abbise, pero a ti te queda tan fluido... Queda claro que me encanta, ¿no?

Y lo que dices de mi texto, era algo mitad a propósito, mitad sin querer. Cuando lo releí, lo noté, pero pensé que este texto, que hablaba precisamente de lo banal de la apariencia, no podía derrochar estilo xD

Un beso enorme