martes, enero 5

Nueva Nadia: Capítulo 6, parte 1

Tras aquellas palabras, Erasto, Irio y los soldados abandonaron la estancia escaleras arriba. Cuando se marcharon, Nadia suspiró aliviada. Era la primera vez en su vida que había tenido que desfilar ante personas de tal importancia y la experiencia había sido incómoda y desagradable. Garue se apartó de ellos sin decir nada y desapareció por la misma puerta que habían cruzado el rey y sus seguidores. Iluna no le prestó atención y en su lugar se acercó a los tres muchachos, sonriente. Nadia la conocía lo suficiente para percibir que aquella sonrisa era un tanto forzada.

- Venid conmigo.- les ordenó, con un enérgico gesto de su mano.

También ellos subieron la escalera y pasaron a través de la puerta de la derecha. El primer corredor que atravesaron era tan espléndido como el recibidor del palacio donde habían conocido al rey de Ebaím. Todo deslumbraba y estaba cubierto de oro, maderas preciosas y caras alfombras y tapices. Tanta riqueza le parecía y irreal, y en más de una ocasión se sorprendió extendiendo la mano para tocar con sus dedos las paredes y comprobar que no estaba ni soñando ni delirando.

Tras recorrer unos cuantos pasillos y salas amplias, subir y bajar alguna que otra escalera, llegaron a una estancia pequeña en la que había una única puerta, de madera oscura y pulida. Nadia, que ardía de impaciencia por saber qué tipo de habitaciones habían reservado para ellos, se quedó un poco confundida cuando Iluna se detuvo frente a la puerta con una sonrisa traviesa y dijo:

- Bien, aquí es.
- ¿Éstas son nuestras habitaciones?- preguntó ella, incrédula.
- Por supuesto que no.- dijo la rastreadora, con tono socarrón.- Huéspedes como vosotros merecen ocupar las mejores dependencias del palacio.
- ¿Y entonces qué coño hacemos aquí?
- ¡Nadia!- exclamó Mielle, dando un respingo.
- Es que no lo entiendo.- refunfuñó ella.

Iluna rió maliciosamente y después se giró para llamar varias veces a la puerta con los nudillos. Unos segundos después, ésta se abrió y a través de ella se escapó una densa nube de vapor que les nubló la vista. Se oyó una risa nerviosa y un momento después, Nadia vio a una muchacha haciendo aspavientos con las manos para despejar el ambiente.

- Perdonad.- dijo, con una voz cantarina y animada.

Se trataba de una joven un poco mayor que ella, que llevaba un vestido gris con las mangas remangadas y un pañuelo blanco y azul sobre la cabeza. Tenía una cara graciosa, llena de pecas, y unos enormes ojos castaños que le brillaban como si fueran de cristal. La frente la tenía perlada en sudor y el pelo que asomaba debajo del pañuelo, de un pelirrojo pajizo, estaba mojado por la humedad. Les sonrió ampliamente mientras se secaba las manos en el delantal. Nadia estaba perpleja: nunca había pensado que podría existir alguien con unos ojos tan grandes y al mismo tiempo, tan atractivos.
La chica los abrió todavía más cuando miró a Iluna.

- ¡¿Xisel?! ¿Eres tú?
- Has crecido mucho, Rubye.- respondió ella, con afecto.

La sonrisa de la muchacha se hizo, sorprendentemente, más ancha aún, y con un grito de pura alegría se lanzó a los brazos de la rastreadora. Iluna rió y la estrechó con ternura. Nadia seguía atónita, pues no entendía absolutamente nada.

- Os presento a Rubye.- dijo, cuando por fin ambas se separaron.- Es... familiar mía. La hija de mi prima. Antes de irme de Nerume la recogí y la traje aquí para que Erasto se encargara de ella. Y parece que no te va mal, ¿eh?
- No me puedo quejar.- reconoció la chica, optmista.
- Ellos son Nadia, Mielle y Aldren. Necesito que tú y tus amigas hagáis algo con ellos.
- ¿Hacer algo con nosotros?- repitió Nadia, recelosa.
- ¡Ah, claro!- asintió Rubye, sin prestarle atención.- Por el banquete, ¿verdad? ¿Invitados de honor?
- Exactamente. ¿Me los puedes arreglar?
- ¿De qué habláis?- insistió Nadia.
- Descuida, están en buenas manos.- le aseguró Rubye, llevándose las manos a las caderas.- ¿Te veré luego?
- Sí, luego hablaremos.- contestó.- Portáis bien, chicos, y no gritéis demasiado.- añadió, mirando a Nadia significativamente.

Y con esas palabras de despedida, dio media vuelta y se alejó de allí. Rubye abrió la puerta haciendo que se escaparan algunas nubecillas de vapor, e hizo pasar a Aldren y Mielle, que parecían un poco reticentes. Para que Nadia entrara, sin embargo, tuvieron que sujetarla y empujarla.

1 comentario:

Carlos dijo...

Jajaja ¿Qué les van a hacer a estos tres? xD Supongo que arreglarlos para el banquete, pero la duda es cómo, y lo de 'no gritéis demasiado' suena muy sospechoso xD
En fin... Espero el próximo trocito pronto ^^
Un besazo enorme