jueves, enero 14

Nueva Nadia: Capítulo 7, parte 2

Nadia tardó unos segundos en frenar el alocado vuelo de su imaginación y en advertir que Iluna, ya callada, esperaba una respuesta por su parte. Por un momento pensó que la rastreadora se había mofado de ella contándole una leyenda para niños, pero sus ojos eran sinceros y no había ni un atisbo de sonrisa en sus labios. Se señaló a sí misma con las manos.

-¿Yo soy Ärale?
- No exactamente. El poder de Ärale está encarnado en ti, te lo he dicho al principio.

Nadia silbó. Una amplia sonrisa fue dibujándose lentamente en su cara y cuando alzó la cabeza, rió. Era... increíble. No sólo lo que Iluna le había contado, sino la gran sensación de alivio que por fin sentía. Como si le hubieran quitado un enorme peso de encima y pudiera ahora respirar mejor. Le entró la risa floja sin poder evitarlo.

- ¿Eso quiere decir que puedo controlar a los dragones?
- Cuando el poder de Ärale despierte, sí.
-¡Es genial!- exclamó, entre carcajadas.
- No es algo que debas tomarte a la ligera, Nadia.- observó Iluna, con las cejas enarcadas.- Hay mucha gente que quiere capturarte para utilizarte o para matarte. Lo comprendes, ¿verdad?
- Sí, ahora lo entiendo. Pero joder... es una pasada. Lo estoy flipando ahora mismo, aunque sé que más tarde seguramente no me gustará ni un pelo.
- Estás madurando.- comentó la rastreadora.
- Bueno... no es que haya tenido muchas alternativas, ¿no? Un viaje a otro mundo donde existe la magia, guerras, los dragones y armas definitivas es algo que suele hacer madurar a una persona.- opinió irónicamente.
- ¿Tienes alguna pregunta más?
- Sí. ¿Qué es el ënes?
- Ah, eso.- suspiró, con un destello de rabia en sus ojos violetas.- El ënes es una droga muy potente. Si uno ingiere la cantidad adecuada, puede estar durmiendo durante una semana entera. El vaheri que intoxicó la bebida con ella pretendía dejarnos a todos fuera de combate, quizá para infriltrarse y secuestrarte.
- ¿Los vaheri están al tanto de la existencia del descendiente de Istor?
- No lo sabemos. Pensamos que no, pero tal vez sepan más cosas de las que creemos. Todavía desconocemos cómo murió Istor y cuál fue la otra vida que se sacrificó. Como ya te he dicho, eso sucedió hace casi trescientos años.
- Iluna...- murmuró Nadia, vacilante.- ¿Qué vamos a hacer? ¿Vamos a obedecer a Erasto?
- No lo sé.- respondió la mujer, eligiendo con cuidado sus palabras.- Erasto está equivocado, pero desobedecer una orden directa suya nos conllevaría demasiados problemas. Aún estoy pensando sobre ello.

Al ver la expresión preocupada de la muchacha, la rastreadora le sonrió para calmarla.

- No te preocupes, yo me encargaré de todo, ¿vale?- le tocó el labio inferior con suavidad y la joven sintió una punzada de dolor.- ¿Cómo te has hecho esto?
- Anoche. Tuvimos un aterrizaje un tanto... desastroso.
- ¿Tienes hambre?
- Un poco.
- Ya no creo que quede nada del desayuno... pero podemos ir a las cocinas a por algo de comer, ¿te parece bien?
- Sí.
- Pues vístete, y rapidito.

Las cocinas eran una serie de grandes habitaciones alargadas y contiguas que estaban en un extremo del edificio principal del palacio. Allí reinaba el caos; mujeres que repartían órdenes a diestro y siniestro, gritando enfadadas y probando presurosas el contenido de ollas y sartenes, jóvenes ayudantes y pinches de cocina con delantares sucios que iban de un lado para otro con pies ligeros transportando alimentos, útiles de cocina y cumpliendo recados. Fuegos, hornos, olores variados y deliciosos y una atmósfera continuamente caldeada y sofocante. El encargado de las despensas consintió, de bastante malhumor, darle a Iluna un trozo de queso, un par de lonchas de jamón y un pedazo de pan recién hecho todo envuelto en un paño blanco, tras lo que entre gritos y quejas las echó de muy malas formas.

Iluna y Nadia, riéndose todavía de los carrillos inflados y colorados del encargado, huyeron de allí corriendo en dirección al jardín más próximo. El tiempo había mejorado algo y no hacía tanto frío aquella mañana. Nadia experimentó una sorprendente y liberadora sensación de euforia al ver, por fin, el cielo azul y despejado. Se dejó caer, rendida por la carrera, sobre un banco de madera junto a un inmenso árbol de tronco grueso y hojas broncíneas que olían ligeramente a canela. Aspiró la dulce fragancia al mismo tiempo que abría la boca y engullía el queso con voracidad. Iluna sonrió.

- Mielle y Aldren me dijeron que te estarían esperando en la Biblioteca Real. Cuando termines de comer, te llevaré hasta allí. Todavía queda una hora hasta la hora del almuerzo.
- ¿Será un banquete parecido al de anoche?
- No, tranquila. La mayoría de los invitados han abandonado ya el palacio. Estaban aquí por el Consejo.
- ¿Tú qué harás luego?
- Tengo mucho en qué pensar.- contestó, tocándose la cabeza con un dedo.- Me esconderé de Garue y maquinaré un poco.
- ¿Esconderte de Garue? ¿Por qué?
- No quiero que esté al tanto de mis planes. Erasto es su rey, después de todo, y le debe lealtad...
- ¿Erasto no es tu rey?- se sorprendió Nadia.- Yo pensaba que...
- ¡Xisel!

Nadia y la rastreadora levantaron la cabeza a tiempo de ver a alguien que, sorteando los árboles dispersos, se acercaba hacia ellas. Era un hombre alto y robusto de cabello corto y rojizo, vestido con una túnica negra de dibujos rojos y que llevaba una tira blanca alrededor del cuello. Sar Fairar, el Sumo Sacerdote de Írtaco. Iluna se puso en pie, sonriente, e inclinó la cabeza respetuosamente ante él. Éste le correspondió del mismo modo.

- Erasto quiere hablar contigo, Xisel.
- Vaya.- suspiró.- Está bien.- se giró hacia Nadia, que había dejado de masticar.- Me temo que deberás buscar tú sola la Biblioteca Real. Pregunta a alguien y te indicarán el camino. Te buscaré más tarde.
- Vale.- asintió ella.

Sar Fairar se inclinó también ante ella sin pronunciar una sola palabra antes de alejarse de allí acompañado por Iluna.

1 comentario:

Carlos dijo...

Ponerse a reír... La verdad es que Nadia tiene cada punto que... xD Pero bueno, al fin y al cabo uno no sabe cómo reaccioaría si le contasen que puede dominar a los dragones xD Y lo de no llegar al desayuno le pasa a mi hermana en los hoteles, tiene que ponerse el despertador para llegar xD
Y seguro que la descripción de la Biblioteca Real va a ser geniaal~ Yo quiero leerla yaaaa!
Un beso! ^-^
PD. He recuperado mi portátil~