jueves, agosto 26

IASADE -41-

Belmopán era muy variopinta y ofrecía todo tipo de escenarios e imágenes. En las zonas dedicadas al turismo la ciudad era exótica, lujosa y muy llamativa: enormes hoteles de alta categoría, piscinas gigantescas, tiendas de caros recuerdos, escuelas de submarinismo, flamantes yates y barcos de vela en el puerto... En otras áreas era, en cambio, de lo más humilde. Había barrios residenciales pudientes con preciosas casas de dos y tres plantas con anchas y limpias avenidas, pero también pisos pequeños y callejuelas estrechas, aceras plagadas de comercios que exponían sus productos en el exterior, puestos de comida, plazas con mercados y caravanas de vendedores ambulantes que llamaban a gritos a los posibles clientes. La gente solía utilizar la bicicleta como medio de transporte común y no era extraño el hecho de escuchar música mientras se caminaba por las zonas no tan adineradas de la ciudad. Los habitantes de Belmopán eran abiertos y afables, de trato amistoso y alegre. A Amiss le gustaba todavía más aquella ciudad, cuna de buenos espíritus y almas bondadosas.

Recorrió la capital al completo, sobrevolándola y estudiándola con atención. Pronto huyó del núcleo turístico, lleno de seres humanos con Aspiraciones demasiado altas, Sueños demasiado caprichosos y Ambiciones demasiado arrogantes, para dirigirse al casco viejo y a las afueras de la ciudad, donde la gente era mucho más sencilla. Dejándose llevar, sin un rumbo predeterminado, acabó por tocar suelo en un gran parque de altos árboles y diseño laberíntico, con grandes setos que impedían una visión panorámica del conjunto. Había varios espacios abiertos, con bancos y fuentes, llenos de gente que descansaba y que conversaba entre sí. Amiss se acercó a ellos, sintiendo que la hierba le hacía cosquillas en la planta de los pies.

Un grupo de ancianos había tomado posesión de los bancos de madera y allí sentados hablaban, reían, contándose batallitas unos a otros, disfrutando del aire limpio y del sol que todavía lucía con fuerza en el cielo. La mayoría de ellos tenían gorros de paja sobre sus cabezas para protegerse del sol y aferraban bastones, gesticulando exageradamente con sus manos morenas y de piel apergaminada. Abundaban las sonrisas desdentadas y las carcajadas ásperas o roncas. Conforme Amiss se acercó a ellos, un hombre de unos setenta y ocho años se puso en pie y empezó a bailar precariamente mientras el resto le acompañaba con palmas y medios silbidos.

- ¡Mixtle!- exclamó entonces una voz, alterada.

Una mujer de mediana edad, con el pelo castaño y ligeramente entrecano, apareció corriendo de entre los árboles. Llevaba un vestido celeste ceñido a la cintura por una tira ancha de cuero pintada y zapatillas cómodas de tela, y corría hacia el grupo de ancianos con una mueca severa y las cejas fruncidas.

- ¡Mixtle!- repitió, enfadada.- ¿Se puede saber que estás haciendo, Mixtle?
- Bailo, señora Gwen.- explicó el hombre, parándose en seco.
- No estás para bailes.- le reprendió, agitando un dedo de forma amenzadora.- Tal vez tu ánimo sí, pero desde luego tus huesos seguro que están de acuerdo conmigo. Haz el favor de sentarte.

Mixtle agachó la cabeza y se sentó obedientemente entre sus compañeros, que habían dejado de aplaudir. La señora Gwen los observó atentamente y tras unos segundos acabó por sonreírles de forma afectuosa.

- Os quedan cinco minutos, luego nos volvemos a la residencia.

Los ancianos asintieron, conformes, y retomaron su charla. La mujer por su parte se aproximó a un hombre mayor que estaba algo apartado de los demás, sentado en una silla de ruedas. Tenía un álbum de fotos sobre las rodillas y en aquel instante leía con expresión nostálgica una hoja de papel amarillenta que sostenía entre sus dedos temblorosos.

- Olli.- lo llamó la mujer, y el hombre alzó la cabeza. Tenía unos enormes y brillantes ojos ambarinos.- Ya es la hora. Te enviaré a Nicté para que venga a por ti.
- Gracias, Gwen.

Y dicho aquello volvió a bajar la mirada. Picada por la curiosidad, Amiss se acercó a Olli y se quedó a su espalda, espiando por encima del hombro las letras que había escritas en el papel.
"Queridísimo Olli, te echo tanto, tanto de menos..."

1 comentario:

Carlos dijo...

Oye, ¿tú has estado en Belmopán? Porque por cómo lo describes, casi puedo imaginarme allí. Aunque en realidad me pasa eso con casi todos los lugares que describes xD
Y sobre Mixtle... Hombre, por un lado entiendo que no deba bailar porque hay edades y edades. Pero un poco de lástima da. Y el otro, Olli, también transmite tristeza. ¿A cuál elegirá como usuario Amiss?

¿Dejaste DN solo porque L había muerto ¬¬? Por favor, si cada vez que veo su muerte me dan ganas de gritar ¡POR FIN!
De todas formas, no te pierdes demasiado. En la segunda temporada Light se vuelve más psicótico.

Un beso