viernes, enero 15

Nueva Nadia: Capítulo 7, parte 3

Nadia empujó con fuerza las pesadas y enormes puertas de la Biblioteca Real y se coló a través de la pequeña rendija que había logrado entreabrir. Oyó una risa al mismo tiempo que levantaba la mirada, sorprendida, para abarcar por completo la enorme estantería que tenía delante de ella. Era de madera oscura y fuerte, de aspecto sólido e inamovible, y estaba a rebosar de libros que no parecían tener nada en común unos con otros: tanto el tamaño como el color de sus cubiertas eran distintos. Se limitaban a reposar allí, juntos y amontonados, acumulando polvo.

Junto a esa estantería había otra, y después otra más, y así sucesivamente hasta llenar casi por completo el espacio de la enorme estancia de techo abovedado en la que se encontraba. La cúpula era de cristal y a través de ella entraba la claridad diurna, inundándolo todo de luz. Los estrechos pasillos entre un estante y otro, sin embargo, estaban sumidos en la penumbra. Nadia, maravillada, se acercó lentamente a la primera estantería y alargó una mano para tocar el lomo del primer libro a su alcance. Era blanco, y estaba ligeramente áspero.

- ¡Eh, tú!

Nadia se giró sobresaltada y vio a una mujer aproximándose a ella con paso rápido. Era de edad avanzada; tenía el pelo entrecano y llevababa un extraño vestido verde oscuro con un cuello blanco. Fruncía el ceño y sus ojos echaban chispas. Nadia se llevó las manos a la espalda inmediatamente.

- ¿Se puede saber qué estás haciendo, jovencita?- preguntó, enfadada.- ¿Quién eres? ¿Crees que puedes entrar aquí por las buenas y ponerte a toquetear todo lo que te venga en gana? ¡Esto es la Biblioteca Real! ¡Muchos de estos libros son antiquísimos, tienen cientos de años! Si no los tratas con cuidado, puedes romperlos y...
- Lo siento mucho.- se disculpó Nadia, asustada ante la posibilidad de que la mujer se enojara todavía más y acabara por echarla de allí.- No lo sabía. Yo sólo...
- ¡Ya, ya! ¡Tú solo...!
- ¿Nadia?

Aldren, acompañado por Mielle, se había asomado detrás de un estante, con un libro en las manos. Tanto uno como otro sonrieron al verla, y Nadia les saludó con la mano. La cara de la mujer palideció de golpe y cuando volvió a dirigirse a ella lo hizo con mucha más suavidad.

- Lo lamento muchísimo. No sabía... bueno, en fin, creo que os he malinterpretado. Disculpadme.
- No pasa nada, de verdad...- dijo ella, incómoda ante aquel tratamiento tan formal.- ¿Puedo entrar, entonces?
- ¡Por supuesto! Por supuesto, faltaría más... Pasad, y leed cualquier cosa que os plazca...

La mujer se inclinó respetuosamente y se marchó a paso ligero por un corredor hasta perderse de vista al doblar una esquina. Nadia se acercó a Aldren y Mielle, que intentaban contener la risa sin demasiado éxito.

- Qué carácter, ¿eh?- comentó Aldren.
- Apuesto a que la pobre lleva demasiado tiempo aquí sola y se ha olvidado de cómo tratar a la gente. Los libros no hablan, pero las personas sí.- añadió Mielle.
- Me da igual.- repuso Nadia encogiéndose de hombros.- Prefiero que me regañe a que me trate de vos.

Aldren y Mielle dejaron de reír automáticamente y adoptaron expresión de culpabilidad, clavando la mirada en el suelo. Nadia reprimió una sonrisa; no le sorprendía que Iluna hubiera descubierto la verdad teniendo en cuenta que aquellos dos eran como un libro abierto. Mielle fue la primera en hablar, y lo hizo atropelladamente.

- ¡Perdónanos, Nadia! Iluna iba a enterarse tarde o temprano... pensamos que sería mejor explicárselo para que no se enfureciera...
- No pasa nada, está bien.
- ¿No estás enfadada?- preguntó con suspicacia.

Se le escapó una carcajada.

- No. De verdad. Ha sido mejor así.
- Entonces... ¿ya lo sabes?- inquirió Aldren con cautela.
- Sí.
- ¿Todo?
- Todo.

El muchacho asintió y Mielle le dio un abrazo. Luego se apartó, como avergonzada.

- Ni se os ocurra tratarme de vos a vosotros también, ¿eh?- los amenazó ella.- Nada de formalismos.

Los ojos de Aldren volaron hacia la puerta y Nadia se dio la vuelta. En la entrada a la biblioteca había un muchacho, también vestido con la camisa verde y los pantalones marrones que parecían constituir el uniforme de los sirvientes del palacio. El joven, mayor que ellos, carraspeó levemente para llamar su atención.

- ¿Aldren y Nadia?- preguntó.
- ¿Sí?- contestó el aprendiz.
- El hechicero Irio desea veros a ambos en su habitación cuanto antes. Me ha enviado a por vosotros.

Aldren asintió, aunque pudo reflejarse en su rostro que parecía un tanto contrariado por aquellas palabras.

- Yo me quedaré un rato más por aquí...- dijo Mielle.- Aquí, o en los jardines. Buscadme cuando terminéis.
- Hasta luego.- le dijo Nadia, dándole un suave apretón en el brazo.

1 comentario:

Carlos dijo...

Pobre señora, menudo corte ha debido llevarse al darse cuenta de cómo le estaba hablando precisamente a Ärale xD ¿Qué querrá Irio de Nadia y Aldren? Hum...
Y definitivamente, Aldren y Mielle son bastante transparentes xD

Respecto a Connor... El rubio es un cabrón, creo que entiendo por qué le metieron en la cárcel (a no ser que metas algún otro aliciente xD).
Un besazo!