viernes, mayo 7

IASADE -3-

La luz parecía un ente con vida propia suspendido en el aire, iluminando las figuras de forma caprichosa con una tonalidad azul que parecía vibrar y agitar las brillantes partículas. Bajo aquella luz cambiante se movían muchas siluetas, ordenadamente, como si se tratara de una danza ensayada miles de veces. Mediadores, Mensajeros y Ángeles iban de un lado a otro en un sereno bullicio de colores pálidos y desvaídos entre los que abundaba el blanco. Amiss se miró las palmas de sus manos, que todavía conservaban el mismo tono broncíneo que había lucido su piel cuando estaba viva. Levantó la cabeza cuando oyó que alguien la llamaba.

Un Ángel se acercó hasta ella batiendo ligeramente sus amplias y hermosas alas de plumas níveas. Era alto, esbelto y completamente asexual. Era lo habitual entre los Ángeles, a pesar de que existían raras excepciones que mantenían el género de su última identidad. Una melena de rizos color arena le cubría las orejas y casi los ojos, que eran añiles. Iba desnudo y contemplaba a Amiss con una expresión nada amistosa.

- Así que eres tú.- dijo, casi a modo de acusación.

Su tono irritó a Amiss. ¿Acaso todos creían que ella había solicitado aquel puesto, que quería estar allí? Se habría conformado con llevar cartas de un sitio a otro. Sólo quería cumplir y marcharse, sin tan siquiera recordar algo de su vida pasada.

- Sí.
- Perdona si te hablo con demasiada franqueza, pero no deberías estar aquí.
- Estoy completamente de acuerdo contigo.- replicó, desafiante.- ¿Tienes alguna sugerencia acerca de cómo impedirlo? Estaría más que encantada de largarme.

La desconfianza sólo se reflejó en los ojos del Ángel durante menos de un segundo antes de dar paso a la estupefacción.

- Ya veo.
- Pues eso, ve.
- Mi nombre es Ael.
- Tú ya sabes el mío, así que no hay necesidad de que me presente. ¿Has venido para comprobar si fingía o quieres alguna otra cosa de mí?
- Eres tú quién va a querer algo de mí.-rectificó él, permitiéndose una breve sonrisa.- Soy tu guía.
- Ayer me visitó mi mentor, las normas ya me las sé.
- Aquel al que llamaban Falc ya ha renacido. Mi tarea es guiarte durante tu primera incursión al exterior para aleccionarte respecto a cómo debes comportarte. Ven, camina conmigo y escucha.

Ascendieron por una pasarela blanca desde cuya barandilla, unos metros por debajo, se divisaba el ajetreo reinante en el centro neurálgico del núcleo de los Mediadores. Ael andaba pausada y despreocupadamente, sin prestar la más mínima atención a su evidente impaciencia. Así eran los seres divinos: el tiempo no significaba nada para ellos, pues jamás cambiaban.

- Un Mediador es un individuo solitario, siempre trabaja sin compañía y centrado por completo en su objetivo. Sus tres rasgos clave son la empatía, el autocontrol y la astucia. Lo primero que debes hacer es elegir a tu usuario, y para ello deberás bajar sola y limitarte a observar. Eres una primeriza, por lo que te sugiero que comiences por el principio: una Ilusión. También te recomiendo que elijas a un infante como usuario, puesto que sus anhelos son más inocentes, menos exquisitos y mucho más fáciles de complacer. Hay Mediadores que desatienden este consejo y apuestan por el riesgo de un desafío mayor, pero... - la miró de soslayo.- No creo que sea tu caso.
- No.- negó ella, con aspereza.
- Mejor. Cuando hayas escogido a tu usuario, comienza la interacción. Yo te transportaré de aquí al exterior y viceversa. Tu apariencia no cambiará, pero tu usuario siempre te verá como un semejante. Es decir... si tu usuario es un infante, a sus ojos serás otro infante de la misma edad. ¿Comprendes?
- Soy torpe, no idiota. Pero tengo una pregunta. El usuario me verá como su semejante, pero... ¿y los demás?
- Te verán como un semejante a tu usuario. Todo el mundo te verá de la misma forma. A partir de ahí, todo lo demás es cosa tuya. Tendrás que pasar tiempo con tu usuario, conocerlo, ganarte su confianza y velar por él, ya que aparte de ser una Mediadora, en ese momento también recaerán sobre ti las responsabilidades de un "Ángel de la Guarda".
- Oh, genial.- musitó Amiss.
- Si no consigues que un anhelo se cumpla, no pasa nada. Vuelves a empezar. Pero si, por el contrario, un usuario muere o sufre un daño irreparable... regresarás al Punto Cero.

Amiss se estremeció y la ira que había sentido al presentarse ante los Sabios por segunda vez volvió a ella con energía renovada, sacudiéndola por dentro. Si hubiera podido llorar ya habrían caído unas lágrimas al suelo. Se sentía engañada, atrapada en una trampa cruel. ¿Acaso los Sabios querían asegurarse de que no renaciera jamás? ¿Tan malos y terribles habían sido los actos de su vida pasada como para merecer aquello?

4 comentarios:

Samuel dijo...

De lo mejorcito que he leído por aquí. Sigue así con la historia que me tienes enganchado xDDDD

Carlos dijo...

Así que todos podrán verla... Pues menuda limitación más gorda, leñe. Porque claro, si tiene apariencia de niña pequeña y mentalidad de persona mayor, situaciones curiosas pueden darse muchas :P
¿Una fobia? ¿Cuál? Es que soy un ser muy cotilla xD (*nota mental: utilizar esa fobia para robarle todos sus derechos de autor de todo lo que escriba Mwahahaha*)
Un besazo

Héctor Paúl dijo...

Joer, esta Amiss es mucho más respondona que antes :P

Energeia dijo...

Es que el mal humor le suelta la lengua xD
Ah, y el nombre viene del verbo miss en inglés (echar de menos-fallar "de no atinar") :P