sábado, marzo 13

Nueva Nadia: Capítulo 11, parte 5

El corazón de la joven dio un vuelco al ponerse en pie sintiéndose como si fuera otra voluntad completamente distinta a la suya la que hubiera tomado el control de su cuerpo. Miró, alarmada, a Aldren. El joven aprendiz le agarró la mano con fuerza y le apretó los dedos en un gesto que pretendió reconfortarla. Mielle, tras intercambiar un sombrío asentimiento con Iluna, también entrelazó su brazo con el de la joven. Nadia agradeció infinitamente la presencia de ambos a su lado, pues sintió que sin ellos quizá no hubiera sido capaz de dar un sólo paso en la dirección que las ninfas, sonrientes, le indicaban.

Guiados por Nécore salieron de las cavernas y se dirigieron a unos altos acantilados desde los que era posible divisar el océano, al que sol arracaba destellos plateados al acariciar su superficie. Desde allí el barco se veía claramente. Era una embarcación pequeña, pintada de blanco y negro y con aspecto de no ser demasiado resistente. Resultaba patético en comparación con la infinidad del mar. Nadia recordó entonces la religión de los vaheri... la Dualidad, y la obsesión de todos ellos por representarla en cada aspecto de su vida.

Nécore observó el barco sin parpadear y a continuación alzó ambas manos sobre su cabeza y comenzó a bailar. Era una danza extraña y hermosa, hipnotizante, de un complicado juego de pies y movimientos sinuosos en los que su cuerpo se deslizaba y contorsionaba en el aire. El ritmo, lento al comienzo, fue poco a poco intensificándose y acelerándose, llamando al mar a acompañarla. Las olas se volvían cada vez más furiosas y salvajes, azotando a la embarcación vaheri sin piedad. Nadia era capaz de escuchar los lejanos gritos desesperados y se le encogió el corazón, embargada por un profundo sentimiento de compasión que le anegó los ojos en lágrimas. Nécore continuó su baile, agitándose en arriesgadas piruetas, creando un remolino que giraba vertiginosamente alcanzando proporciones desmesuradas, absorbiendo irremediablemente la nave vaheri a su negro vórtice.

Nadia no logró soportarlo más y se dio la vuelta cerrando los ojos con fuerza. Aldren la abrazó sin decir nada y ella escondió la cara en su hombro, esforzándose por reprimir el llanto. Finalmente los gritos desaparecieron y Aldren la soltó. Al darse la vuelta, con determinación aunque todavía temblando, observó que todos los demás, a excepción de Mielle, seguían contemplando el mar. Vacío.

***

Al regresar al interior de las cavernas, Mielle e Iluna insistieron en que guardara reposo durante la tarde y para sorpresa de sus cuidadoras, Nadia acató las órdenes sumisa y lánguidamente. Mientras los demás salían a explorar los arrecifes en compañía de Nécore y las demás ninfas marinas, la muchacha se quedó medio adormilada en la cama, pensativa. Había sido testigo de algo horrible. Aún era capaz de escuchar los gritos de los vaheri en su cabeza y se le ponía el pelo de punta. ¿Qué diferencia había entre aquellos gritos y los chillidos de los habitantes del castillo de Irio, en Taltha, cuando habían muerto precisamente a manos de los vaheri? Pertenecieran a la religión que pertenecieran, seguían siendo personas. Y aquello era una guerra. Sacudió la cabeza en un intento por apartar aquellos lúgubres pensamientos de su mente. Eran enemigos. Enemigos que buscaban su colaboración para algo terrible, o... su muerte, en su defecto. Pero a pesar de todo eso, sentía que reprimir la compasión que afloraba en ella era privarse así misma de su humanidad.

Cerca de media tarde, por fortuna, recibió una visita inesperada que la ayudó a distraerse y mejorar algo su humor. El capitán D'airos había cambiado sorprendentemente en lo poco que llevaban allí y ahora parecía mucho más joven y feliz que antes. Llamó respetuosamente a la puerta con los nudillos y entró con timidez en la habitación.

- D'airos, no voy a comerte.- rió Nadia, incorporándose un poco en la cama.

Él esbozó una sonrisa avergonzada y se sentó en una silla.

- He venido para comunicarte que, mientras registrábamos el barco, hemos encontrado un "ishíe".
- ¿Qué es eso?
- Ah, claro... no sabes lo que es.- sonrió él.- Un ishíe es una marca de seguimiento. Pueden conjurarla los hechiceros y sirve para conocer la trayectoria y el paradero de algo o alguien. Creemos que al zarpar, algún vaheri subió a bordo y marcó el barco con el ishíe para saber hacia dónde nos dirigíamos.
- Eso quiere decir que en Sasuel... ¿había un vaheri que conocía mi identidad?
- Probablemente. Tendrás que cuidar tus pasos, Ärale.
- Llámame Nadia, por favor. Todavía no me acostumbro a ese nombre.

D'airos volvió a sonreír y guardó silencio durante unos instantes, antes de murmurar:

- Quería darte las gracias, Nadia, por lo que has hecho.
- Si yo no he hecho nada, capitán.
- Sí que has hecho. Me engañaste para que te llevara a Vass.- respondió él, con una sonrisa astuta.
- Cierto. Era necesario, lo siento.
- Lo sé, y lo comprendo. No te guardo ningún rencor por ello. Todo lo contrario, te estoy muy agradecido.
- ¿Qué harás ahora, D'airos?- preguntó ella con curiosidad.
- Creo que... me quedaré con Nécore, si ella me lo permite. Mi tripulación y yo no nos daremos prisa por volver.
- Eso significa que no vendréis con nosotros a Vass.
- Exacto. Las ninfas invocarán una corriente que os lleve hasta allí, en mi barco.

D'airos se levantó, se alisó las arrugas de su gastada casaca azul e hizo una reverencia.

- Suerte en tu viaje, Ärale. Espero que puedas ayudarnos.
- Para eso estoy aquí, capitán.- sonrió ella.

1 comentario:

Carlos dijo...

Qué compasiva Nadia xD A mí me daría penita si los tuviera delante y pudiera verlos, si no, que se los tragase el mar y a disfrutar del espectáculo xD
Y este D'Airos, parece que por fin va a cumplir su sueño de pasar su tiempo con Nécore ^^
A ver si llegan pronto a Vass >.<
Un besazo