miércoles, junio 16

IASADE -15-

Los días en el mundo de los vivos transcurrían rápidamente. El tiempo allí era diferente, más fluido y veloz... siempre en movimiento. Desde su muerte, Amiss había olvidado que el tiempo no se detenía y allí, a veces, las horas pasaban sin que se diera cuenta.

Y una hora tras otra, también pasaban los días. No tenía tiempo para descansar... o bien se le escapaba entre los dedos antes de que pudiera aprovecharlo. Vigilaba a Sara en todo momento, tanto en forma humana como etérea, hablando con ella cara a cara o protegida por la invisibilidad de ser un alma. A pesar de su desconfianza inicial, la niña seguía siendo una niña. Y además, era una niña solitaria que necesitaba una amiga más que nunca. Incluso teniendo en cuenta la brusquedad inicial con la que la trató, Sara pronto se abrió a ella facilitándole su tarea.

Pasaban siempre juntas todos los recreos en el colegio y también muchas tardes, jugando en el parque frente a la casa de la chica o en su habitación. El padre de Sara estaba sordo y enfermo, pero era bondadoso y recibió a Amiss encantado, contento de que su hija por fin tuviera alguien de su edad con quien relacionarse de forma amistosa. Muchas veces les preparaba dulces o batidos para merendar, lo cual constituía un problema. La mayoría de las veces Amiss era capaz de evitar ingerir los alimentos, pero en más de una ocasión no tuvo alternativa y el dolor la torturaba durante las horas posteriores.

Pero Sara no siempre era sincera y había ciertos temas que rehuía y sobre los que le mentía si insistía demasiado, como por ejemplo su familia o porqué aquellas canicas eran tan importantes para ella. Las guardaba y protegía con celo, y todas las noches Amiss la veía rezar en silencio, a la temblorosa luz de una vela, y se preguntaba sin descanso para quién serían aquellas plegarias... y si el alma de esa persona estaría escuchándolas en alguna parte.

Una mañana nublada, después de haber pasado el recreo jugando a cartas con la niña, Amiss se escabulló del patio una vez que la sirena tocara y Sara entrara en el edificio tras decirle adiós con la mano y dedicarle una sonrisa. La chica sonreía ahora más que antes y eso hacía que a su padre, en ocasiones, se le saltaran lágrimas de felicidad. Amiss se transformó en alma etérea y suspiró de placer al aspirar el aroma de la lluvia venidera y al deslizarse entre los barrotes de la alta verja del recinto con facilidad.

- ¿Cuándo vas a actuar?- le preguntó Ael, volando cerca de ella

El Ángel estaba muy silencioso últimamente. Tanto que a veces se olvidaba de su presencia.

- ¿Qué?
- Ya la conoces lo suficiente como para cumplir una de sus Ilusiones.

Era cierto. Dejando a un lado los problemas que tenía, Sara seguía siendo una niña de diez años normal y corriente, y tenía Ilusiones bastante sencillas de complacer, como por ejemplo darse un atracón de algodón de azúcar, tener un ordenador o móvil propio, irse de vacaciones a la playa nada más terminar las clases, aprender a montar en monopatín...
Y aún así, a Amiss no le parecía suficiente. Sabía que Sara guardaba un doloroso secreto por el que sufría y se atormentaba diariamente. Deseaba ayudarla a librarse de él.

- Quiero esperar un poco más.- respondió.

Ael frunció el ceño, preocupado por los sentimientos de Amiss. Pero asintió secamente y no dijo nada. Parpadeó sorprendido cuando Amiss alzó el vuelo repentinamente, apretó los dientes y se apresuró a seguirla antes de perderla de vista entre los edificios.

1 comentario:

Carlos dijo...

Puf... Pues qué paciencia la de Amiss, con lo fácil que sería hacerla feliz fácilmente... Aunque bueno, quizá la curiosidad sea lo que la impulsa a seguir con ella, o al menos influye algo.
En fin... ¿De quién serán las canicas y para quién las plegarias? T-T ¡Ya sé! ¡Para Amiss! (^~^)
...
¿Ha colado? xD
En fin... Habrá que esperar (en cuanto termines con los exámenes la historia avanzará más rápido, ¿no?).
Un beso enorme