miércoles, enero 27

Ojos de la memoria

Estaba dividido entre dos poderosos sentimientos:

Uno de ellos era el entusiasmo. Notaba cómo su sangre circulaba acelerada a través de su cuerpo y cómo su cerebro, dotado de repente de una gran imaginación, enviaba una señal tras otra a gran velocidad. Tantas eran las ideas que se habían colapsado, como en una gigantesca autopista en hora punta, y Connor se había quedado completamente en blanco. No sabía qué decir ni cómo reaccionar. Temblaba de emoción y no sabía hasta qué punto su expectación le podría ser evidente a Amy.

El otro era la frustración. Nunca había visto el mar. Nunca había salido de la ciudad, y cuando era pequeño lo más lejos que había llegado había sido a la orilla del inmenso río que la cruzaba, donde había imaginado aquella visión multiplicada por cien o más para intentar hacerse una idea de cómo podría ser una extensión de agua que pareciese infinita. Había visto fotos, y películas, pero siempre había anhelado visitarlo de verdad. Su madre le prometió que lo llevaría... pero murió antes de que pudiera cumplir su promesa.

Salieron del coche. Spirit tiraba de él y Amy le cogía de la mano. Podría haberle dicho que no necesitaba su ayuda... pero le gustaba sentir sus dedos aferrando a los suyos, y por eso permanecía callado. El aire húmedo olía a sal y se le pegaba a la cara como una segunda piel algo pegajosa. Sus pies se hundían en la arena y resultaba algo difícil avanzar. Sentía el sol acariciándole la nariz y las mejillas.

- ¿Me lo describes?- pidió.
- Claro.- asintió ella. Pero tardó en comenzar a hablar de nuevo y cuando lo hizo su voz sonó vacilante.- No hay mucha gente en la playa. Algunos hombres pescan en la orilla y hay un grupo de chicos y chicas jugando al volleyball. El mar está muy en calma, parece una balsa de aceite. Tiene un color azul claro, y las olas apenas tienen espuma. A la derecha, a un kilómetro de distancia, hay un saliente de piedra que se mete en el mar.
- ¿Tenías miedo de que no pudiera interpretar bien tu descripción?- preguntó Connor, divertido.- ¿Por los colores?
- ¿Cómo es posible que adivines esas cosas sin verme?
- A lo mejor nací para quedarme ciego, porque me va mejor ahora que antes.- repuso él, encogiéndose de hombros.

Se sentaron en la arena, no muy lejos de la orilla del mar. El sonido constante y sereno de las olas era reconfortante y tranquilizador. Se escuchaban los agudos chillidos de las gaviotas, sobrevolando sus cabezas. Connor sacó su guitarra, acarició la suave madera lentamente hasta llegar a las cuerdas, donde posó los dedos con delicadeza.

- ¿Sabes tocar?
- Sí. Esta es una guitarra española... una de mis posesiones más preciadas. Ahorré mucho para poder comprarla. Aunque...- tocó una escala de notas y frunció el ceño.- estoy bastante oxidado. La he tenido muy abandonada.
- ¿Tocar la guitarra es como montar en bicicleta? ¿Es de esas cosas que nunca se olvidan?
- Sí.- sonrió él.- Los ojos de la memoria nunca fallan. Los recuerdos y los conocimientos son para siempre. Y hablando de eso... me gustaría pedirte un favor.
- Por pedir, que no falte.- comentó ella, divertida.- ¿Qué es?
- Me gustaría que... me dejaras tocar tu cara. Para hacerme una idea de cómo eres.

Hubo unos segundos de tenso silencio antes de que Amy hablara de nuevo, dándole permiso para tocarla. Connor extendió una mano y ella la agarró, poniéndola sobre su frente. Tenía la frente tapada por un flequillo de mechones de pelo suave que él sabía que era castaño. Sus cejas eran perfectas, pues le enmarcaban los ojos sin que sobrase ni faltase nada. Tenía las pestañas largas, pero no sabía de qué color era su iris. Su nariz era pequeña, algo chata, y sus pómulos altos y marcados. Su piel era muy suave y tenía las mejillas casi ardiendo, por lo que imaginó que debía estar ruborizada. Su boca era amplia, con labios redondeados, y la barbilla discreta.

- ¿Qué hace una chica tan guapa con un chico ciego que no puede apreciar su belleza?- preguntó, medio en broma, apartando la mano.
- Precisamente... si me gusta tanto estar contigo es porque en parte, no puedes verme.- dijo ella, enigmáticamente.

1 comentario:

Carlos dijo...

Yo siempre he querido tocar la guitarra... Pero al final siempre me da pereza tomar clases xD Es que soy algo-bastante-muy vago xD
Y la última frase de Connor es perfecta, me encanta ^-^
Un besazo enorme! (Y en respuesta a tu pregunta, la próxima actualización de Abbise es hoy xD)