viernes, enero 1

Nueva Nadia: Capítulo 5, parte 2

El viaje hacia Noorod, la capital de Ebaím, fue largo. Contrariamente a lo que Nadia esperaba, sin embargo, no se le hizo aburrido y cada día que pasaba sentía imbuida de una nueva y desconocida fuerza que le ayudaba a mitigar sus preocupaciones y a encararse con el mal temporal que intentaba ensombrecer su ánimo y además les dificultaba el camino con sus intermitentes tormentas de nieve y sus feroces ventiscas heladas.

El entretenimiento venía servido de mano de Iluna y Garue, cuyas contínuas disputas eran la comidilla de cada día. Los rastreadores peleaban sin cesar, lanzándose insultos más o menos intensos, más o menos novedosos e inventando algunos nuevos. Se perseguían mutuamente, luchaban y se gritaban. Nadia y Mielle, a veces, escuchaban a la ninpou murmurando tacos en sueños y mencionando a Garue desde su inconsciente dormido. A pesar de que la muchacha consideraba sus discusiones divertidas e interesantes era lo suficientemente suspicaz para advertir que lo que Iluna sentía por el rastreador iba más allá que un simple ajuste de cuentas, aunque ni siquiera ella misma fuera consciente de ello.

Dado que los dos rastreadores pasaban la mayoría del tiempo enfrascados en sus luchas verbales y físicas, Nadia tuvo tiempo de sobra para conocer más a fondo a Mielle y Aldren, para estrechar sus lazos de amistad y profundizar en la relación que los tres mantenían hasta tal punto que no tardaron en hacerse casi inseparables. A pesar de que Nadia siempre había sido una chica tímida, a la que le costaba confiar en la gente y hacer nuevas amistades, con ellos dos no era así. La relación que tenía con Mielle había sido forzada por las circunstancias y ambas se habían hecho amigas casi por obligación: no habían tenido la oportunidad de plantearse si alguna de las dos estaba dispuesta a compartir algo más que una cordialidad superficial. La huida del fuerte del hechicero Irio, como los acontecimientos que se sucedieron después, las hizo aunar fuerzas y eso las convirtió enseguida en buenas compañeras que debían confiar la una en la otra y apoyarse mutuamente.

Pero con Aldren era diferente. Parecía que se conociesen de toda la vida y Nadia no tenía miedo a mostrarse tal y como era en realidad porque sabía de antemano que él la aceptaría sin reparos. Ni siquiera era un presenimiento o un pensamiento, sino más bien una especie de sentimiento. No lo entendía y no sabía de dónde procedía, pero la hacía inmensamente feliz y la ayudaba a sentirse segura. Entre los tres se aliaron para ahuyentar la soledad y la tristeza que los acechaba a cada uno, a su manera.

Llegaron a la ciudad una rosada tarde en la que parecía que el invierno por fin se quedaba atrás..., o al menos esa era la esperanza que Nadia albergaba. No había caído ni un solo copo desde la pasada noche y el grueso manto blanco que cubría las colinas había disminuido en espesor. Garue iba al frente. A Nadia le intimidaba un poco aquel hombre siempre vestido de negro, con la capucha ocultándole el rostro y a lomos de su oscura montura. Parecía un espectro o una figura siniestra, y la muchacha no sabía qué pensar de él. Iluna le había advertido, y dejando a un lado las conclusiones de la rastreadora, le parecía demasiado misterioso para ser de fiar. Guardaba un sin fín de secretos que no parecía dispuesto a compartir y eso la inquietaba.

Mielle y Aldren cabalgaban a su lado y los tres iban muy juntos sin hablar entre ellos, mientras que Iluna, extrañamente silenciosa, cubría la retaguardia a poca distancia de ellos. Rozando el horizonte, el disco solar teñido de rojo se escondía irremediablemente, alargando las sombras hasta confundirlas con la creciente oscuridad. Como buen aficionada a la fotografía, Nadia adoraba las puestas de sol y en su casa intentaba no perder la oportunidad para captar con su cámara aquellas hermosas luces que la fascinaban. Pero allí, en Nerume, había tenido que soportar la rabia y la frustración de ser incapaz de inmortalizar aquellas, de una belleza insuperale, de un aura especial más mágica y antigua, completamente única.

Sin embargo, en ese momento Nadia no prestaba la más mínima atención al crepúsculo. Se encontraba sumida en la perplejidad que le inspiraba la ciudad de Noorod, que se alzaba delante de ella majestuosamente. Cuando días atrás había intentado imaginarla, no había podido esbozar un tamaño aproximado y por ello lo había hecho a imagen de Taltha aunque algo mayor. Pero se había equivocado completamente, pues la ciudad era muchísimo más grande de lo que su imaginación había dibujado en su mente. Las murallas, inmensas, destellaban con reflejos cobrizos al ser alcanzadas por los últimos rayos de sol y se perdían de vista por ambos extremos. Mielle, a su izquierda, las contemplaba boquiabierta y Nadia pensó que ella misma debía ofrecer una expresión de semejante sorpresa. Aldren, en cambio, se limitaba a observar sus muecas de asombro con una sonrisa de satisfacción.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Ya están en Noorod... ¿Qué pasará en la capital? ¿Un nuevo ataque? ¿Muerte? *3*
Y Nadia sospecha que Iluna está enamorada de Garue, ¿a que sí? Yo también lo creo xD A ver si acaban juntos ^-^
En fin... Que me encanta, muuucho, mucho más que mucho ^^
Y que espero que sigas pronto.
Un besazo, y feliz 2010!!

Carlos dijo...

Alice no tiene más de quince años, y no es que sea un final inconcluso, es que aún queda el comodín, aunque no esté en la baraja española xD
Y por cierto, me he dado cuenta de que 'Ebaím' tiene casi las mismas letras que 'maybe' xD Es que me dedico a buscar cosas como esa, porque es mi método para inventar nombres de lugares (Abbise->babies) xD
Un besazo!