martes, noviembre 2

IASADE -56-

Las piedras sobrevolaban torpemente el agua, como pájaros heridos, para hundirse irremediablemente en las azules profundidades marinas, que se las tragaban sin abrir la boca. Amiss, que había comenzado el ejercicio con calma y dedicación, las arrojaba al mar ahora de forma furiosa y descuidada, bajo la mirada del alma blanca que sentado a la orilla la contemplaba en silencio. Siempre la misma mecánica, siempre el mismo resultado. La Mediadora empezaba a pensar que no lo conseguiría nunca.

- ¿Crees que vendrá?- preguntó él.

Amiss se giró, sopesando una piedra rojiza en la palma de su mano.

- No lo sé, pero espero que sí. Me gustaría irme de aquí lo antes posible.
- Pensaba que te gustaba este lugar.

Lanzó la piedra, que se zambulló en el agua como un pez, silenciosamente. Amiss no le había dicho a Mikäh que le gustaba Belmopán, pero no le sorprendió que el alma blanca se hubiera dado cuenta. El falso Ángel parecía tener un don para leerle el pensamiento.

- Y me gusta, pero... aquí me persiguen demasiadas preocupaciones.
- Cuéntamelas.
- No.
- ¿Por qué no? ¿Qué más te da, si de todas formas ya me hago una idea de lo que te sucede?
- ¿Ah, sí?- preguntó ella, enfadada.- Pues venga, deléitame con tu inmensa sabiduría. ¿Qué me pasa?
- No estás perdiendo recuerdos a medida que cumples los objetivos de tus usuarios, como debería ser.

Reflexionó sobre aquellas palabras, más enojada aún consigo misma. ¿De verdad era tan sumamente sencillo averiguar lo que pensaba, leer en ella como en un libro abierto y con letra gigante, subrayada y además entre exclamaciones? Salvó la distancia que los separaba en dos grandes zancadas y clavó en su rostro familiar una mirada airada.

- Si sólo fuera eso no sería tan grave, después de todo. Has fallado, sabelotodo. ¡Eres insoportable! ¿Por qué no te vas a incordiar a cualquier otro? ¡Incluso Ael era mejor compañero que tú!
- No voy a tener nada de eso en cuenta porque sé que estás cabreada y no sabes muy bien lo que dices.- dijo, poniéndose en pie y sacudiéndose la arena de la túnica.- Habré fallado al averiguar tus problemas, pero estoy seguro de que no he errado demasiado. Dime qué es, Amiss. Estoy preocupado por ti.

Extendió los brazos con la intención de abrazarla, pero ella retrocedió y se resistió, golpeándole débilmente en el pecho.

- ¡No es que no olvide mis recuerdos, es que voy recordando mi vida anterior a medida que avanzo en mi tarea! ¿Entiendes? Al llegar a la Capital no recordaba nada, y ahora he recuperado fragmentos de mi existencia pasada, sentimientos y conocimientos que antes no poseía. Y si... y si tú estás en lo cierto, jamás conseguiré reencarnarme. ¿Pero sabes qué es lo peor? ¡¡Que quiero recordar!! ¡Que tengo curiosidad, que quiero saber qué me pasó, cómo morí y por qué estoy cumpliendo penitencia! ¿Qué hice? ¿Fue tan horrible como imagino que fue? Ya es suficientemente horrible que prefiera renunciar a mi redención con tal de seguir descubriendo cosas...
- Amiss...
- ¡Y nada de esto tendría tanta importancia de no ser por ti!- le empujó bruscamente para apartarlo de su lado.
- Te habrías dado cuenta tarde o temprano...
- ¡Ya lo sé! ¿Pero por qué has tenido que ser tú? ¿Por qué cada vez que te miro... las ansias de recordar aumentan? Si no estuvieras ahora aquí, conmigo, me daría igual... Pero no es así, y no lo entiendo... ¿Por qué, Mikäh? ¿Por qué?

Su resistencia murió al formular aquella pregunta en voz alta y el alma blanca aprovechó para estrecharla entre sus brazos. Con sus dedos le abrió suavemente la palma de la mano, que había estado agarrando con fuerza una piedra plana, y la obligó a extender el brazo. Lo balanceó despacio de un lado a otro, actuando como los hilos que dirigen a una marioneta inerte.

- Cuando yo te diga, suelta la piedra.

Amiss no contestó, pero cuando el alma blanca se lo indicó, al final del movimiento preciso que Mikäh dirigía como un director de orquesta, obedeció. Y observó, admirada e incrédula, cómo la piedra rasgueaba el viento salino y rebotaba en la superficie del agua tres veces antes de desaparecer bajo las débiles olas que rizaban el mar.

- No lo sé.

1 comentario:

Carlos dijo...

Pobre Mikäh, que él tampoco ha hecho nada malo. ¿Por qué Amiss lo trata con tanto desprecio? A mí me encantaría conocer a alguien así ._.
Y, por cierto, hay que ser muy torpe para no conseguir que una piedra rebote sobre el agua, sobre todo tras tanta práctica xD

Con las mates no soy malo, de hecho estoy entre los tres mejores de la clase, pero el tío que tenemos nos habla de cosas rarísimas sin haberlas dado antes.

Un besazo ^^