martes, enero 12

Nueva Nadia: Capítulo 6, parte 8

Ser arrastrada por un portal mágico fue una experiencia desagradable. Le pareció que las moléculas de su cuerpo se separaban unas de otras y que un intenso frío rellenaba los huecos entre sí. Durante unos segundos voló dando vueltas y vueltas sin parar hasta que tropezó con algo y cayó de bruces en mitad de una absoluta oscuridad, mareada y desorientada. Escupió tierra, que se le había metido en la boca, y sintió el métalico sabor a sangre en la punta de la lengua. El labio inferior le latía con fuerza. Delante de ella oyó un gemido. Se puso de rodillas sobre un suelo arenoso y extendió sus manos a tientas, intentando ubicarse.

- ¿Mielle, Aldren?- susurró.

Escuchó un gruñido de protesta y un quejido. Inmóvil, Nadia intentó agudizar su oído al máximo. Pudo distinguir la voz de Aldren murmurando:

- ¡Kaya Lumias!

Hubo un destello en mitad de la penumbra y Nadia vio cómo, una bola de luz no mucho más grande que una pelota de tenis, revoloteaba alrededor de las figuras de Aldren y Mielle. La muchacha había caído sobre Aldren y le estaba aplastando una pierna. Se apartó torpemente y comenzó a disculparse con rapidez, avergonzada y con las mejillas sonrosadas. La bola de luz danzaba libremente, como si tuviera vida propia. A un gesto de Aldren, voló a lo más alto de la habitación y se instaló entre las fauces abiertas de una escultura que sobresalía de la pared, semejante a una gárgola. Parpadeó un instante y después aumentó un poco de tamaño, iluminando por completo la estancia.

El techo estaba abovedado por una pequeña cúpula de nervios de piedra y el suelo estaba lleno de tierra, polvo, y piedras. Las paredes, resquebrajadas, soportaban unos estantes de madera desvencijada sobre los que reposaba una hilera de candelabros viejos y oxidados. El aire, muy viciado, era casi irrespirable y ni siquiera la luz que había invocado Aldren conseguía eliminar la tétrica atmósfera del lugar. El joven aprendiz se incorporó y apoyó la cabeza en la pared.

- ¿Dónde estamos?- preguntó Mielle, que miraba con recelo a la estatua. Luego observó su ropa, que estaba rasgada y manchada.- Oh, no... el vestido...

Aldren le chistó severamente para que guardara silencio y siguió palpando la pared.

- Creo que pueden oírnos, así que hablad lo menos posible y en voz muy baja. Imagino que estamos en una de las antiguas cámaras del palacio, que se abandonaron y cerraron hace tiempo. Ésta debe ser contigua a la Sala del Consejo. Acercaos.

Sigilosamente, se sentaron junto al muchacho pegadas a la pared. Ésta era de piedra, y estaba derruida por aquel lado; a través de los huecos se veía un cortinaje púrpura. Del otro lado llegaba un murmullo contínuo pero ininteligible que poco a poco fue cobrando sentido, y al cabo de un minuto Nadia pudo distinguir claramente voces y palabras.

- ... las circunstancias, creo que es la mejor opción a nuestro alcance.- decía la voz del rey Erasto, en ese momento.
- ¡Me niego enérgicamente, Majestad!- exclamó entonces Iluna, con vehemencia.- No podéis encerrarla aquí.
- Xisel, tú eres su protectora.- intervino Irio.- Sin duda apreciarás que lo que propone Su Majestad es por el bien de su seguridad.
- Sí, pero...
- Xisel.- dijo otra voz que no reconoció.- Los vaheri la buscan desesperadamente. No tenemos idea de cómo han podido localizarla tan pronto, pero es obvio que son muy hábiles siguiéndole la pista. Atacaron el fuerte de Irio y ahora se han atrevido incluso a entrar en el palacio. ¿Crees que es sensato que Ärale vaya por ahí sola, como si no pasara nada? Debemos protegerla, y aquí estará a salvo bajo la protección de Írtaco.
- No metas a los dioses en esto, Yanva.- replicó Iluna con frialdad.
- De todos modos, Xisel, debes admitir que tiene razón.- apuntó Garue con suavidad.
- Sí, tal vez tengáis razón y Nadia esté más segura aquí. Pero Ärale no despertará hasta que no encontremos al descendiente de Istor. Y si no despierta, nadie podrá sacar partido de su poder, porque él es el único que puede manejarlo.
- Ya hay rastreadores tras la pista del descendiente de Istor.- dijo otra voz.
- Es ella quien debe encontrarle.- insistió Iluna.
- Es demasiado peligroso.- disintió Erasto.- Los vaheri acabarían por atraparla y si no pueden utilizar su poder, la matarán. Tú fallarías en tu misión y el resto de nosotros estaríamos perdidos.
- ¡Nadie lo encontrará! Nadia pertenece a su mundo, donde tiene una vida, un hogar, familia y amigos que la quieren. No podemos retenerla aquí durante años, o décadas, hasta que vuestros hombres lo encuentren, si es que lo hacen.
- Tu empeño en esa teoría puede ser infundado.- opinó Irio con delicadeza.
- No lo es. Se menciona en los últimos versos de la profecía.- contestó Iluna, desafiante.- Al contrario que Su Majestad y mucha más gente, yo creo en las palabras del profeta. ¿Qué pasó la última vez que nadie lo escuchó? Sucedió la tragedia. Él fue quien me encomendó la tarea de buscarla y protegerla.
- Xisel...- comenzó Erasto.
- No, Majestad. Hiru tiene razón y si no hacemos caso a sus predicciones, perderemos esta guerra. Nadia debe partir en busca del sucesor de Istor porque sólo así él aparecerá. Y si se queda aquí aislada no sólo ella perderá mucho... lo haremos todos nosotros.
- Consideraré tus palabras, Xisel, pero de momento Ärale permanecerá aquí. Me pondré en contacto con el Alto Consejo y después tomaré una decisión. Es una orden.
- Sí, Majestad.- acató ella con resignación.

De repente sólo se oyeron murmullos apagados y una puerta al abrirse.

- Lamento mucho la interrupción, Majestad.- dijo una voz masculina, en tono respetuoso.- Hemos registrado todo el palacio y sus alrededores y no hay rastro de ningún un intruso, vaheri o no. Me temo que ha debido escapar.
- Seguid buscando. No ha podido salir de la ciudad.
- De acuerdo, Majestad.

La puerta se cerró.

- Doy por finalizado el Consejo. Buenas noches a todos, y sed precavidos.

Se oyeron sillas retirándose y gente poniéndose en pie. Aldren y Mielle reaccionaron con rapidez, incorporándose al instante, tensos. Pero Nadia, sin embargo, no fue capaz de moverse. Tenía todo el cuerpo rígido y dolorido por haber permanecido en la misma postura todo el tiempo, pero tampoco eso le importaba. Tenía ganas de llorar. Había acudido allí con la esperanza de esclarecer el misterio... y éste sólo se había hecho más grande y oscuro. ¿De qué poder hablaban? ¿Por qué la habían llamado Ärale? ¿Quién era el descendiente de Istor? ¿Por qué la perseguían los vaheri?

Aldren se agachó frente a ella, poniendo sus ojos verdes a la misma altura que los suyos. Eran cálidos y albergaban ternura y esperanza.

- Nadia, será mejor que nos vayamos ya. Seguramente Iluna se pase por nuestra habitación para comprobar que seguimos allí.
- Sí.- admitió ella, parpadeando.- Tienes razón.

Aldren le cogió ambas manos y tiró de ella para ayudarla a levantarse. La muchacha tocó el colgante con sus dedos y, con bastante más dificultad que la vez anterior, creó el portal que los llevó de vuelta a sus dependencias.

1 comentario:

Carlos dijo...

Huum... Entonces este no es el colgante que conecta la Tierra con Nerume... Qué pena, ya me había imaginado a Aldren y Mielle aquí y sería divertido xD Pero bueno... Sigo sin sospechar cómo va a acabar esto, no consigo adivinar nada de nada xD Bueno, probablemente Iluna, Nadia & co. se fuguen, pero ni siquiera lo tengo muy claro xD
Y lo de Kat... Sí, puse difícil adivinarlo, pero bueno, aún quedan trozos grandes del pastel que no creo que imagines~ Es un argumento muy complicado y lo reorganizo según escribo, así que tendrás que darle tiempo a la historia xD
¿Y en qué historia pusiste ese nombre y por qué todavía no la tengo en mi ordenador para leerla? xD
Un besazo!