martes, febrero 9

Nueva Nadia: Capítulo 9, parte 6

Nadia le guiñó un ojo y se arregló el pelo con los dedos, coquetamente. Tomó aire y haciendo caso omiso a las risas de los demás hombres, cruzó la taberna en dirección a la solitaria mesa del capitán, seguido por un Aldren desconfiado y ceñudo. La muchacha se sentó con decisión en una silla vacía, lado del hombre, que quitó las piernas de la mesa y la observó con sorpresa. Ella le dedicó la mejor de sus sonrisas.

- ¡Hola!- dijo, con cierto entusiasmo infantil.- ¿Sois vos el famoso capitán D'airos?

El hombre la contempló perplejo antes de asentir, unos segundos después, con una sonrisa un tanto presuntuosa. Era obvio que estaba algo borracho.

- Así es, mi joven dama. ¿Me concederéis el honor de conocer vuestro nombre?
- Me llamo Alira.- respondió Nadia, inclinando la cabeza recatadamente.- Y éste es mi hermano mayor, Aret.
- Un nombre tan hermoso como vos, mi querida muchacha.

Nadia sonrió tímidamente.

- Gracias, capitán. ¿Son ciertas las historias que he oído acerca de vos?
- Depende de las historias que hayáis oído, preciosa.
- ¿Es verdad que le robásteis el corazón a una hermosa princesa ninfa del mar que os obsequió con su bendición para que nunca sufrierais daño alguno en las aguas?- preguntó, admirada.

Aldren, de pie junto a ella, era incapaz de disimular su expresión de asombro. D'airos, por el contrario, parecía encantado con todo aquello.

- Pues sí, mi querida dama. Todas esas historias son absolutamente ciertas.
- ¡Oh, qué maravilla!- exclamó ella.- ¡Entonces sois nuestra salvación, capitán!
- ¿Sí?
- Sí, capitán D'airos. Mis hermanos y yo somos huérfanos desde hace poco...
- Lo lamento muchísimo.- dijo él, con voz ahogada mientras atrapaba una de sus manos entre las suyas.
- Sí. Una tragedia inesperada que ha sumido mi corazón en una profunda tristeza.- asintió Nadia, acompañando sus palabras con una efectiva caída de ojos.- Ahora que nuestros padres ya no están en este mundo, los únicos parientes que pueden hacerse cargo de nosotros viven en Vass, y... tal como están las cosas, nadie quiere llevarnos. No sé qué podemos hacer. La desesperación me trae hasta vos, mi bondadoso capitán. ¿Vos, que sois el hombre más valeroso de los mares de Nerume, aceptaríais llevarnos a mí y a mis hermanos a Vass, por favor? Os lo suplico.

Nadia miró a D'airos con los ojos llenos de adoración, respeto y esperanza. El hombre, medio borracho y conquistado por aquella muchacha desamparada a la que sólo él podía ayudar, no pudo negarse a la petición y al mismo tiempo desinflar su ego. Con los ojos brillantes por las lágrimas que pronto acudirían a ellos, se puso de rodillas en el suelo delante de Nadia.

- ¡Por supuesto! ¡Te llevaré a Vass sana y salva, mi hermosa Alira! ¡Te doy mi palabra tanto como hombre como capitán!

Nadia no pudo reprimir una sonrisa de orgullo que afloró a sus labios, mientras que Aldren, atónito, era incapaz de articular palabra. D'airos se enjugó las lágrimas con la manga de la casaca y se terminó la cerveza de un largo trago.

- ¿Cuándo deseáis que zarpemos?
- ¿Podríais tener vuestra embarcación preparada para mañana temprano?
- A primera hora de la mañana tú y tus hermanos encontraréis mi barco listo para salir al mar, en este mismo muelle.
- ¡Mil gracias, capitán!- exclamó Nadia, alborozada y poniéndose en pie.- ¿Cuándo debemos pagar por tan temible travesía?
- ¿Pagar? ¡Nada en absoluto, mi joven Alira! La sonrisa en tus labios y la felicidad de tu corazón es recompensa suficiente para mí.

En ese momento, Aldren decidió intervenir antes de que el capitán cambiara de idea. Colocó una mano sobre el hombro de Nadia y le susurró algo al oído. Ella suspiró con fingido pesar.

- Capitán, he de marcharme.- pero sonrió repentinamente.- Así podré darle la magnífica noticia a mi hermana. Nos reuniremos con vos mañana a primera hora.- prometió.
- Hasta entonces pues, dama Alira. Pasad una buena noche.
- Gracias de nuevo, capitán.

Ya fuera de la taberna, camino nuevamente de la posada, Nadia rompió a reír.

- ¿Has visto cómo se lo ha tragado todo?- preguntó, satisfecha.
- ¿Cómo sabías que funcionaría algo así? Ha sido bastante arriesgado.
- La mente masculina suele ser bastante predecible, Aldren. No te ofendas.
- Claro que no. Lo has hecho muy bien. Tal vez... demasiado bien.

Nadia dejó de reír, sorprendida por el reproche implícito en sus palabras. Aldren, erguido y tenso, evitaba mirarla deliberadamente.

- ¿Qué te pasa?
- ¿Y si D'airos se... ? Bueno... ¿y si se interesa por ti en...?
- ¿Estás celoso?

Él se ruborizó y clavó los ojos en el suelo. Nadia volvió a reír y lo cogió de la mano. Dio un pequeño salto y le dio un beso en la mejilla.

- Pero mira que eres idiota.- le dijo con ternura.

Aldren se sonrojó aún más, pero mantuvo su mano entrelazada con la de ella.

1 comentario:

Carlos dijo...

Jajaja Qué cara la de Nadia, mintiendo como una cosaca al hombre de la casaca (que chiste más malo, dioosh...).
Pero me lo he pasado genial leyendo, sabes hacer que sea divertido. Y a Aldren le gusta Nadia, que se le nootaa~ A ver cuando da el paso y se besan >.<
En fiiiin... Espero con ansias ^^
Un besazo enorme