viernes, enero 8

What's outside?

[Imagen por StacyD]

- Dime... ¿qué hay fuera hoy?

El muchacho oyó un resoplido exasperado.

- ¿Otra vez, Connor? Creo que voy a empezar a cobrarte dinero cada vez que me hagas esa pregunta. Estoy seguro de que para cuando te largaras de aquí, estaría forrado.

Connor sonrió ligeramente.

- Por favor, Don. ¿Serías capaz de hacerle eso a un inválido como yo?
- Tú tienes de inválido lo que yo de buena persona. Es decir, poca cosa.
- Puede. Pero como aún así yo sigo teniendo algo de inválido y tú algo de buena persona, no te aprovecharás de mí y además, me harás este pequeño favor que te pido.

Don gruñó malhumorado, pero Connor supo que había ganado cuando lo oyó acercar su silla a la suya. Su cernanía trajo su característico olor a tabaco y a chicle de menta.

- No entiendo porqué tenemos que repetir esto un día tras otro...- siguió mascullando.- ¿Qué es, una especie de ritual tuyo? ¿Así te sientes en contacto con el mundo exterior, o algo por el estilo?
- Algo por el estilo, sí. Así que si no es demasiada molestia...
- Lo es. Pero bueno. Supongo que sí tengo algo de buena persona, después de todo.- suspiró hondamente.- Hoy está nublado. Ya has escuchado antes a los chicos... hace un frío que pela y además ha estado nevando. No mucho, y no ha cuajado. De vez en cuando caían copos grandes... pero apenas tocaban el suelo. El viento se los llevaba de un lado para otro. Ahora, sin embargo, hay un trozo de cielo azul justo encima de la penitenciaría. Por ahí se cuela el sol e ilumina las calles a pesar de que más adelante todo está en penumbra.
- ¿Hay mucho tráfico?
- No. La verdad es que no pasa ni un maldito coche. Y no hay ni un alma en la calle, aunque no me extraña. Es a mí, que estoy aquí dentro, y se me está empezando a congelar la nariz sólo de mirar por la ventana...
- Eres un quejica, Don.
- ¡Pero mira las confianzas que se toma este chaval! Oye, guapito de cara, no te aproveches de mí, ¿eh? Te estoy haciendo este favor porque me das pena, no por ninguna otra cosa. Encima no te creas con derecho a dártelas de...
- Lo siento. Estaba bromeando, nada más.
- Pues las bromitas a otro, ¿vale?- murmuró con enojo.- El parque de enfrente está desierto. Hoy no hay ni viejecillos charlando en los bancos, ni niñatos pijos paseando, y tampoco esos criajos que se creen tan guays con sus patines mordenísimos... Eh, por ahí se acerca a alguien.
- ¿Quién?
- Creo que es una chica. Espera que se acerque un poco más, no la veo bien. Sí... es de tu edad más o menos. ¡Ah! ¿Recuerdas esa chica tan mona, que pasa por aquí a menudo?
- ¿Con el pelo corto, castaño, de ojos grandes?
- Veo que tienes buena memoria para lo que conviene, listillo.- asintió Don, divertido.- Esa misma. Tú eres nuevo, pero yo que llevo más tiempo aquí la veo pasar con frecuencia. Imagino que debe visitar a alguien y este camino le pilla de paso. Eh... se ha parado aquí abajo. Una de las puertas está abierta, y se ha quedado mirando.
- ¿Qué...?
- Nos está mirando, Connor. Bueno, en realidad te está mirando a ti.

Connor se preguntó que clase de mirada tendría. ¿Lo miraría con miedo, con asco, o con simpatía? Se arriesgó, y sin saberlo, esbozó una sonrisa. Una de sus mejores sonrisas, una de bienvenida.

- Está sonriendo.- informó Don.- Ahora ha levantado una mano y te está saludando.

El muchacho también alzó una mano suya y la agitó en el aire.

- Se marcha ya.
- ¿De qué tiene cara? Es decir... ¿qué nombre le pondrías?
- ¿Yo? Mira que eres raro, chico... - Connor supo que se estaría encogiendo de hombros.- No sé. Quizá Zoe, o... o Dylan. O Amy.

Connor se mordió un labio, pensativo.

- Amy.- dijo, al final, convencido.
- Lo que tú digas, chaval.- hubo un momento de silencio, y al final Connor oyó la silla de Don retirándose de la ventana.- ¿Necesitas algo más, inválido?
- No. Avísame cuando sirvan la cena.
- Vale.

Don le dio una palmadita en el hombro y Connor lo escuchó alejarse. Entonces volvió a sonreír: Amy...

2 comentarios:

Xit dijo...

Mira que eres mala. ¿Cómo se te ocurre terminar asi un relato?.
Sin vergüenza.

Héctor Paúl dijo...

Y todo ésto lo imaginó Ana cuando pasó delante de una penitenciaría próxima a su casa, vio a un par de hombres asomados a la ventana y les saludó.

A mí me gusta el relato.