martes, enero 5

Nueva Nadia: Capítulo 5, parte 6

El recibidor era una sala espaciosa y de exquisita decoración. Gruesas alfombras blancas de dibujos geométricos tejidos con hilos de carmín y oro cubrían el suelo mientras y bellos tapices, que representaban escenas de batallas y festejo así como bonitos paisajes, colgaban de las paredes. En las esquinas había braseros de bronce delicadamente tallados que daban calor y luz a la habitación, y en el techo había una enorme lámpara de transparente cristal que sujetaba diez velas rojas. Al final de la estancia había una impresionante escalera doble que en su primera base se ramificaba a izquierda y derecha. Al pie de la escalera había una hilera de doce soldados firmes cuyas manos descansaban en las empuñaduras de sus respectivas espadas, guardaba fila con expresión vigilante. Garue habló, con voz alta y clara:

- El rey vendrá a recibirnos.- miró a Iluna con gravedad.- Tú y yo deberíamos hablar con el Consejo lo antes posible. Llevan esperándonos mucho tiempo.
- No.- replicó ella con firmeza.- Si han esperado mucho, pueden esperar un poco más.
- Como quieras.- suspiró.

Nadia no les prestaba la más mínima atención. Estaba demasiado ocupada estudiando con perplejidad todo cuanto había a su alrededor. ¡Estaba en un palacio! No en las ruinas de lo que, en otro tiempo había sido un gran palacio, sino en uno de verdad... ¡E iba a conocer a un rey! ¿Tendría el aspecto adecuado para presentarse ante una persona de tal importancia? ¿Parecería torpe? ¿Sería capaz de dirigirse hacia él con el debido respecto? Buscó a Mielle con la mirada y al encontró absorta en la contemplación de un tapiz, con los ojos brillantes.

Se escuchó el sonido estridente de una trompeta y en ese momento aparecieron dos hombres bajando la escalera doble del recibidor, escoltados por tres soldados. Uno de ellos era fácilmente por la corona de oro que descansaba sobre su cabeza. El monarca de Ebaím debería rondar los treinta y cinco años, tenía una cara común y amable, el cabello rizado y rubio y unos perspicaces ojos azules que parecían los de un niño pequeño. Iba vestido con un jubón verde pálido, unas calzas marrones y una capa de un tono verde más oscuro sujeta en su hombro con un elegante broche dorado. Nadia se sintió un poco decepcionada: aquel hombre no tenía aspecto de rey. El otro individuo era mucho más alto y sumamente delgado, como una brizna de hierba. Iba ataviado con una larga túnica blanca y una capa púrpura que arrastraba por el suelo. Tenía el cabello muy largo y liso, recogido en una coleta en la nuca, gris. Una suave barba le cubría el fino mentón y sus ojos eran rasgados y verdosos.

- Su Majestad el rey Erasto y el Hechicero Irio.- anunció con voz aflautada un hombre pequeño, al pie de la escalera, en el que Nadia no había reparado antes.

- Bienvenidos seais.- dijo Erasto, afablemente.- Garue, Xisel... me complace enormemente veros de nuevo. ¿Tendríais la cortesía de presentarme a vuestros acompañantes?
- Majestad.-saludaron ambos, acompañando sus palabras de una grácil reverencia.
- El muchacho es mi aprendiz, Majestad.- interrumpió Irio con suavidad, mirando al muchacho.- Y la joven es Mielle, una doncella que servía en mi fuerte.
- Ah.- asintió el rey, complacido.- Por fin conozco al joven Aldren. He oído grandes cosas sobre ti, muchacho. Bienvenida a ti también, Mielle.
- Gracias, Majestad.- dijo Aldren, con una perfecta reverencia.

Mielle, a pesar de que había pronunciado aquellas mismas palabras en un tono de voz casi inaudible, había efectuado una reverencia impecable. Nadia empezó a sentirse mal. El calor de la habitación comenzaba a resultarle sofocante y deseaba con urgencia quitarse al menos la capa. Era consciente de que en aquel momento tenía la cara como un tomate y sentía un vacío en el estómago que asoció a la vergüenza y al nerviosismo. No tenía ni la más remota idea de cómo se hacía una reverencia y sabía que, al intentarlo, sólo se iba a poner en evidencia haciendo el ridículo.

- La chica es Nadia, mi protegida.- dijo entonces Iluna, con un deje de desafío que pasó desapercibido para la muchacha.

En los fugaces segundos que siguieron a aquellas palabras, la mente de Nadia trabajaba a toda velocidad dándole vueltas y más vueltas al asunto de la reverencia. Tal vez fuera un detalle insignificante, pero a ella le parecía de vital importancia: se negaba a parecer torpe o ignorante. Por ello, al final, decidió no inclinarse ante Erasto, rey de Ebaím. No estaba dispuesta a quedar como una estúpida al intentar imitar burdamente las perfectas reverencias de sus compañeros, y además... aquella persona no era su rey. Se limitó a inclinar la cabeza y a murmurar unas palabras que salieron de su boca de forma casi automática.

- Gracias, Majestad, por recibirme en su casa.

Erasto la miró con tanta fijeza que parecía querer ser capaz de atravesarla y ver en su interior. Nadia, cohibida, se esforzó por no dejar traslucir su turbación. Tras lo que se le antojó una eternidad, el rey de Ebaím inclinó la cabeza ante ella, asombrándola: no se había inclinado ante ninguno de sus amigos.

- Es un honor para mí tenerte aquí, Nadia.- dirigiéndose a Iluna y Garue, añadió.- He aplazado el Consejo para más tarde. Ahora mismo, cocina está preparando el banquete que llevamos tanto tiempo postergando. Seréis mis invitados de honor. Por el momento, podéis ir a vuestras habitaciones y descansar allí hasta que esté servida la cena. Ahora, si me disculpáis... tengo algunos asuntos que atender.- acabó, con una sonrisa.
- Maestro...- dijo Aldren, adelantándose un paso sin poder contenerse.- Necesito hablar contigo.
- No te preocupes, Aldren.- replicó éste.- Tendremos tiempo después.
- Sí, Maestro.- aceptó él, con la cabeza baja.

1 comentario:

Carlos dijo...

Menuda pompa y seriedad en el ambiente, leche xD Aunque a mí también me haría ilusión estar en un palacio, debe ser genial ^^
¡Yo sí sé hacer reverencias! (costumbres raras de mi rara profesora de música xD) Pero también me daría corte y lo haría mal xD
Me sorprende que el rey no se haya ofendido... Supongo que le tiene miedo al poder de Nadia xD
Un besazoo!