domingo, junio 27

IASADE -24-

Uno de sus lugares preferidos para descansar era el gran panel informativo que velaba por la seguridad de los conductores en las veloces y traicioneras autovías en las periferias de la ciudad, irguiéndose como un faro a la orilla del extenso mar, lanzando mensajes electrónicos con consejos para aquellos que iban al volante, cifras de accidentes y boletines sobre el tráfico existente kilómetros más adelante. A Cassia le gustaba sentarse allí arriba, con las piernas colgando, para observar cómo los automóviles colisionaban brutalmente unos con otros, disfrutando del espectáculo de la muerte acompañando aquellas escenas con una bolsa enorme de palomitas de maíz.

Estaba atardeciendo. Por el horizonte desfilaba una procesión de nubes llameantes que convertían el cielo en un mar de lenguas de fuego tras el cual se escondía el sol. Aquella hora del día era la más peligrosa, cuando la luz engañaba al confiado ojo humano, provocando errores y consecuentemente, accidentes. Cassia se puso cómoda y se relajó. Había sido un día provechoso y estaba orgullosa de sí misma; un merecido descanso le vendría de fábula.

Satzsa se materializó a su lado salida de la nada. La Diablesa se estiró voluptuosamente dejando escapar un alarido salvaje.

- ¿Contenta de haber vuelto?
- Sí.- asintió Cassia.- Pero no me he olvidado de nuestro trato. ¿Tienes ya alguna información?
- Tranquila, pequeña.- dijo Satzsa, acariciándose el llamativo cabello naranja, que brillaba con más intensidad en ese momento gracias a la luz crepuscular.- Estas cosas llevan su tiempo.
- Si me hubiera quedado en España podría haberle seguido la pista.
- ¿No me acabas de decir que te alegra haber regresado a Nueva York?- repuso la Diablesa con una mueca de fastidio.- Además, ¿a qué viene tanto interés? No es la primera vez que nos cruzamos con un alma blanca. ¿Qué tenía esa de especial? Daba pena de lo triste y patética que era. No entiendo en qué piensan las luciérnagas para poner de Mediadora a una chapucera como esa.
- No lo sé.- admitió Cassia, pensativa.- Pero tiene algo que me llama la atención, aunque no sabría decirte de qué se trata. Tengo ganas de joderla.
- Puedes joder a tantas luciérnagas como quieras aquí también.
- Joder, ¡deja de putearme ya! Quiero joderla a ella, ¿es que acaso no me he explicado claramente? Así que ponle un poco más de empeño al hecho de buscarme algún rastro que pueda seguir.
- Está bien, tigresa. Vale, no me saques las uñas. Seguiré buscando.

Cassia bufó, molesta. Tenía la inquietante sensación de que Satzsa prefería que no se volviera a encontrar a aquella Mediadora y no entendía porqué. No representaba ninguna amenaza y eso era lo más extraño de todo. No comprendía su propio interés en ella, sobre todo cuando el hecho de destruirla era algo tan sumamente sencillo, sin desafíos ni emoción ninguna.

En aquel momento, un camión industrial se salió de la carretera arrollando a un vehículo familiar y empotrándolo contra el quitamiedos de la autovía, que cedió ante la bestial fuerza del choque prensándose como una hoja de papel y quedando reducido a una delgada lámina de metal roto. El coche se encogió como si fuera un acordeón, al mismo tiempo que todos los cristales estallaban en miles de fragmentos y la sangre oscura regaba el negro asfalto. Como broche final, el camión explotó con una vistosa llamarada roja y naranja que levantó oleadas de humo negro y hediondo hacia el cielo, ya de color añil.

Satzsa comenzó a reír a carcajadas.
Cassia se recreó con el olor a sangre, a carne quemada, a muerte y a polución, sonriendo en trance.
Sí… siempre podía disfrutar de la destrucción y el caos antes de atrapar a aquella luciérnaga Mediadora.

1 comentario:

Carlos dijo...

Vaya, Cassia de buena persona tiene poco, ¿eh? Aunque me intriga ese interés que tiene en Amiss... ¿A qué vendrá ese odio tan profundo y sin motivo?
Me gusta cuando nos pones en lugar de la mala, ¿te lo había dicho antes? xD
Pues nada, que un beso, y que cuando vuelva a tener internet me leeré todo lo que avances.