miércoles, enero 20

Gatos

[Imagen por Tita-kit]

Todavía era muy temprano y la neblina matinal aún estaba presente, colgando de las ramas de los árboles y de las cuerdas de tender. Amy apenas sentía la punta de la nariz.

Los pequeños charcos de la noche anterior estaban cubiertos por una fina y blanquecina película de escarcha. El suelo estaba algo resbaladizo y ya había estado a punto de caerse en dos ocasiones desde que había salido de clase. La Universidad estaba desierta y sumida en el silencio; era bastante pronto y aún quedaba una hora para el comienzo de su primera clase. En vez de dirigirse a la entrada principal, cruzó la carretera y se encaminó al pequeño grupo de pinos que había al final del aparcamiento.

Los gatos no estaban allí, pero sabía que no podían andar muy lejos. Ya los había visto varias veces, cuando Vera la llevaba a casa en moto. Echó un vistazo entre los árboles, buscando un lugar refugiado y algo más seco para dejar el cacharro de plástico. Lo colocó entre las raíces de uno de los pinos y lo rellenó con una bolsa de pienso para gatos que sacó de la mochila.

Los animales no tardaron mucho en aparecer, atraídos por el ruido de la comida. Eran dos. Ambos eran pequeños, tal vez de unos cuatro meses, uno gris y rayado y el otro blanco y negro. El gris se parecía mucho a Greyash. Estaban muy delgados y tenían el pelaje húmedo. Amy se apartó un poco para no intimidarlos, y los gatos acabaron por acercarse para comer del cacharro, con las orejas giradas hacia atrás. La muchacha sonrió.

Un coche entró en el aparcamiento y se detuvo en una plaza libre cerca de donde ella se encontraba. Amy no entendía mucho de coches, pero vio que era un mercedes y era necesario ser un entendido en la materia para advertir que era un modelo caro. Elegante, de color plateado metalizado. El motor se apagó con un suave ronroneo y un muchacho, algo mayor que ella, salió del vehículo. Era aquel chico rubio de ojos claros y sonrisa magnética que había llamado la atención de Vera en la cafetería. Tenía un abrigo largo, de color verde oscuro, y unos pantalones vaqueros. Se quedó de pie junto al automóvil, contemplándola.

- Hola.- la saludó.
- Hola.- contestó ella.

Los ojos del muchacho miraron a los gatos antes de clavarse en ella nuevamente.

- ¿Vas de alma caritativa por la vida?- preguntó, sonriendo.
- Lo intento.
- Eso está bien. Es bueno que haya personas como tú en el mundo.- hizo una pausa y añadió.- ¿Cómo te llamas?
- Amy.
- Yo me llamo Dem.
- ¿Dem?- repitió.- ¿De qué es diminutivo?
- Esa es una pregunta muy personal.- comentó, con aire pícaro.- Si hablamos más a menudo, a lo mejor te lo digo. Es pronto todavía...- dijo, mirando al cielo nublado.- ¿Te hace un café? Invito yo.

Amy frunció los labios, pensativa. Recordó su conversación con Vera... y decidió no dejarse llevar por las primeras impresiones y darle una oportunidad. Asintió con la cabeza y sonrió ligeramente.

- Está bien. Me has dejado intrigada.

2 comentarios:

C. Morrigan dijo...

vaya, me ha gustado tu escrito. He aqui una seguidora más.

Carlos dijo...

Huum... Dem me va a caer como el culo, ¿me equivoco? Porque me da la impresión de que sí...
Respecto a Nadia, pobrecilla, debe estar agotadísima después de abrir el portal y cabalgar hasta la noche, sin un momento de descanso... Lo que no me pega es que Iluna y Garue vayan juntos a cazar, a no ser que se cacen entre sí xD
Esto se pone cada vez más interesante, y me refiero a ambas historias xD
Un besoo!