miércoles, enero 6

Nueva Nadia: Capítulo 6, parte 2

La habitación estaba invadida por el vapor, que ahogaba el aire haciéndolo un tanto difícil de respirar. Ni siquiera eran capaz de ver el extremo contrario de la estancia, por lo que ésta parecía no tener final. Nadia consiguió distinguir un enorme horno de piedra en el que varias ollas de hierro se calentaban a fuego fuerte y gente que iba de un lugar a otro, silenciosamente, haciendo resonar sus pasos debido al eco de la sala. De algún lugar procedía el apagado sonido del agua goteado. Unos metros delante de ella había... algo extraño que en un primer momento no fue capaz de identificar. Parecía un enorme charco de cuya superficie emanaban volutas de vapor que se perdían entre la densidad de la atmósfera, pero más tarde advirtió que era algo semejante a una piscina. Era muy grande, tenía forma circular y el bordillo de piedra.

- ¿Dónde estamos?- preguntó Aldren, y su voz reverberó débilmente.
- En los baños.- respondió Rubye.- Os dejaremos como verdaderos reyes y reinas.
- Pero... -interrumpió Nadia.
- Tú... te llamabas Aldren, ¿verdad?- prosiguió Rubye. Él asintió.- Pasa a la habitación contigua, por favor. No sería muy buena idea que vieras a las chicas en paños menores.

Aldren, ruborizado hasta las orejas, se dio la vuelta rápidamente y se perdió entre las nubes de vapor. Entonces Rubye les pidió que la esperaran allí y también desapareció entre la niebla. Nadia agarró a Mielle por los hombros y la sacudió.

- ¿A qué se refería con eso de "paños menores", eh?
- ¿No es obvio? Estamos en un baño.- dijo ella, encogiéndose de hombros.

Nadia, sin embargo, seguía sin entenderlo del todo.

- ¿¿Y??- preguntó, gesticulando de forma exagerada.
- Nos bañarán y nos prepararán de forma adecuada para la cena de Su Majestad.
- ¡¿Qué?!
- Sólo es un baño, Nadia. Nos lavan, nos enjabonan, perfuman, visten y nos terminan de engalanar. Es el procedimiento tradicional.
- Yo no necesito ayuda para nada de eso.- repuso ella, sonrojada.- Puedo hacerlo sola y sin ningún problema. No quiero que nadie me bañe.
- No seas tan quisquillosa, Nadia. Estamos entre mujeres.

Pero antes de que pudiera decir nada más, Rubye apareció de nuevo y esta vez acompañada por dos chicas mayores que ella, vestidas de igual forma. Sus sonrisas a Nadia se le antojaron muecas diabólicas. Una de ellas, que tenía la nariz chata, se llevó las manos a la cara.

- ¡Oh! ¡Rubye!- la agarró del brazo y se lo apretó.- ¡Son tan...! ¡Tan...!
- ¿Bonitas?- sugirió la otra muchacha, que tenía una figura esbelta y era mucho más alta que las otras dos.
- ¡Eso!- exclamó.- ¡Bonitas!

Nadia miró a su alrededor con desesperación, realmente tentada de salir corriendo para intentar huir. Disimuladamente se colocó detrás de Mielle mientras calculaba aproximadamente la distancia que la separaba de la puerta. Oyó un pequeño grito en la habitación contigua y se compadeció de Aldren con toda su alma. Se mordió un labio.

- ¡Pero qué pelo tan maravilloso!- decía la chica de la nariz chata en ese momento, acariciando y admirando el largo y rizado cabello de Mielle como si se tratara de oro puro.- Y qué pómulos, qué piel tan bien cuidada... Tendrás locos a los chicos, ¿eh?
- Bueno, yo no...
- ¡Ah, eres tan bonita!- gritó, abrazando impulsivamente a Mielle.
- No la estrujes, Fira. Necesito que respire cuando aparezca en el banquete o Xisel me cortará el cuello.- le dijo Rubye con reproche.
- ¡Eh, tú!

Nadia no fue lo suficientemente rápida y Fira se le vino encima de forma inevitable. Intentó desasirse, pero las manos pequeñas y ágiles de la chica eran mucho más fuertes de lo que aparentaban a simple vista.

- ¡Tú también eres muy linda! Esos ojos... y ese pelo tan corto... es muy curioso, nunca he visto a ninguna chica llevar el pelo como lo llevas tú. ¡Pero es hermoso!

Aprovechando que Fira la tenía atrapada, Rubye se acercó por detrás y le quitó las botas, ignorando el forcejeo y el pataleo con el que Nadia intentaba liberarse, sin éxito. La chica alta desvestía a Mielle, que se dejaba hacer dócilmente y sin una sola queja. Fira y Rubye batallaban para quitarle la ropa a Nadia, y cuando la segunda de ellas logró desabotonarle el vestido, la muchacha gritó.

- ¡Eh! ¿Pero qué coño estáis haciendo? ¡No, no hagas eso! ¡No, para! ¡Eh, mi ropa! ¡Estaos quietas!

Mielle ya se había metido en la bañera por voluntad propia. Se había sentado en el bordillo y había probado la temperatura del agua mojándose los pies, tras lo cual se lanzó con un gritito de placer. Con todo el cuerpo sumergido, a excepción de nariz, ojos y cabeza, observaba divertida la escenita que Nadia estaba montando.

Cuando finalmente, y de milagro, Rubye y Fira consiguieron desnudarla por completo, la muchacha se quedó inmóvil intentando cubrirse con manos y brazos. Tenías las mejillas ruborizadas con furia y la mueca de quien ha sido mortalmente ultrajado.

- Vamos, entra en la bañera.- la apremió Rubye.
- No quiero.- replicó Nadia con tozudez.
- En ese caso...-dijo ella, fingiendo lástima.

Extendió los brazos y la empujó al agua. Nadia intentó mantener el equilibrio en el bordillo de piedra, pero fracasó estrepitosamente y se zambulló en el agua caliente con un chillido. No tardó mucho en asomar la cabeza, tosiendo y diciendo tacos sin parar. Se giró airadamente hacia Rubye y abrió la boca con la intención de gritarle cuando le cayó encima de la cabeza un cubo de agua ardiendo.

- ¡Joder, quema como su p...!
- ¡Nadia!- la interrumpió Mielle, escandalizada.

Nadia tuvo que morderse la lengua para contenerse. Rubye y sus amigas rieron, y de repente se perdieron en el remolino de vaho mientras el eco de su risa quedaba ahogado por las nubes de vapor. Chapoteó un poco en el agua y dio un par de brazadas lejos de Mielle, que tenía los ojos cerrados y una plácida expresión de absoluta felicidad. Suspiró y ella también cerró los ojos, permitiendo que la calidez del agua acariciara su cuerpo. Poco a poco sintió que su enfado desaparecía... difuminándose, o dispersándose... igual que las hojas de otoño empujadas por el viento. Disfrutó de la inmensa paz de aquellos segundos, serenándose y descansando del frenético vaivén en el que se sentía inmersa desde que había llegado a Nerume. El tiempo allí era apenas un suspiro y no tenía un momento para reflexionar, para observar las cosas con atención. Todo sucedía demasiado deprisa.

1 comentario:

Carlos dijo...

Joder, la de la nariz chata da miedo de verdad, parece una psicópatá xD A mí también me da pena Aldren, pobre chico xD Haber matado a todos xD
Y Nadia tiene que aprender a correr más rápido o a utilizar a Mielle como escudo xD
En fin... Ya quiero leer lo próximo que venga, que supongo será el banquete xD
Un besazo!