jueves, junio 17

IASADE -16-

El apartamento donde vivía Sara estaba vacío, por lo que Amiss supuso que su padre debía haber salido a comprar, a dar un paseo o a hacer cualquier otro recado. Tal y como pasaba siempre que entraba allí, le dio la sensación de que todas y cada una de las habitaciones del piso estaban ahogadas en la tristeza y la dejadez. Las persianas y las cortinas, algunas incluso rasgadas, solían estar echadas, por lo que la luz apenas entraba en el interior. La falta de iluminación, sin embargo, no ayudaba a disimular el desorden ni enmascaraba el polvo que normalmente cubría los muebles y los objetos. Desde el primer momento, Amiss pensó que parecía la morada ruinosa de un fantasma.

Se dirigió directamente al dormitorio de Sara, inundado en la penumbra. Una delgada y pálida línea de luz que se filtraba a través de las rendijas de la persiana hacía brillar las motas de polvo que flotaban en la habitación como si fueran partículas de oro. Las libretas y libros estaban desperdigados sin orden ni concierto sobre el escritorio bajo la ventana, al lado de la urna verde y la vela blanca, ahora apagada. Las canicas no estaban. A pesar de la protección casi obsesiva que les brindaba Sara, la niña siempre se las llevaba a todas partes con ella incluso a riesgo de perderlas. Amiss se dio la vuelta y se extrañó al no descubrir a Ael detrás de ella. El Ángel no estaba allí.

"Debería haber hecho esto mucho antes", pensó. Cogió la urna con reverencia y sumo cuidado y la levantó para observarla bien. Era ligera, cálida y suave al tacto. La hizo girar entre sus manos y por último miró la base del objeto. Fue allí donde encontró lo que buscaba: en letras desgastadas había una inscripción con un nombre y una fecha.

- Pablo Máiquez Ferreiro... - musitó Amiss en apenas un susurro, comprendiendo en el acto.

Sara se apellidaba Máiquez Ferreiro. Sara... ¿tenía un hermano que había fallecido? ¿Le pertenecían aquellas canicas y por eso ella siempre las llevaba consigo? La fecha de la inscripción era 12/03/2000 - 08/10/2008. La completa verdad le cayó como un cubo de agua fría encima y se estremeció, temblando como una hoja de papel a pesar de no sentir cambio alguno en la temperatura que la rodeaba. Sabía también cuándo era el cumpleaños de Sara, ya que su padre se lo había comentado en una de las tardes que había pasado allí. El doce de marzo. En aquel momento no comprendió la mueca de angustia que había visto en la cara de la niña, pero ahora lo entendía. El hermano de Sara... había nacido el mismo día que ella. ¿Habían sido mellizos? Y había muerto hace menos de dos años.

- ¿Tú lo sabías?- preguntó en voz alta, girándose.
- Sí.

Amiss sostuvo desafiante la mirada de los ojos añiles de Ael, que permanecían impasibles.

- Tú eres la Mediadora y la encargada de averiguar las cosas referentes a tu usuario. Yo sólo debo aconsejarte. Y como tal, te aconsejo ahora. Hay Esperanzas que no pueden ser cumplidas jamás, y esta es una de ellas. Realiza su Ilusión y pasa a tu siguiente objetivo.
- Tal vez no pueda cumplir su Esperanza, pero puede que pueda hacer algo al respecto...
- No te lo recomiendo. No compliques más las cosas.
- ¿Pero es posible? ¿Puedo cambiar de objetivo y... realizar... por ejemplo, una Aspiración en vez de una Ilusión?
- Sí.- contestó Ael a regañadientes.
- Entonces eso haré.
- ¿Y a qué piensas cambiar?
- No lo sé todavía. Tengo que indagar... más.

1 comentario:

Carlos dijo...

Puf... ¿Su hermano mellizo? Y muerto tan joven... Joder, la verdad es que comprendo que Sara se convirtiese en una joven tan reservada y que guardase las canicas con tanto cariño.
Y la Aspiración... Jo, la verdad es que, si se fiase de Ael, las cosas más fáciles. Aunque, también es cierto, serían menos interesantes.
A ver qué hace para que Sara se sienta bien.
Un besazo