domingo, junio 20

IASADE -19-

Pablo Máiquez Ferreiro ya no se llamaba así. Ahora respondía al nombre de Pheal y era un Inocente. Los Inocentes solían ser almas elegidas por su temprana muerte en el mundo de los vivos, almas que aún conservaban la inocencia de los infantes, y eran los guardianes de tal virtud; velaban por mantener la pureza y la ingenuidad de niños y adultos. Incluso para Ael, dar con él no había sido algo sencillo.

- Me debes un favor, recuérdalo. O no, no importa, yo te lo recordaré.
- ¿Te he dicho ya que no pareces un Ángel en absoluto?- le dijo ella, rencorosa.
- Sí. Pero me debes un favor.

La morada de los Inocentes parecía una gigantesca catedral. Era una estructura transparente de arcos, bóvedas y puentes altos y delgados que iban de una torre a otra, de pórticos inmensos y salas amplias donde resonaba una música celestial y apacible. Almas ataviadas con túnicas de un blanco níveo entraban y salían del lugar, acompañadas de vez en cuando por Ángeles de enormes alas. Amiss se detuvo vacilante junto a la entrada principal, sintiéndose repentinamente minúscula e insignificante ante los retumbantes latidos que procedían del interior de la catedral de la Inocencia. Fue la sonrisa amable de un alma femenina que pasó a su lado lo que le dio el ánimo suficiente para dar un paso más y adentrase en la hermosa estructura.

- Disculpa…- balbuceó nerviosa, dirigiéndose a la misma alma que le había sonreído.- ¿Podrías ayudarme, por favor?
- ¿Qué necesitas?- preguntó ella, solícita.
- Estoy buscando a Pheal.
- Pheal…- repitió, levantando los ojos al techo acristalado de la estancia.- Ah, sí. Pheal debe estar en uno de los campanarios menores. Creo que en el segundo, o sino en el tercero. Tiene los ojos marrones.
- Muchas gracias.
- De nada. Buena suerte.

Normalmente, las almas que hablaban con ella solían mostrarse condescendientes, compasivas o demostradoras de un alarde de obvia superioridad. Se decía de los Inocentes que para ellos lo único que importaba era la pureza de un alma, y al ser tratada tan cálidamente Amiss se preguntó si realmente sería merecedora de tal atención.

La ubicación de los campanarios estaba señalizada, por lo que le fue fácil encontrar el número dos. Era una sala pentagonal cubierta por una altísima bóveda de cuyo punto más alto pendían tres campanas plateadas que repiqueteaban suavemente, acompasando sus tañidos a la armonía universal que rebotaba en las paredes, provocando un eco eterno que nunca se interrumpía. Allí había tres almas, de blanco prístino. Dos de ellas tenían apariencia masculina y otra era asexual. Se giraron al escucharla entrar, pero ninguno dijo nada.

- ¿Alguno responde al nombre de Pheal?

El sonido de sus palabras se apagó rápidamente ahogado por la música de las campanas. Una de las almas masculinas se acercó a ella tranquilamente. Sus ojos eran marrones y serenos.

- Yo respondo a ese nombre.

Su cabello era una mata de bucles rubio ceniza, y en sus facciones apenas quedaba algún rasgo de similitud con Sara. No aparentaba los ocho años con los que Pablo había muerto, pero Amiss sabía que no se había equivocado. Sonrió.

- Mi nombre es Amiss. Soy Mediadora.
- ¿Qué necesitas de mí?
- Tal vez mis preguntas y requerimientos te incomoden. Si es así, me disculpo de antemano.
- Habla con libertad.
- ¿Recuerdas tu identidad pasada, Pheal?
- ¿No lo sabes?- preguntó él, extrañado.- Ningún Inocente recuerda su vida anterior.
- La Inocencia ha de ser pura para que sea verdadera, y por ello quienes le servimos no guardamos recuerdos de nuestras existencias mortales. Si nuestras almas padecieran de alguna forma la Inocencia se enturbiaría y corrompería.

Amiss casi pudo escuchar claramente cómo su resolución se rasgaba y rasgaba hasta quedar hecha jirones. La frustración se le quedó atragantada en la garganta y en un impulso inconsciente de su antigua vida mortal se llevó las manos a los ojos para limpiarse unas lágrimas inexistentes. Vio que Pheal parpadeaba, asombrado por su reacción.

- ¿Sucede algo?
- No… nada. No es nada. Gracias por tu tiempo, lamento haberte interrumpido. Adiós.

1 comentario:

Carlos dijo...

Puf... Menudo palo más gordo, eso de que no tenga recuerdos. Aunque, de todas formas, podría pedirle ayuda sin explicarle muy bien el trabajo, solo pedirle que haga un poco de ruido cerca de las canicas o algo así. En fin... Ael, definitivamente, NO es un ángel xD Menudo mal bicho, por favor. Aunque me encanta *u*
¿Y cómo hará para cumplir el deseo de Sara ahora? Porque como no le pida a Ael que se haga pasar por Pablo, lo lleva claro... Ansias por leer en aumentooo >.<
Un beso