jueves, mayo 27

IASADE -13-

- ¿Ves? Te lo advertí. ¿No me escuchas cuando te hablo o es que tu memoria tiene muy poca retención?

Amiss lo observó con inquina desde lo alto del árbol, pero aquello sólo hizo que la sonrisa del Ángel se hiciera todavía más amplia.

- ¿Estás seguro de que eres un Ángel?- le preguntó con acritud.

Ael se miró las blancas alas extendidas fingiéndose pensativo. Las agitó, como si quisiera cerciorarse de que eran reales.

- Sí, creo que sí. Al menos lo parezco, ¿no crees?

Amiss gruñó como única respuesta. Los Sabios no sólo la habían castigado imponiéndole la tarea imposible de los Mediadores sino que además se habían reído de ella dándole como guía a un ángel malicioso y burlón. Ael, que la contemplaba desde el aire, dejó escapar una carcajada al sentir su indignación.

Sí, la transformación al estado de alma etérea le otorgaba un maravilloso equilibrio, el don de la invisibilidad y el sigilo e incluso la dotaba de habilidades tales como la rapidez, la fluidez y sinuosidad..., pero eso no la curaba del todo de su torpeza ni tampoco suprimía sus despistes. Era cierto que Ael le había advertido que debía de controlar el tiempo que le quedaba de transformación y tenerlo presente en todo momento, pero... se le había olvidado completamente. El misterio acerca de la posible identidad de la persona a quien Sara dedicaba sus oraciones la había hecho pensar y reflexionar. Tan profundamente que, ensimismada en sus cavilaciones, no se había acordado para nada del reloj.

Había trepado al árbol que crecía frente a la ventana de Sara sin ningún tipo de dificultad. Agarrándose a una rama, luego a otra, y así sucesivamente, apoyando los pies en el tronco áspero de olor a resina, entre el follaje verde. Se había acomodado entre dos gruesas ramas con forma de tirachinas y se había dejado acariciar por las hojas que se agitaban juguetonas por el aire. Y así había perdido la cuenta de los minutos. Ahora se sentía pesada y torpe. Si le había resultado fácil subir, tal vez no fuera tan difícil bajar... Con demasiada confianza en sí misma, Amiss había repetido el proceso de ascenso a la inversa, olvidándose de que ya no era un alma etérea y ligera.

Un crujido, una rama partida y un traspié que la hizo caer le volvieron a recordar que aquel tipo de peripecias nunca se le habían dado bien. Había gritado sin poder evitarlo y se había aferrado al tronco del árbol muerta de miedo y sintiendo que las manos le ardían. Ael, obviamente, no había acudido en su ayuda. Entre risas y bromas se limitaba a volar a su alrededor señalando uno a uno sus defectos y escatimando en consejos.

Estaba atardeciendo y el pequeño parque que había detrás del edificio de Sara empezaba a llenarse de gente. Personas que sacaban de paseo a sus perros, parejas abrazadas que reían, niños que correteaban con su pandilla de amigos ideando travesuras... Pronto alguien se acercaría al árbol del que colgaba y la vería. Puso un pie en el tronco e hizo fuerza para sujetarse, pero se resbaló y la rama de la que pendía crujió y se dobló amenazadoramente bajo su peso.

- Yo que tú me dejaría caer. No estás tan lejos del suelo y además, al final quieras o no, te vas a terminar cayendo.
- Gracias por los ánimos.- masculló Amiss.

Comenzó a balancearse levemente, con la intención de saltar y aferrarse al tronco para dejarse caer lentamente. Sabía que no sentiría daño, o al menos no un daño real: sólo una sombra de dolor, apenas una caricia ardiente. Pero aún así... Calculó la distancia y se terminó de dar impulso. Se meció una última vez, se soltó, y...

- ¿Lara?- la llamó desde abajo una voz conocida, extrañada.

1 comentario:

Carlos dijo...

Jajaja Después de esto, no me extrañaría que Amiss le cogiese manía a los árboles. Hay que ser gafe para que te pase algo así xD Aunque Ael también podría haber ayudado, que el tío tiene que ser un alma pura y encantadora.
En fin... Y ahora se encuentra con Sara. La verdad es que hay que admitir que la pobre, lo que se dice afortunada, no es.
¿Las canicas no son de la madre? Entonces, ¿de quién? Jo... Maldita intriga... Supongo que ya se verá. Pacieeeencia...
Me pides que escriba algo alegre... ¿Tú crees que yo sé escribir algo así? xD Se me dan mejor las tristezas aplastantes, aunque no entiendo por qué.
Un beso
PD. Sí, semejante comentario te hizo parecer vieja xD