jueves, marzo 4

Nueva Nadia: Capítulo 11, parte 2

- Antes has dicho que sentiste la presencia de un vaheri en el barco, ¿cierto?- preguntaba el aprendiz en ese momento.
- Sí, pero ahora ya no siento nada. Antes de desembarcar mis hermanas y yo registraremos el barco.
- ¿Siguen aproximándose embarcaciones vaheri?- inquirió Mielle.
- Sí.- respondió, riendo perversamente.- Pero ahora yacen en lo más profundo del océano.
- ¿Cuántos?
- Demasiados. Ya deberían de haberse dado cuenta de que no van a aprender a respirar debajo del agua.
- ¿Por qué Hiru los teme?- preguntó Nadia, con curiosidad.
- Hiru es un profeta, pero aparte de eso es un hombre normal y corriente sin ningún tipo de poder y además, ya está anciano. Está indefenso. Él sabía que tú lo buscarías... o mejor dicho, que Xisel te guiaría hasta él. Si los vaheri lo hubieran atrapado, podrían haberlo utilizado como cebo para capturarte.
- Menos mal que eso no ha sucedido.- suspiró Aldren, y de forma inconsciente rodeó los hombros de Nadia con su brazo.

Nadia se sonrojó sin poder evitarlo y dedicó un fugaz vistazo a Mielle, que sonreía ampliamente. Aldren frunció el ceño al ver una sonrisa traviesa bailoteando en los labios de la ninfa.

- ¿De qué os reís?- preguntó receloso.
- ¿Nosotras? De nada en absoluto, ¿verdad, Nadia?

La chica agachó la cabeza para que el muchacho no advirtiera su rubor, abochornada y enfadada. Con cierta brusquedad se escapó del brazo del joven y salió casi corriendo de la cabina, furiosa. Odiaba que todo el mundo estuviera pendiente de sus movimientos o que fuera tan fácil para todos los demás leer en su interior como en un libro abierto... y más aún cuando se trataba de Aldren. Su relación era algo demasiado íntimo y tan confuso que ni siquiera ella misma lo comprendía. ¿Por qué no dejaban de fisgonear en sus sentimientos? Sí, era su amigo. Y sí, era algo más que eso. ¿Pero qué, exactamente? No estaba segura.

Toda su irritación se desvaneció en un segundo al quedar abrumada por lo que vieron sus ojos frente a ella cuando detuvo sus zancadas poco antes de alcanzar la barandilla de cubierta. Del mar sobresalían unos enormes arrecifes gigantescos de piedra calada, gris y rojiza, que emergían del agua dibujando torres de formas imposibes. Estaban plagados de vegetación marina y corales de distintos y vivos colores, flores de tonos carmín, azulados y púrpuras que asomaban a través de oquedades en la piedra a modo de ventanas o puertas, por los que se podían atisbar los bellos y curiosos rostros de las ninfas. Oyó unos pasos a su espalda y sintió dos manos que se apoyaban sobre sus hombros con suavidad. No tuvo que darse la vuelta para saber quién era.

- ¿Te pasa algo?- preguntó Aldren, preocupado.
- Me he mareado un poco y he salido a tomar el aire.- mintió ella.
- ¿Tienes fiebre?- inquirió alarmado, poniéndole la mano sobre la frente.
- Claro que no.
- ¿No? Pues estás ardiendo.
- Tendrás la mano fría.
- Tal vez. ¿Por qué no vuelves dentro para que Iluna o Mielle lo comprueben?

Aldren le sonrió y le ofreció su brazo. Nadia lo aceptó embargada por una súbita e incomprensible sensación de inmensa felicidad, pero antes de entrar a la cabina de proa se soltó y Aldren la miró inquisitivamente. Ella le sacó la lengua.

- ¿Qué pensarán de nosotros si nos ven así?

Nadia le dio la espalda sin llegar a ver la expresión indescifrable del muchacho.

1 comentario:

Carlos dijo...

Joder, Nadia, cielo, creo que es evidente que disimular se te da como el culo xD ¿Cómo pretendes que no se note, leñe? En fin... A ver si se atreven a dar el maldito paso -...-
Y respecto a Connor y Amy, santo cielo, ¿me dejas así? Creí que había dejado claro que el único con derecho a poner nerviosa a la gente con mis finales cortados era yo ¬_¬
Un beso (: