domingo, noviembre 28

28 de Noviembre

Mientras escribo y pienso, las nubes se amontonan en el cielo al otro lado del cristal de la ventana, cerrando filas para formar el batallón que, según el hombre del tiempo, descargará mañana lluvias durante la mayor parte del día.
Últimamente no me gusta la lluvia tanto como de costumbre y... eso me preocupa. Me da la sensación de que se trata del síntoma que precede a una horrible enfermedad de nombre y cura desconocidos, aunque a lo mejor sólo se debe a la rabia que siento por los paraguas y a las carreras de obstáculos que hay que sortear cuando vas con uno por la calle, estirando y encogiendo el brazo, ladeándolo para procurar no saltarle el ojo a nadie ni chocar con el resto de viandantes.
No sé si la razón de ser de esta melancolía tiene algo que ver con la proximidad de mi cumpleaños o con el hecho de que esta Navidad será la primera en mucho tiempo que pase, hablando en términos románticos, sola. Pero no debería tener relación ni con una cosa ni con otra, porque no me importa cumplir años y una Navidad en solitario resulta mucho más sencilla que una en compañía.
Sea como sea, hoy he llorado al escuchar una canción de la radio. Y no es la primera vez que tengo la tentación de dejarme llevar por el llanto.
Mi corazón palpita echándoos de menos a ti y a ti.
A ti que eres para mí la droga más apetitosa del mundo. Eres un imán irresistible. No, mejor... eres el nuevo concepto de gravedad que me hace orbitar y caer de rodillas sin poder evitarlo, mi perdición disfrazada de fruta prohibida. Una fruta que muerdo siendo consciente de la situación, porque a pesar del sufrimiento que me espera tras haberte probado el hecho de no hacerlo es mucho peor que cualquier castigo.
Y a ti, que eres lo que toda mujer en el mundo hubiera deseado al ver pasar una estrella fugaz. Amor sin miedos ni dudas, desinteresado e incondicional.
Mientras tanto...
Vivo esta historia contigo sin saber exactamente dónde vamos a terminar o cómo vamos a hacerlo. ¿Tal vez enteros, o rotos a pedazos? ¿Uno lejos del otro, o cerca como ahora mismo? A cinco minutos de una sola palabra, envueltos en un calor precioso que desaparece con demasiada facilidad.
Y me pregunto de qué vas tú, jugando a dos bandos, dudando de si sonreír al acordarme de ti o todo lo contrario.
Además de cabreada contigo y contigo también por no cumplir vuestra palabra.
Creo que no sólo tengo un corazón, sino por lo menos cuatro o cinco.
El sol hace menguar su resplandor y los pájaros se alejan volando en bandadas surcando un cielo otoñal que me huele a lágrimas y a sonrisas perdidas de otra vida.

2 comentarios:

Anaid Sobel dijo...

La Lluvia a veces viene de la mano con la Nostalgia, y ambas se adueñan de nuestro[s] corazón[es] haciéndonos sentir débiles y frágiles al menos durante un tiempo...

Pero no te preocupes, querida mía, sea por culpa de él o de él... no mereces estar mal, ni pasar un cumpleaños triste o una Navidad (románticamente) sola.


pd: Mil besos grises, querida, e incluso más si te hacen falta
=)

Mar dijo...

Guaaau pedazo de entrada, no sé si te lo dije alguna vez pero me encanta como describes los pequeños momentos de lucha personal. Un beso enooorme :D