viernes, junio 18

IASADE -17-

Amiss no podía llorar. Ni siquiera en su apariencia humana de cara a los vivos. Pero había métodos para simular el llanto, bastante efectivos y asequibles, que podía utilizar. No lo hacía con gusto. Sabía que gran parte de la trabajo de un Mediador llegaba a buen puerto gracias a la manipulación, la herramienta de la que se servían para conseguir la colaboración de los usuarios, pero Amiss se sentía un poco culpable y rastrera al engañar a Sara de aquella forma.

Había robado un pequeño bote de colirio de la farmacia que había en la calle antes de llegar al colegio y se había pellizcado con fuerza las mejillas hasta que Ael le había asegurado que estaba lo suficientemente colorada. Y ahora esperaba con nerviosismo a la sombra del pino bajo el que acostumbraban encontrarse. La sirena tocó, espantando a un grupo de palomas grises que desfilaba por el tejado del edificio, y las puertas del patio se abrieron dejando escapar el habitual torrente de niños y niñas hambrientos y deseosos de jugar y charlar entre ellos. Sara se acercó a ella casi brincando, con una sonrisa deslumbrante en la cara. Su aspecto era tan desastrado como siempre. Aquel día llevaba un peto con las rodillas rotas y el cabello corto revuelto detrás de las orejas.

Amiss se sentó en el suelo y escondió la cabeza entre los brazos, imitando el temblor que supuso sería característico de los sollozos. Oyó la voz de la niña próxima a ella.

- ¿Lara? ¿Qué te pasa?

Amiss negó con un gesto y se abrazó con más fuerza las rodillas.

- ¿Estás llorando?

Levantó la cabeza y se secó las falsas lágrimas de los ojos y las mejillas, sorbiendo por la nariz. Sara se sentó a su lado, evidentemente un tanto incómoda. Por un momento Amiss fue asaltada por la duda. ¿Funcionaría su plan?

- Perdona... es que estoy muy triste hoy.
- ¿Qué ha pasado?
- Mi prima... mi prima se murió anoche.- volvió a esconder la cara, estremeciéndose de nuevo.- ¡Mi prima no va a volver!

Sara no dijo nada. Apartó la vista y la fijó en algún punto incierto del inmenso cielo azul.

- Ella y yo... estábamos siempre juntas. Tenía mi edad, y desde pequeñas hemos sido... casi como hermanas. Estaba enferma, desde hace tiempo, pero... mi madre me dijo que estaba mejorando, que se iba a poner bien... Y anoche... anoche... murió...
- Tú también has cuidado de mis canicas, así que supongo que puedo hablarte de ello.- la interrumpió entonces la niña, con voz desapasionada.- Yo tenía un hermano que murió hace dos años.

Amiss no podía creer que su plan estuviese dando resultado. Con una expresión de asombro casi auténtica debido a la sorpresa, alzó la mirada para observar a Sara, que tenía los ojos brillantes y vidriosos. La vio sonreír con una tristeza tan dorolosa que pensó que de tener corazón, se le habría partido en dos.

- Éramos mellizos. Lo hacíamos todo juntos, incluso dormíamos en la misma cama. Era mi mejor amigo y lo compartíamos todo. No teníamos secretos. El cáncer lo mató. Y yo desde entonces...

Se le quebró la voz cuando una lágrima escapó de sus ojos. Se la limpió con rabia y guardó silencio. Amiss sabía lo que Sara había estado apunto de decir. La niña tenía en su interior un odio y una rabia que muchas veces tomaba su control y la torturaba.

- Las canicas son suyas. Le gustaban muchísimo, porque son de colores muy bonitos. Después de que muriera, busqué... busqué en internet una solución para resucitarlo.- se giró para mirarla de forma airada, como si ella tuviera la culpa.- Mi padre se enteró y se enfadó conmigo. Me quitó el ordenador. Pero yo fui a una librería y compré un libro que trataba del tema. No había ningún hechizo para devolver la vida a los muertos... pero sí que había uno para llamar a las almas. Y eso hice. Lo llamé y le pedí que se quedara con las canicas, conmigo.- el sentimiento que anidaba en su mirada se pasó de la rabia a una angustia insoportable.- Por mi culpa, Pablo no podrá ir al cielo nunca... ¡Yo lo obligué a quedarse conmigo! ¡Fui una egoísta!- empezó a llorar de forma desgarradora.- Fue culpa mía... fue culpa mía...
- Sara...

Sara le cogió la mano con tanta fuerza que le habría hecho daño de haber podido sentir.

- Desearía no haberlo hecho, Lara. Desearía que mi hermano fuera libre.

Y gracias a las gafas que Ael le había entregado al comienzo de su tarea, pudo ver que el aura de Sara se tornaba del color naranja de los Deseos.

1 comentario:

Carlos dijo...

Vaya... Pues sí que debe ser convincente Amiss para conseguir que le revele su secreto. Aunque la historia era lo suficientemente parecida como para que colase, también es verdad. Deseo, deseo... ¿Y cómo piensa liberar a su hermano de las canicas? A ver qué se le ocurre. Aunque, todo sea dicho, las gafas no eran necesarias, ¿no? Porque, cuando empiezas la frase por "Deseo...", sueles estár pidiendo uno xD
En fin... Espero con ansias la próxima actualización (:
Un besazo