sábado, septiembre 25

IASADE -50-

La Cima era una gigantesca urna de cristal, de camino a lo más alto de lo más alto. Desde allí se divisaba toda La Capital, se podían observar la formación de las tormentas, los vientos y huracanes, el amanecer del mismísimo sol. La Biblioteca Astronómica tenía allí su sede; un inmenso templo de conocimiento sustentado por sólidas columnas de nubes y paredes de luz, que se encendían como una llamarada cuando eran acariciadas por el resplandor del astro solar. Cuando Amiss llegó a sus puertas, el edificio parecía construido en plata debido al brillo que la luna proyectaba sobre él. La Mediadora se paseó frente a la grandiosa escalinata, estudiando con atención a los Ángeles y almas blancas que salían y entraban a través de sus puertas.

Clavó la mirada en la bóveda celeste, inundada de estrellas palpitantes; allí arriba, observándolas, el concepto de "infinito" era muy fácil de comprender. Amiss se preguntó si los Sabios sabrían qué había más allá de los límites de aquella galaxia o si eso era algo que tan sólo Dios entendía.

- ¿Intentando desentrañar los misterios del Universo?

Se dio la vuelta y se topó con una pequeña alma blanca que la miraba fijamente de forma inexpresiva. Era baja y menuda, su apariencia era completamente asexuada e incluso los irises habían perdido ya su color. Ladeó la cabeza en un gesto muy similar al de un animal.

- ¿Eres Amiss?
- ¿Quién eres tú?

El alma sonrió ligeramente.

- Aquí respondo al nombre de Zeul, pero en mi existencia pasada era una humana llamada Izel.
- Pero si estás a punto de renacer.- objetó.
- Sí.
- ¿Y aún así recuerdas quién fuiste?- preguntó, esperanzada.
- No lo recuerdo. Pero cuando llegué aquí, me escribí una carta a mí misma con algunas cosas de mi existencia anterior que no quería perder en el olvido. Por eso sé quién fui y cómo fue mi vida. Ven, acompáñame.

Zeul la llevó a un pequeño balcón-mirador de la plaza semicircular donde se ubicaba la Biblioteca, se sentó en un banco de cristal y también levantó la cabeza al firmamento.

- Cuando morí y vine aquí, estaba rota de pena. Mi vida había sido difícil y había dejado atrás a muchos de mis seres queridos, cuyas vidas también habían sido complicadas. Desde aquí arriba no podía ayudarles y sabía que tarde o temprano, me olvidaría de ellos. Cuando me enteré de la existencia de los Mediadores, pensé... que quizá alguno eligiera a una de esas personas importantes para mí como su usuario. Y escribí algunas cosas para conservar esa valiosa información. Supongo que querrás saber de qué se trata.
- Por favor.- asintió Amiss.

1 comentario:

Carlos dijo...

Así que eso explica que Izel recuerde su vida, ¿eh? xD Pues sí que tuvo suerte. Justo en el último momento antes de renacer llegó Amiss. Aunque me pregunto qué tipo de cosas se escribiría a sí misma... y si eso no debería estar prohibido por los Sabios. Si el propósito es olvidar para hacerte puro y renacer, dificultar el proceso no debería estar permitido por sus "leyes" :P
En fin... A ver cómo continúas la historia y si Olli recupera la sonrisa.
Un beso enorme