miércoles, enero 13

Nueva Nadia: Capítulo 7, parte 1

Incluso a través de sus párpados cerrados, la intensa luz le molestaba. Se quejó en apenas un susurro y se cambió de posición para quedar de espaldas a ella. Se tapó la cara con el almohadón y suspiró con la intención de volver a dormirse. Estaba de puntillas en el límite entre el sueño y la consciencia y sus preocupaciones permanecían aletargadas y en silencio, feliz ante la perspectiva de disfrutar de unas cuantas horas más en aquel estado anestésico en el que su mente no tenía porqué funcionar. Le hubiera encantado poder quedarse así un rato más... pero había alguien que tenía otros planes para ella.

- Nadia, levanta.

La muchacha gruño, cerró los ojos con más fuerza aún y apretó la almohada contra su cara.

- Pequeña, no estoy de humor para aguantar tres horas de remoloneo, ¿me oyes? Así que levántate ahora mismo si no quieres que te destape y te tire al suelo.

La voz de Iluna penetró a través de su adormilamiento como un cuchillo afilado, despejando su mente. A pesar de su atolondramiento de recién despertada pudo detectar su tono amenazador. A regañadientes apartó la almohada e intentó abrir los ojos. Pero la luz era demasiado intensa y tuvo que cerrarlos de nuevo. Se incorporó torpemente hasta quedar sentada en el borde de la cama, se restregó los ojos con los dedos y se hizo una visera con la mano para poder abrirlos otra vez.

La rastreadora estaba frente a ella sentada en una silla. Vestía como siempre y llevaba el pelo igual de alborotado. Nadia se preguntó si habría pasado la noche en vela. Su expresión impasible se contradecía con el ceño fruncido que parecía incapaz de disimular, y que le hizo saber inmediatamente que estaba metida en un buen lío.

- Cállate y déjame hablar.- dijo, con voz contenida.- Esta mañana, cuando vine a despertaros, me encontré con Aldren y Mielle saliendo de la habitación. Los saludé y me paré un momento a hablar con ellos, a pesar de que ambos parecían muy deseosos de marcharse cuanto antes. Sólo pretendía informarles de que la guardia de Erasto había fallado al buscar al culpable del incidente de anoche, de modo que estuvieran al tanto. Pero me extrañó su actitud defensiva... y les pregunté por ti. Me dijeron que estabas durmiendo todavía y que no querían molestarte. Ahondé un poco más. Esos dos son tan transparentes como el agua y no me fue muy difícil leer en ellos culpabilidad y arrepentimiento.
- Iluna...
- He dicho que te calles y que me dejes hablar.- repitió ella.- La cuestión es que me mosqueó su forma de actuar y empecé a hacer preguntas bien encaminadas hacia el meollo del asunto. No tardaron mucho en contarme la verdad y en suplicarme que no me enfadara ni con ellos ni contigo.
- Entonces, ¿lo sabes?- murmuró Nadia, con la cabeza gacha.
- ¡Por los dioses, Nadia!- siseó.- ¡Me lo prometiste! ¿En qué estabas pensando? ¿Tienes idea de la magnitud del problema al que os expusisteis?
- ¡Sí! ¿Vale? Sé lo mucho que nos arriesgamos, ¡pero no voy a disculparme! ¡Estaba harta! ¡Y sigo estándolo! ¡He aguantado mucho sin tener ni la más remota idea de qué pasaba exactamente, y eso no es justo! ¡No es justo!
- ¡Shh! ¡Calla, calla!-repuso Iluna, levantando las manos para silenciar sus gritos, que habían empezado a convertirse en sollozos.- Tranquila, ¿vale? Lo comprendo, Nadia. Comprendo lo que hiciste. Fue una locura, nada sensata, pero lo entiendo. Estabas al límite, y en parte es culpa mía. Lamento no haberme dado cuenta antes, pero tenía miedo de que supieras la verdad. Pensé que te asustarías y saldrías corriendo.
- ¿No estás enfadada?
- Antes me he enfadado mucho. He necesitado hacer gala de todo mi autocontrol para escuchar pacientemente a Aldren y a Mielle. Pero aunque ahora ya no lo esté tanto... tienes que comprender que lo que hiciste fue demasiado arriesgado y quiero que me prometas, esta vez de verdad, que no volverás a hacer nada parecido.
- No puedo prometerte eso.- protestó ella.- Si vuelvo a encontrarme en una situación parecida...
- Entonces habla conmigo y llegaremos a una solución, ¿de acuerdo?- la cortó Iluna.- ¿Entendido?
- Vale.- aceptó Nadia, de mala gana.

Iluna asintió, algo más tranquila, y el ceño fruncido de su rostro se suavizó hasta casi desaparecer. Nadia, ya completamente despejada, la observó con ansiedad.

- Entonces... ¿vas a contarme la verdad?
- Sí. Dispara. ¿Qué quieres saber?
- ¿Por qué estoy aquí?- preguntó, sin dudar.
- Para ayudarnos a ganar la guerra contra los vaheri.
- ¿Qué?- parpadeó, atónita.- ¿Cómo? ¿Por qué? Si yo no puedo hacer nada. No tengo magia, ni soy una guerrera como tú, ni...
- Tus habilidades van mucho más allá. El poder de Ärale está encarnado en ti.
- ¿Quién es Ärale?
- Ärale no es una persona, sino un arma.- respondió, con un deje de tristeza. Suspiró.- Será mejor que explique las cosas desde el principio, porque sino no lo vas a entender. Creo que ya estás al corriente de cómo comenzó la guerra contra los vaheri, ¿verdad?
- Sí, Mielle me habló de ello.
- Bien. Cuando la guerra empezó... ambos bandos estábamos muy equilibrados. Nosotros éramos más, pero ellos estaban escondidos y en eso radicaba su fuerza. No podíamos atacar aquello que desconocíamos, y los vaheri eran como un fantasma que atacaba con fuerza para luego desaparecer. Como bien te explicó Aldren ayer, hay once razas de bestias míticas en Nerume. Los fénix, del dios Írtaco; los grifos, del dios Irohu; las dríades, de la diosa Nehmel; las náyades, de la diosa Satme; los calimes, del dios Celleix; los minotauros, del dios Soruat; los basiliscos, del dios Siriso; las esfinges, de la diosa Ediara; los centauros, del dios Tarkho, y las ninfas del mar, de la diosa Kuana. La obediencia que estas criaturas deben a los dioses es poco más que un mero simbolismo. Jamás las trifulcas entre los tronos han sido tan grandes como para implicarlas a ellas, puesto que el resultado hubiera sido devastador.
- Pero vosotros, los ninpous, podéis invocarlas.- objetó Nadia.
- Sí, pero es algo extremadamente difícil y realmente, en gran medida, depende de la voluntad de las bestias míticas. Es necesario un poder extraordinariamente fuerte para obligar a una criatura a aparecer si ella no quiere hacerlo. Pero lo que quiero decir es que las bestias míticas no eran partícipes en la guerra contra los vaheri. A veces, los ninpous, lograban invocar a una, o dos... nada parecido a un ejército en potencia.
- ¿Y qué pasa con los dragones?
- A eso voy.- repuso Iluna, algo irritada.- Los dragones siempre han representado un enigma para nosotros. Son seres increíblemente fuertes y sabios, poseedores de una magia que queda fuera de nuestro alcance. No deben lealtad a ningún dios... y jamás se han sometido al poder de un humano. Han sido muchos los que han intentado recopilar información sobre su naturaleza a lo largo de nuestra historia, pero con la llegada de la guerra ese interés se convirtió en una necesidad. Los vaheri... lograron aliarse con unos seres horripilantes. Nunca se supo cómo aparecieron en Nerume ni cual fue su origen. Los llamaron demonios, espectros. Se alimentaban de la vida y sembraban la muerte como una plaga mortífera. Nuestras tropas sucumbían y estábamos a punto de ser derrotados. Fue entonces cuando apareció Istor.

Nadia asintió, arrobada. La historia la había atrapado y había olvidado que lo que Iluna le estaba contando era algo real.

- Istor era un joven hechicero de gran talento y renombre. Ciertos rumores decían que su madre había sido una hembra de dragón que, convertida en mujer, había seducido a su padre, un noble del trono de Ulime. Se unió al comité que se creó para llegar a un acuerdo con los dragones y gracias a él se logró lo que no se había conseguido hasta ese momento: invocar a un dragón. El dragón se llamaba Oryen, e Istor y él hicieron un pacto. Entre ambos forjaron un cetro que tenía como núcleo de poder una gema sagrada para los dragones. El arma fue bautizada como Ärale y tenía el poder de llamar y controlar a la última raza de bestias míticas de Nerume. Sólo Istor podía utilizarla y además se prometió a los dragones que una vez desterrada la amenaza vaheri, el cetro se destruiría. Pero las cosas no salieron bien.

Iluna hizo una leve pausa, perdida en sus propios pensamientos. Transcurrieron unos pocos segundos hasta que retomó de nuevo su relato.

- Un hombre viejo, al que nunca nadie había prestado ni la más mínima atención, se reveló como profeta y anunció una profecía. Aseguró que Ärale se perdería y que dos almas se sacrificarían para que el poder del arma pudiera resurgir más tarde y acabar con la amenaza que se cernía sobre Nerume. Nadie hizo caso a sus palabras y advertencias y los dirigentes, al ver que la guerra pronto estaría ganada, se confiaron y relajaron. Poco tiempo después, Istor y el arma desaparecieron sin que nadie supiera qué había sido de ellos, y unos días más tarde apareció en Ulime un dragón solitario que anunció que Istor había muerto y el arma se había perdido. Nos dijo que los dragones retiraban su ayuda y que sólo nos quedaba esperar el regreso de Ärale mientras conteníamos a las fuerzas vaheri por nuestra cuenta. Eso pasó hace trescientos años y Nerume todavía sigue en guerra. Pero hace unas semanas, un yumeko cualquiera llamado Aldren, encontró a una muchachita muy especial en un mundo distinto bajo el atento cuidado de una gata llamada Iluna. ¿Lo entiendes ahora, Nadia?

1 comentario:

Carlos dijo...

Ajajá! Ya se van aclarando los misterios! ^-^
Así que Nadia es un arma... ¿Pero hasta qué punto podrá llegar su poder? Y otra duda hasta más importante: ¿quién será el heredero de Istor?
Aún quedan trozos del misterio que descubrir, espero que dé para mucho ^-^

Y la historia de Leon... Si no está terminada comprendo que te dé pereza xD Pero la de Connor no me la pierdo ni loco! ^-^
Un besazo!