lunes, marzo 15

Ondas

La niña se inclinó tanto sobre el filo del estanque que a su nariz le faltó muy poco para rozar el agua. Las ondas, causadas por las gotas de lluvia, se expandían hasta desaparecer confundiéndose unas con otras sobre la superficie cristalina del agua.

- Te he pedido que observes las ondas, no que te las comas.
- Lo siento.- dijo ella, automáticamente, apartándose.

La silva la observaba atentamente a través de sus ojos tan verdes como el bosque, haciéndola sentir insignificante. Una intrusa. Su compañero y guardián, el zorro gigante, permanecía tendido sobre la hierba, a su lado.

- ¿Qué ves?

La niña frunció el ceño. Aquellas ondas, aquellos dibujos en el estanque, aún no tenían ningún significado para ella. Así pues, probó a inventárselo.

- Dionebro vendrá a visitarte esta noche.

La silva parpadeó y rió. Sus carcajadas, risueñas, repiquetearon sobre las piedras en el fondo del estanque.

- Eres observadora. Puede que lo tuyo incluso tenga solución.

1 comentario:

Carlos dijo...

¿Esto es el comienzo de una historia? Porque la verdad es que pinta bien... Aunque no tengo ni idea de qué es una silva, la verdad xP
Un besazo