lunes, noviembre 15

IASADE -59-

Otro sueño más. Porque era consciente de que era un sueño y con aquel ya sumaban tres. Volvía a ser una mera espectadora, relegada a la esquina menos iluminada de la estancia, incapaz de moverse o de hablar. La escena que se desarrollaba delante de ella era violenta y le inspiraba emociones contradictorias muy humanas: tristeza, rabia y rencor. Una mujer, con el cabello castaño a la altura del cuello, chillaba y lloraba a un mismo tiempo, estirando entre las manos un cojín beige de punto que parecía a punto de romperse. El objetivo de su ira desmedida era una chica de diecinueve años que también gritaba presa del llanto, con las mejillas encarnadas húmedas y brillantes por las lágrimas.

- ¡¡No puedes irte, no te lo permito!! ¡¡Soy tu madre y te prohibo salir por esa puerta!!
- ¡Soy mayor de edad, puedo largarme si me da la gana!
- ¡Cassidy, no te lo pienso repetir! ¡No vas a irte a ninguna parte!
- ¡Mamá...!- la voz se le quebró, demasiado débil y maltratada como para seguir chillando.- ¡¡Adiós!!

La chica agarró con fuerza la maleta que tenía a los pies y le dio la espalda a su madre con resolución, pero antes de que consiguiera poner la mano sobre el pomo de la puerta, la mujer cruzó la habitación en dos gigantescas zancadas y la detuvo cogiéndola por la capucha de la sudadera, tirando de ella hacia atrás con brusquedad y propinándole una sonora bofetada en la mejilla.

Y a pesar de que el golpe no lo había recibido ella, el dolor se le reflejó en la piel, ardiente como una llamarada.

La muchacha permaneció inmóvil, con la cabeza ladeada oculta tras la melena de cabello azabache, aferrándose al asa de la maleta como si aquello fuera lo único que la mantenía en pie. Su madre la observó con fiereza, su pecho agitándose hacia arriba y abajo de forma entrecortada.

- No te estoy pidiendo que lo entiendas, mamá.- dijo Cassidy al volver a levantar la mirada.- Tampoco que me des tu bendición. De hecho, no te estoy pidiendo absolutamente nada. Amo a Michael con toda mi alma y voy a largarme con él, punto y final. No puedes hacer nada para evitarlo.

Un gemido lastimero escapó de los labios de la mujer, que se llevó las manos a la cara y enterró el rostro en ellas.

- Si te vas... no creo que pueda perdonarte.
- No lo hagas. Pero quiero que sepas que yo sí te perdonaré a ti. Adiós, mamá. Cuídate mucho.

Y después de oír cómo la puerta se cerraba y cómo la mujer daba rienda suelta a un llanto desgarrador, el sueño empezó a difuminarse hasta desaparecer por completo tragado por la oscuridad de la inconsciencia.


- Buenos días, pequeña.

Al escuchar la voz, Cassia abrió los ojos. Y al hacerlo notó cómo todo el peso de su cuerpo recaía sobre su alma muerta, o directamente inexistente, para aplastarla con su dolor y cansancio. Ni siquiera fue capaz de levantar la cabeza para gruñirle a Satzsa cuando la Diablesa se arrodilló a su lado, al otro lado de los barrotes.

- ¿Qué tal has dormido?
- Vete a la mierda, déjame en paz.
- Oh, venga. No me mires así, nena. Sabes que esto me gusta a mí tan poco como a ti, pero ya te queda poco que aguantar. Alegra esa cara, que te he traído un regalito.

Le tendió un paquete de tabaco y un mechero que Cassia agarró con desesperación. Torpemente, ya que los dedos no le respondían, consiguió encender el mechero al tercer intento y prender con la llamada el cigarrillo. Se lo llevó a la boca, ansiosa, y le dio una larga y profunda calada antes de expulsar el humo tóxico lentamente. Aquella diminuta dosis de veneno le insufló la fuerza suficiente para incorporarse a duras penas y quedarse sentada con la espalda apoyada en los gruesos barrotes metálicos de la jaula. La celda que llevaba siendo su hogar desde hacía ya tantas semanas que había perdido la cuenta.

- ¿Alguna novedad?- preguntó con voz ronca.
- No puedo decirte nada, ¿recuerdas? Pero... extraoficialmente te confesaré que he dado con el rastro del palomo. Está cerca, muy cerca, pero no conseguirá pillarnos desprevenidas. Le estaré esperando, con todo mi arsenal, preparada para erradicarlo.

La Diablesa se relamió los labios y sonrió mostrando sus dientes perfectos y Cassia asintió, indiferente. Saboreó otra bocanada de humo y se miró las manos, llenas de heridas a medio cicatrizar, con expresión ausente.

Todavía recordaba perfectamente el sufrimiento. Como Noctura que era, Cassia era inmortal e inmutable, inmune a cualquier cosa excepto a las armas que portaban los tocados por la Luz, a los poderes supremos de los Vigilantes y a la voluntad caprichosa de los Poderosos. Jamás la habían herido, y en el caso de que lo hubieran intentado tampoco lo habrían conseguido. Sin embargo, después de que la encerraran, descubrió que era vulnerable a algo más que antes desconocía: a ella misma.

Siguiendo órdenes de los Poderosos, Satzsa se vio obligada a enjaularla. Por su bien, al parecer; para evitar que las emociones humanas la debilitaran, para liberarla de su obsesión por Amiss, para devolver su naturaleza salvaje y corrupta al estado más extremo. Pero... obviamente... eso a ella no le había gustado ni un pelo. Poseída por el odio, la locura y la desesperación, Cassia chilló, lloró, gritó, despotricó y golpeó violentamente, como un huracán desatado. Se hizo daño a sí misma, arañándose y mordiéndose hasta quedar rendida y jadeante. No había sangre, pero sí un dolor agotador e interminable. Y deformaciones; su cara, brazos, manos y piernas quedaron magullados y mutilados. Aún no se había recuperado del todo.

Los Poderosos tenían razón en que aquel castigo alimentaba sus ansias de destrucción y maldad, pero se equivocaban totalmente al creer que habían borrado a Amiss de su memoria. Tenía muy claro que lo primero que haría al salir de allí sería encontrarla y acabar con ella... de una vez por todas. Sonrió perversamente sin que Satzsa lo advirtiera.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Waaa, cumpliste la promesa *.* Cassia ha vuelto ^^
Aunque, un momento... ¿Mutilaciones? ¿A qué narices se ha dedicado la loca esta mientras estaba en la jaula? En fin... Yo tampoco entiendo muy bien a los Poderosos, por encerrarla en prisión no se le van a ir las ganas de matar a Amiss (que le pregunten al actor secundario Bob, a ver si no quiere matar a Bart después de tanto tiempo encerrado).

Respecto a tu carrera, pues bien por ti. Si querías hacer Bellas Artes, pues hala, por bellas artes. Ya eres una artista con las letras, ahora pulirás tu habilidad con los pinceles :)

Un besazo enorme

Anaid Sobel dijo...

uOOOOO
Cassia!!

La venganza es un plato que se sirve mejor frío... que le hará a Amiss?? Dios, que tension!!
Por cierto... seguro que si los Poderosos no tuvieran tanto poder les entenderíamos mejor
:S

Quiero más y más y más.