viernes, enero 8

Nueva Nadia: Capítulo 6, parte 4

Mielle miró a Nadia casi pidiéndole permiso. Era incapaz de quitarle los ojos de encima a los vestidos y parecía impaciente. Nadia pensó que, casi con toda seguridad, su amiga nunca había sido tratada de aquella forma. En el fuerte de Irio su trabajo como doncella siempre había puesto sobre sus hombros la tarea de bañar y vestir a los demás, privándole del disfrute de todas aquellas atenciones y lujos. Así que asintió, dándole a entender que podía ir primero. Mielle sonrió entusiasmada y salió rápidamente de la bañera para refugiarse detrás del biombo. Nola le pasó, desde el otro lado, una fina camiseta de tirantes blanca y unos extraños pantaloncitos muy cortos, blancos también.

La ropa interior tenía un aspecto muy peculiar. Cuando Mielle salió de detrás del bimbo vestida con aquellas sencillas prendas blancas parecía muy avergonzada. La camiseta de tirantes era ajustada, y unas cuerdas en la parte frontal hicieron saber a Nadia que se trataba de un corpiño. Los pantaloncitos eran muy cortos y ceñidos, y a ambos lados del muslo por la parte exterior tenían lazos para anudarlos. Al verla, Fira hizo un sonido parecido al gorjeo de un pájaro. Rubye la estudió con ojo crítico.

- Levanta los brazos.- le pidió.

Mielle obedeció y Rubye, con una cinta blanca que tenía las medidas pintadas en negro, le rodeó el pecho, la cintura y la cadera. Asintió conforme y seleccionó un vestido de color miel, haciendo que el rostro de Mielle se iluminara como el de una niña a la que regalan un juguete nuevo. El vestido no era lo que Nadia tenía en mente (vestidos de época, con faldas pomposas y corpiños tan ajustados que quitaban la respiración), sino algo más similar a una túnica griega. La tela no era demasiado fina, pero sí aterciopelada y flexible. Era de tirantes, con un modesto escote en pico, y caía un tanto holgado hasta llegar a la cintura, donde se ceñía con un cinturón de un tono más oscuro, para luego caer recto haciendo pliegues hasta los pies. Mielle era incapaz de borrar la sonrisa de su cara.

- Sería inútil traerte un espejo, puesto que se empañaría.- dijo Rubye.- Pero te aseguro que estás preciosa, ¿verdad Fira?

Ésta asintió vehementemente con la cabeza. Mielle giró sólo para admirar las ondulaciones de la falda cuando ella se movía. Nola acercó otra silla para que tomara asiento y cogió una de las pequeñas cajas de madera con sumo cuidado entre sus manos. La abrió y sacó del interior una diminuta cajita blanca y redonda, así como un pincel afilado. Nadia entendió que era maquillaje.

- Mientras Nola maquilla y peina a Mielle, nosotras te vestiremos. Ve tras el cortinaje.
- ¿El qué?
- Eso.- señaló el biombo.
- ¡Ah!

A Nadia no le resultó nada fácil vestirse con la misma ropa interior que Mielle se había puesto en cinco minutos. Al contrario que la lencería de su mundo aquella no era elástica, y ponérsela era una tarea lenta y dificultosa. Si no le hubiera dado tanta vergüenza que la vieran desnuda, hubiera pedido ayuda a gritos. La paciencia nunca había sido una de sus más destacadas virtudes y pronto acabó presa de la desesperación, deseando coger las prendas y tirar de ellas sin importarle si se rompían o no. Pero, gracias a sus esfuerzos y el poco autocontrol que poseía, consiguió calmarse y logró vestirse. Se miró a sí misma y sonrió, bastante satisfecha con el resultado: el corpiño y los pantaloncitos realzaban las curvas de su cuerpo que más le gustaban. Salió de detrás del biombo caminando con soltura y luciéndose, a pesar de que sabía que sólo estaba en ropa interior.
Y entonces se encontró con alguien que no debía estar allí.

Aldren ya había terminado de bañarse y vestirse y estaba cerca de la puerta de entrada a los baños, hablando animadamente con Mielle, que gesticulaba sin parar. Nadia lo vio, pero no se le ocurrió esconderse. ¿Por qué iba a taparse? Para ella, aquello ni siquiera era ropa interior. Tal vez algo parecido a un bañador o a un conjunto nuevo de ropa un poco más atrevido de lo habitual. Pero a Aldren, en cambio, sí se le ocurrió mirar.

Ambos se sostuvieron la mirada largamente y con fijeza, sin reaccionar. Pero pronto la cara de Aldren empezó a enrojecer y Mielle se dio la vuelta al mismo tiempo que dejaba escapar un grito escandalizado al ver a Nadia allí plantada, tranquilamente. La muchacha se encogió de hombros y preguntó:

- ¿Qué pasa?

Rubye masculló algo entre dientes y empujó a Aldren sin ningún miramiento fuera de la estancia. Mielle miró la puerta que acababa de cerrarse y luego avanzó hasta Nadia a furiosas zancadas, sonrojada por la furia o quizá por la vergüenza ajena. Blandió un dedo amenazador delante de sus ojos, haciéndola parpadear.

- ¿Se puede saber en qué piensas?
- ¿De qué hablas?- preguntó Nadia, desconcertada por todo aquello.- Si no he hecho nada.
- ¿Que no has hecho nada?- gritó, muy enfadada.- ¿Qué no has hecho nada? Has... has...
- Lo que Mielle intenta decir es que has permitido que ese chico te viera en ropa interior y eso es algo muy... indecente.- dijo Nola con calma.
- ¡Eso es!- exclamó Mielle, airadamente.
- ¿Y te has puesto así por eso?- inquirió Nadia, atónita.- Pero si esto no es ropa interior... más bien parecen un top y unos shorts...
- ¿Unos qué?
- Unos...
- Está visto que tú no eres de aquí.- interrumpió Rubye, observándola con curiosidad.
- No, no lo soy.
- ¡Pero Nadia, no lo entiendes!- gritó Mielle.- Eres la primera chica que Aldren ve en ropa interior y las chicas decentes no permiten que eso suceda, ahora has puesto a Aldren en una situación muy comprometida y ni siquiera sé cómo vas a tener la valentía de mirarlo a los ojos después de todo esto... ¿Sabes que cosas como éstas solo las hacen las mujeres casadas? No sé como son las cosas en tu mundo, pero aquí desde luego no puedes ir por ahí mostrándote ante los hombres medio desnuda, y más aún teniendo en cuenta quién eres...
- Mielle, por favor, cállate.- la cortó Nadia, empezando a cansarse.- No es para tanto, ¿vale? No seas puritana. Si soy la primera mujer que Aldren ve en ropa interior... pues mira, ya tiene algo más en que pensar cuando se aburra. No me ha visto desnuda, ¿no? Pues entonces ya está, no ha pasado nada. No creo que ninguno de los dos nos vayamos a traumatizar por esto. Estás exagerando.
- Pero...
- No volveré a mostrarme medio desnuda ante nadie más, ¿contenta? Rubye, ¿puedes darme mi vestido? Me gustaría salir de aquí cuanto antes, me estoy asando.

Rubye, intrigada y con una ceja enarcada, sacudió la cabeza y ayudó a Nadia a vestirse. Nola había elegido para ella un color verde azulado. Era muy similar al de Mielle, con la excepción de que en vez de un tirante tenía dos en cada hombro y de que su cinturón tenía dibujos en blancos sobre la superficie oscura. La tela era muy suave y resbalaba por su piel acariciándola. Como sandalias les dieron un calzado de madera, aunque flexible, semejantes a las sandalias japonesas. Nadia no quiso que la maquillaran. Sólo dejó que cerraran una cadena de plata a su alrededor de su cuello y que entrelazaran con los mechones de su pelo unos lazos azules con cuentas plateadas.

Rubye, Nola y Fira las escudriñaron con atención antes de determinar que ya estaban listas. Fuera, Aldren estaba de pie con la espalda apoyada en la pared, junto a Iluna, que se miraba las uñas con una sonrisa pícara en los labios. El muchacho estaba erguido y muy serio, y un leve rubor todavía coloreaba sus mejillas. La rastreadora no había cambiado ni su ropa ni su aspecto; seguía vistiendo su traje de cuero negro y tenía el cabello corto y gris alborotado con desenfado. Aldren por su parte estaba muy atractivo vestido con una camisa de lino tan verde como sus ojos, unos pantalones negros y unas botas de piel blanca. Iluna sonrió ampliamente al ver a las dos amigas.

- Buen trabajo, Rubye. Están perfectas para la ocasión.

Rubye hizo una reverencia burlona.

- Aldren, ¿sabes dónde está la sala de banquetes?- le preguntó Iluna.
- Creo que sí.
- Pues guía a las chicas hasta allí y esperadme sin armar jaleo, ¿vale? No tardaré.
- De acuerdo.

Cuando los chicos doblaron la esquina y desaparecieron, Iluna atrajo a Rubye hacia sí y la abrazó otra vez. Permanecieron así unos minutos, sin hablar, hasta que Iluna le besó el pelo y le preguntó en voz baja:

- ¿De verdad has estado bien?

La muchacha se apartó de ella y le sonrió.

- Claro que sí. Echo de menos Banule... pero estoy bien aquí. Gracias por traerme.
- ¿Qué tal tus estudios?
- Sigo progresando, pero aún me queda mucho que aprender. Xisel...
- ¿Sí?
- ¿Dónde has estado todo este tiempo?
- ¿Te has fijado en Nadia?
- Sí. Es muy extraña. ¿Quién es?
- Es Ärale.
- ¿Ärale?- preguntó la chica, incrédula.- Pero si Ärale no es...
- Ahora sí. Su poder, su esencia, ha tomado el cuerpo de esa chica como recipiente. Proviene de otro mundo... muy distinto al nuestro. He estado allí vigilándola desde que la encontré, he estado cuatro años esperando este momento.
- Han pasado más de cuatro años, Xisel.- dijo ella, moviendo la cabeza. Pero sonrió.- Ahora entiendo algunas cosas muy raras que ha dicho antes. Y también comprendo porqué tu forma de hablar ha cambiado. Es más parecida a la suya. ¿Por qué habéis venido a Noorod?
- Es necesario, pero no tengo intención de quedarme.
- Lo imaginaba.- suspiró ella.

Iluna la abrazó con fuerza.

- No temas, Rubye. Vuelvo a estar aquí. Tú debes centrarte en tu aprendizaje y hacerte más fuerte, en convertirte en una hechicera como lo fue tu madre.
- Ten mucho cuidado, Xisel... No quiero perderte a ti también.

1 comentario:

Carlos dijo...

Pobrecito Aldren, estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado xD Pero jopelines, también se pasan un poco de puritanas, a ver si Nadia les enseña ropa interior del mundo actual xD
¿Y qué es Ärale? NO VALE DEJARME CON ESTA INTRIGA >.< Solo yo puedo hacer eso xD
Espero saberlo sin recurrir a chantaje (*imagina a Joan al borde de la muerte*) MWAHAhaha... xD
Un beso!