jueves, septiembre 2

IASADE -42-

Mirándose al espejo Amiss tuvo otra revelación: en su vida pasada no había llegado a envejecer.
El rostro de su falsa apariencia humana le devolvió la mirada extrañamente, haciéndola sentir incómoda. Al adoptar la imagen de una infante y también la de una adolescente, Amiss se había adaptado enseguida a los cuerpos, como si volviera a retomar un camino antiguo y familiar que no había llegado a olvidar. Pero aquel cuerpo de setenta y cuatro años le era completamente ajeno y desconocido.
Los ojos verdes ya no brillaban con tanta fuerza, tenía ojeras marcadas bajo las pestañas y viejas arrugas en la frente, en los párpados y en las comisuras de la boca. Tensó los labios en una sonrisa para comprobar el efecto de aquel gesto, y quedó gratamente satisfecha al darse cuenta de que eso la hacía parecer un poco más joven. El cabello largo y oscuro estaba veteado en blanco por las canas, recogido con un pasador un poco por encima de la nuca. Un vestido largo y de color crema le caía holgadamente al suelo desde las caderas hasta la altura de media pantorrilla.

Cerró el espejito redondo antes de guardarlo en el bolso de tela que descansaba sobre su regazo, miró el reloj y constató que Olli se retrasaba ya cinco minutos. Gracias a un estudio previo del terreno, tal y como le había aconsejado Ael un par de veces, averiguó sin problemas el itinerario rutinario del anciano y determinó cuál era el mejor lugar para abordarlo sin resultar demasiado invasiva. Olli vivía en la Residencia Santa Lucía para personas mayores, al cuidado de las enfermeras que trabajaban allí. Debido a su confinamiento en una silla de ruedas y a sus débiles brazos, no gozaba de mucha independencia. Tenía por costumbre pasar el rato en el patio de la residencia o en el invernadero, mirando fotografías, leyendo sus cartas o libros, jugando de vez en cuando a cartas, dados o al dominó con los demás residentes, a pesar de su carácter solitario. Al igual que todos los demás ancianos, cada domingo iba al parque con las enfermeras. Pero además, a modo de extra, los miércoles también lo visitaba acompañado de una jovencita llamada Nicté o de la propia señora Gwen.

Y era allí donde Amiss lo estaba esperando.
Eran las seis de la tarde y, a pesar de que el cielo estaba nublado, hacía mucho calor. La humedad del aire de Belmopán era muy alta y provocaba que las altas temperaturas fueran mucho más asxifiantes, adhiriéndose al cuerpo como una segunda piel desagradablemente pegajosa. Escuchó un traqueteo de ruedas y levantó el libro que tenía en la mano para ocultar su rostro a los que llegaban, espiando disimuladamente sobre la cubierta, a tiempo de ver aparecer entre los árboles la silla de ruedas de Olli empujada por la señora Gwen. La mujer llevaba aquella tarde un vestido de volantes con estampado de flores y un sombrero de paja sobre la cabeza similar al del anciano, que como de costumbre vestía de gris.

- Bueno, pues aquí te dejo.- le dijo la mujer, cuando se detuvo junto a un banco de madera.- Voy a ir a por un helado y a charlar un poco con las mujeres, volveré en una hora a por ti.
- Gracias, Gwen.- murmuró el viejo.

La señora Gwen le sonrió amablemente, se sacudió las manos en el vestido y dedicó un breve vistazo a Amiss antes de marcharse por donde había venido. Olli abrió uno de los álbumes, parsimoniosamente, y se quedó contemplando la primera página de fotografías. Sacó del bolsillo de su chaleco una grabadora de casettes antigua y la puso en marcha, haciendo sonar una canción oída a través de un gramófono y también a través de los años. El anciano pasó los dedos huesudos por encima de las imágenes en el álbum, acariciándolas, absorto.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Hum... Así que era una chica joven o, como mucho, de mediana edad. Pues parece que, poco a poco, empieza a recordar su antigua vida. ¿Serán conscientes de eso los sabios?

Olli... La verdad es que hay demasiados ancianos así, postrados en una silla de ruedas y con sus recuerdos haciéndoles compañía.

Un beso

Anaid Sobel dijo...

Cada día te superas más y más y más.
Besos amiga mía*