jueves, enero 7

Nueva Nadia: Capítulo 6, parte 3

Su sentido del olfato captó un aroma muy agradable mezclado con la humedad del ambiente y sonrió para sí. Era una fragancia dulce, almibarada y ácida a un mismo tiempo, sin resultar empalagosa. Y extrañamente, como si aquel olor hubiera activado un mecanismo escondido en su mente, le vino a la cabeza una escena. Era... como un recuerdo. Salvo que aquel recuerdo no le pertenecía.
Vio un campo de hierba verde, extenso, que parecía no tener final. Un sol cálido y brillante. La refrescante sombra de un árbol gigantesco... todo impregnado de aquel mismo aroma. La increíble sensación de una felicidad sin parangón, y la imagen de una flor estrellada... pequeña y blanca con las puntas de los pétalos naranjas.

Notó que algo se posaba suavemente sobre su pelo y abrió los ojos. Rubye y las demás desfilaban alrededor del bordillo de la bañera arrojando algo al agua desde unas cestas de mimbre, impregnando el aire de aquella maravillosa fragancia. Se llevó la mano a la cabeza y lo que sus dedos recogieron fue una pequeña flor blanca con las puntas de los pétalos naranjas. Sintió un vacío en el estómago seguido de náuseas y de una sensación muy extraña... como si algo dentro de ella se hubiera desdoblado. Aquellas flores eran las mismas que acababa de ver en su mente. ¿Pero cómo...?

- Nadia, levántate.
- ¿Qué?

Levantó la mirada y vio que Mielle se había puesto en pie y que la chica alta la estaba lavando con una pastilla de jabón. Así que se dio la vuelta y se alejó nadando al otro extremo de la bañera, al mismo tiempo que Mielle ponía los ojos en blanco y suspiraba.

- No seas tímida.- oyó decir a Fira.- ¡No tienes nada de qué avergonzarte! Cualquiera diría que es la primera vez que te bañas delante de otras mujeres...
- Lo es.-farfulló ella.- Dame el jabón, por favor. Quiero lavarme yo misma.
- Pero...
- Dáselo, Fira.- intervino Rubye.- Si ella quiere lavarse sola, que lo haga.

Fira se agachó junto a un cubo de madera que descansaba en el bordillo de la bañera y después de haber cogido la pastilla de jabón, adoptó una posición de lanzamiento que la hizo parecer un jugador de fútbol americano. Nadia apenas tuvo tiempo de apartarse antes de que el jabón cruzara el aire peligrosamente en dirección a su cabeza. Fira se llevó una mano a la boca, se disculpó entre carcajadas y acabó saludándola alegremente con la mano. Nadia determinó que aquella chica estaba completamente chiflada.

Se incorporó y, reconfortada por saber que gracias al espeso vapor nadie la vería desnuda, se lavó concienzudamente, restregando la pastilla de jabón con más fuerza de la necesaria contra su piel. Hacía mucho que no disponía de jabón para lavarse y estaba encantada con la novedad, ya que se sentía sucia y sabía que no olía a rosas. Se enjabonó dos veces y después devolvió el jabón a Rubye y sus compañeras. Suspiró y observó con atención una de aquellas flores blancas.

- Mielle... ¿cómo se llaman estas flores?
- Fláreas. Hace tiempo sólo se veían en los picos de las montañas más altas y se utilizaban en antiguos rituales de adoración a los dioses y a las bestias míticas, pero ahora su comercialización se ha extendido y pueden encontrarse en cualquier lugar.
- ¿Son flores normales y corrientes o... tienen algo... especial?
- Pues... antes se las consideraba flores sagradas. Pero te hablo de hace mucho, muchísimo tiempo y ahora todo lo que se cuenta son historias. Decían que sólo crecían en los lugares donde alguna vez se había posado un dragón...- su voz tembló.- Pero sólo son leyendas.

Nadia asintió con un gesto, absorta en la contemplación del pétalo.

Entonces apareció la muchacha alta cargando con un enorme cesto lleno de telas de colores, casi tambaleándose debido a su peso y tamaño. Por un momento Nadia pensó en ir a ayudarla, pero recordó que estaba desnuda y se sumergió en el agua caliente hasta que sólo sus ojos quedaron a la vista. La joven depositó el cesto sobre una mesa, suspiró con alivio y comenzó a separar las telas. Nadia se acercó al bordillo para poder ver mejor y vio que no eran telas, sino ropa. Mielle, a su lado, observaba con curiosidad cómo la muchacha alisaba los vestidos y los dejaba, con cuidado, en el respaldo de una silla. Rubye y Fira se aproximaron por un lateral portando unas pequeñas cajas de madera en las manos. Rubye miró los vestidos con ojo crítico y después sonrió:

- Siempre se te han dado muy bien los colores, Nola. Buena elección.

A Nola se le iluminaron los ojos y Fira, riendo, empezó a dar vueltas girando como una peonza.

- ¡Estarán lindísimas con ellos!

Nola fue y volvió de la estancia contigua trayendo consigo un largo panel rectangular de madera, que desdobló y colocó a un lado de la bañera. Se trataba de un biombo grueso, de casi dos metros de altura, para que pudieran vestirse detrás. Rubye las observó como una maestra miraría a dos alumnas desobedientes.

- ¿Quién quiere ser la primera?

1 comentario:

Carlos dijo...

Ay, ahora Nadia se negará a dejarse ayudar y acabará echando a correr otra vez xD
Esas flores... Tienen algo de importancia, ¿no? ¿Qué será? xD
¿Y de quién será ese recuerdo?
Aish, ya tengo ganas de leer mááás! xD
Un besazo!