sábado, septiembre 18

IASADE -47-

Mikäh la llevó a los Jardines. Pocas veces había salido Amiss de su cubículo por el simple placer de conocer La Capital e ignoraba la gran parte de sus maravillas, por lo que los Jardines la impresionaron profundamente. Ante sus ojos se levantaba un inmenso laberinto cuyas paredes bajas de mármol blanco espejado parecían crear universos paralelos que se repetían hasta el infinito. Las calles eran amplias y se interrumpían a menudo en grandes plazas cuadradas donde crecían árboles enormes, de tonalidades desvaídas que iban del blanco al rosado pasando por el azul pálido y terminando en el naranja propio del tardecer. Hilos de nubes flotaban en el aire, llevadas por el viento que mecía dulcemente las hojas de las copas y arrastraba las conmovedoras melodías arrancadas de los instrumentos que tocaban las almbas blancas, a orillas de estanques cuyas aguas inmóviles reflejaban con absoluta precisión aquello que los rodeaba.

- ¿No habías estado aquí antes?- preguntó Mikäh, al advertir su expresión extasiada.
- No...
- Lo tuyo no es el turismo, por lo que veo.
- Es que no me gusta pasear sola.

Y, sorprendentemente, él lo comprendió y asintió sin decir una palabra más.

- Ahora ya tienes a alguien con quien pasear.- dijo, sonriéndole ampliamente.

Amiss, turbada, bajó la cabeza y se miró los pies mientras caminaba. Mikäh ignoró su incomodidad.

- Eres Mediadora, ¿verdad?
- Sí.
- ¿Y te gusta? Los Mediadores son casi parte de la élite de La Capital.
- Bueno...- Amiss se llevó una mano al pelo y comenzó a enrollar un mechó negro alrededor de uno de sus dedos.- Es complicado. Es decir... sí, me gusta, pero... no se me da nada bien. Soy bastante problemática.

La Mediadora alzó la mirada para encontrarse con los ojos pardos de Mikäh observándola con sincera curiosidad. Y aquello la animó a explayarse al respecto.

- Soy muy torpe.- dijo, abruptamente.- Mi equilibrio es más bien nulo, soy despistada, me caigo con frecuencia o se me caen las cosas de las manos, meto la pata bastantes veces, y ya de sigilo y discreción ni te cuento... No es que sean las cualidades más buscadas en un Mediador, así que realmente todavía no comprendo por qué los Sabios me encomendaron esta tarea.
- Los Sabios saben lo que hacen.
- Sí, sí, bueno... Yo a veces me lo replanteo seriamente.
- Pero no te va mal, ¿no?
- Eso es muy relativo.- contestó ella, sonriendo tristemente.- Ael me ayuda mucho y gran parte del éxito de mi trabajo se lo debo a él. Y, aparte de eso, está el pequeño inconveniente de que hay una Nocturna que me quiere ver extinguida.

Mikäh abrió los ojos de par en par, completamente atónito por unos segundos, antes de adoptar una expresión seria y casi agresiva.

- ¿Una Nocturna va detrás de ti?
- Sí, ella y su Diablesa. Mataron a mi anterior usuario... y estuvieron a punto de acabar conmigo. Ael me salvó.
- Es un poco extraño.- torciendo el gesto.- Los condenados suelen ignorarnos al igual que nosotros a ellos, aunque siempre hay excepciones. Supongo que no hay que buscar un sentido a sus motivaciones, están corruptos y locos de atar.
- Sí, algo así me dijo Ael. Por suerte, de momento, no se ha presentado en Belmopán, y espero que siga así.
- Yo también.- dijo Mikäh, con énfasis. Amiss sintió que se ruborizaba estúpidamente y siguió dándole vueltas al mechón de pelo, más concentrada.- ¿Y cómo va el asunto de la reencarnación para los Mediadores? ¿Es igual que para los demás? A mí me queda poco tiempo aquí y ya lo he olvidado casi todo de mi vida anterior. Recuerdo vagamente algunas imágenes de mi infancia o de sitios representativos... pero tan borrosamente que no me inspiran ningún tipo de sentimiento. Imagino que vosotros, los Mediadores, olvidaréis partes de vuestra existencia pasada con cada objetivo que cumpláis de vuestros usuarios, ¿no?

Amiss detuvo sus pasos repentinamente, abandonando el mechón. Confusa, no pudo más que mirar a Mikäh, sin entender. ¿Perder recuerdos? No. Ella no perdía recuerdos, porque nunca había tenido ninguno. Todo lo contrario... desde que era Mediadora, cada vez sabía más cosas de su existencia pasada. Esos sueños que tenía... ya sospechaba que no eran sueños, sino recuerdos. Pero ahora Mikäh acababa de confirmárselo. ¿El camino a la reencarnación consistía en olvidarse de todo? ¿Por qué ella iba en dirección contraria a todos los demás? ¿Eso quería decir que jamás iba a conseguir dejar La Capital? ¿En qué pensaban los Sabios...?

-¿Qué te pasa?- preguntó Mikäh, preocupado.
- Nada.- musitó ella, parpadeando. Señaló con la mano delante de ella.- Me he quedado sorprendida de lo precioso que es ese árbol.

Un árbol de tronco grueso y hojas verdiazules se inclinaba sobre un estanque calmo, donde unos Inocentes cantaban y jugaban a trepar sobre él. Mikäh se giró para mirarlo y luego se volvió a ella con las cejas fruncidas. Amiss no supo si había funcionado la mentira, pero él asintió y siguió caminando sin añadir nada más.

2 comentarios:

bixitoluminoso dijo...

el arbol debe de ser precioso de verdad

Carlos dijo...

Hum... Mikäh me cae bien, aunque me intriga. ¿Qué será, para merecer alas sin ser un ángel? Y, además, ¿qué estará haciendo Ael para no poder encargarse de Amiss? Bueno... Esas cosas se explican solas según avanza la historia, ¿no? xD Solo es necesaria paciencia.

Un beso enorme