viernes, noviembre 12

IASADE -58-

El ambiente dentro del invernadero estaba cargado de humedad y calor y pesaba sobre los hombros, adhiriéndose como una segunda piel, más pegajosa. Un pequeño camino de piedras serpenteaba flanqueado por enormes plantas de exhuberantes hojas y flores de vivos colores que parecían pelearse entre sí por ocupar el máximo espacio posible. Haile Jahson comenzó a andar tras aflojarse el nudo de la corbata.
El sendero pronto desembocaba en un espacio abierto, cuadrangular, en cuyas esquinas se amontonaban los maceteros vacíos y los sacos de tierra y fertilizante. Unas cuantas estanterías, atestadas de herramientas y algunos libros, revestían las paredes de cristal. Allí, sentado en una silla de ruedas, un anciano observaba un álbum de fotos que mecía en el regazo, moviendo la cabeza al ritmo de la suave melodía que emitía la radio portátil que tenía a los pies. Haile carraspeó para hacerse notar y el viejo alzó la mirada, que pasó de tierna y nostálgica a hermética y distante en poco menos de un segundo.

- Buenas tardes.- saludó Haile, con cortesía.

Olli no le contestó, y en su lugar escrutó minuciosamente al individuo que se había detenido frente a él a un metro de distancia. Amiss se estremeció, de repente sacudida por el miedo. ¿Y si el reencuentro no salía cómo ella había planeado? Que Olli olvidara sus modales y no devolviera el saludo no era muy buena señal.

- Espero no molestarle.
- ¿Qué quiere y quién es usted?- preguntó el anciano con brusquedad.
- Me parece que he llegado en mal momento, ¿verdad?- comentó Haile, percibiendo la hostilidad en las palabras de Olli.- Lo siento mucho. He venido a verlo porque esperaba que usted pudiera compartir conmigo información acerca de la guerra colonial que tuvo lugar aquí. Estoy escribiendo un libro sobre el tema y me vendría muy bien su ayuda. Me llamo Haile Jahson.

Amiss sintió que, en ese preciso instante, el tiempo se detenía. Y no sólo el tiempo, ya que los latidos del propio Olli se interrumpieron durante una fracción de segundo, mientras la sangre le huía del rostro y los ojos quedaban empañados por un velo cristalino que presagiaba lágrimas. Haile frunció el ceño.

- Me parece que será mejor que vuelva en otro momento. Mañana...
- ¡No!- gritó el viejo, denotando una extraña ansiedad.- No, no. Por favor, no se marche. Lamento mi comportamiento. Soy de carácter un tanto huraño y a veces me encierro demasiado en mí mismo. Discúlpeme, por favor. No acostumbro a recibir visitas.
- Sí... eso me dijeron en la recepción.- lo estudió con desconfianza.- ¿Seguro que no le importa? De verdad, puedo regresar mañana.
- No es problema, se lo garantizo. Tome asiento... Oh, no hay sillas...
- No pasa nada, no me importa quedarme de pie. Recibí hace ya más de una semana una llamada de alguien que me aseguró que usted sabía bastante sobre el tema y por eso me decidí a venir a verle. Estoy un poco atascado en la investigación. Mi familia vivió aquí en Belmopán hace una generación, por eso quise basar la novela en la historia de Belice.

Amiss se situó junto a Olli, deseando poder insuflarle algo de fuerza. Advirtió que el anciano temblaba de forma casi imperceptible y que el aura verde de su Ambición palpitaba con energía. ¿Qué pensamientos estarían cruzándole la mente?

- ¿No nació usted aquí, entonces?- preguntó el viejo.
- No. Mis padres sí, pero los dos murieron antes de que pudiera conocerlos. Me criaron mis abuelos y tíos.
- Ya veo. Bueno, qué puedo contarle. La historia es la misma que habrá oído usted de boca de su familia o que habrá leído en alguna parte. Inglaterra y Guatemala se disputaban los derechos de esta tierra y la política caldeaba el ambiente más de lo que a nosotros nos gustaba. Soy un apasionado de la fotografía, y tengo aquí algunos álbumes de la época. ¿Quiere echarles un vistazo mientras voy relatándole mis vivencias?
- Por supuesto.

Olli le entregó el álbum abierto a Haile, que comenzó a observar las fotos detenidamente y con atención, moviendo los ojos de una a otra con avidez. De repente su mirada se congeló y abrió la boca con asombro.

- Un momento... señor... señor Olli, tengo una pregunta. Esta mujer...
- ¿Quién?
- Ésta. La que aparece en la foto... a la derecha...
- ¿Sí?
- ¿La conocía?

Olli miró enternecido la imagen de la sonriente Izel, que aparecía en la fotografía bailando, haciendo ondear los volantes del vestido blanco que lucía en la fiesta. Tras unos segundos que para Amiss fueron siglos, dijo con tristeza.

- Sí, era una amiga mía muy querida. ¿Por qué me lo pregunta?
- Porque... esta mujer es mi madre, señor.Qué tremenda casualidad, ¿no le parece?

Y el aura verde se hizo tan brillante que Amiss tuvo que apartar sus ojos de ella, al tiempo que se le escapaba una carcajada de la euforia más pura y su alma se elevababa con un grito jubiloso.

1 comentario:

Carlos dijo...

Jojojo A lo tonto y a lo bobo, Amiss ya ha cumplido tres de sus cinco objetivos :D
La verdad es que quiero saber si Olli le contará la verdad a Haile, y cómo continuará la cosa, aunque ahora que lo pienso, hecho de menos a Cassia. ¿Qué será de ella?
En cualquier caso, me encanta la historia, da igual si necesitas tiempo entre actu y actu, siempre compensa :) ¿Qué tal por la carrera, por cierto? Filología inglesa, o algo relacionado con el inglés, ¿correcto?
Un beso gigante para ti también ^^