domingo, diciembre 13

Nueva Nadia: Capítulo 3, parte 4

Nadia se despertó al sentir un dolor agudo en las espinillas. Intentó girarse para aliviarlo, pero algo pesado sobre sus piernas se lo impedía. Molesta, levantó la cabeza y descubrió a Mielle aún sentada sobre la silla, dormida a los pies de su cama. Volvió a hundir la cabeza en la almohada y a cerrar los ojos, respirando lentamente, para incorporarse otra vez al cabo de un minuto. Sacudió a la joven por los hombros, pero ésta no dio signos de enterarse de nada.

- Mielle.- la llamó.- ¡Mielle!

Mielle dio un respingo y se despertó con los ojos como platos mientras su mano volaba veloz a la empuñadura de su espada. Aquel movimiento le provocó una mueca de dolor.

- Tranquila, soy yo.- dijo Nadia.

Mielle asintió imperceptiblemente. Tenía los ojos enrojecidos y el cabello revuelto. Parecía muy cansada.

- ¿Qué hacías ahí?
- Estuve esperando a Iluna.- contestó ella.- Pero debí quedarme dormida.- Mielle echó un vistazo a la habitación; no había rastro de Iluna por ninguna parte.- ¿Habrá venido en algún momento o habrá pasado la noche fuera?
- Ni idea, pero eso es asunto suyo.

Nadia estiró el cuello para atisbar a través de la ventana de la estancia. El cielo, brillante y pálido, no le daba muchas pistas de la hora que era.

- Creo que se los ha hecho un poco tarde.- comentó Mielle, siguiendo su mirada.

Se puso en pie, se alisó la falda del vestido y se peinó la melena rizada con los dedos. Observó a Nadia de forma inquisitiva.

- ¿Qué quieres hacer?

Un rugido de su estómago contestó por ella. La historia sobre los vaheri que Mielle le había contado anoche y todo el cansancio acumulado por la huida del fuerte habían podido con ella y la habían obligado a dormirse sin probar bocado. Estaba increíblemente hambrienta.

- Pues no sé tú, pero yo por lo menos me estoy muriendo de hambre.- fingió pensar un instante.- ¿Qué tal si bajamos a desayunar?

Mielle rió alegremente, olvidándose un poco de la desgracia ocurrida recientemente y de la verdadera identidad de Nadia. La ayudó a salir de la cama y después, como tenía por costumbre hacer debido a su trabajo de doncella, quiso ayudarla a vestirse. Sin embargo ella negó con la cabeza.

- Ni se te ocurra. No eres mi criada, y ni siquiera eres mi asistente médico, sino mi amiga. Y aparte de eso, no soy nadie importante, por lo que no tienes que servirme. Es más, puedo hacerlo perfectamente yo solita, así que es algo estúpido. E incómodo.

Mielle la contempló con una mezcla de perplejidad y admiración y acabó por sonreír otra vez. Aquel trato que Nadia le dispensaba, cálido y completamente informal y desenfadado, le resultaba sorprendente y agradable. Se preguntó si aquella fachada de ironía y buen humor escondía miedo, y se dijo así misma que aunque así fuera... el simple hecho de intentar poner buena cara y sonreír demostraba un gran valor.

Después de que Nadia se vistiera bajaron a la sala común de la posada para desayunar. Ocuparon una mesa cerca de una ventana, a través de la cual se veía la actividad reinante en el patio del complejo, donde los mozos iban y venían de un lado a otro obedeciendo las órdenes de sus superiores. Poco después de que se sentaran apareció un hombre calvo y regordete con un delantal de cuadros en torno a su cintura, que se aproximó a ellas con una afable sonrisa en los labios.

- ¡Buenos días, pequeñas damas!- saludó con alegría.- ¿Han pasado una buena noche?
- Muy buena, gracias.- contestó Mielle con cortesía.- Por fortuna no sabrá usted si anoche llegó a la posada una mujer joven de cabello corto y gris, ¿verdad?
- No he visto a nadie que responda a esa descripción, lo lamento mucho. ¿Se trata de alguna amiga vuestra?
- Sí, señor.
- ¡Bueno, no debéis preocuparos! Taltha es una ciudad tranquila.

Nadia se mordió el labio, pero no dijo nada. Los vaheri habían atacado el fuerte del Hechicero no muy lejos de allí, así que... ¿que les podría impedir llegar también hasta Taltha? Afortunadamente, la conversación dio paso al menú del desayuno y después de tomar nota mental, el posadero se alejó hacia las cocinas silbando suavemente para sí.

El desayuno era muy distinto a lo que Nadia solía tomar en su mundo, y no fue totalmente de su agrado. Consistía en una jarra de leche caliente, pero sola. Sin ni siquiera un poco de azúcar. Nadia la miró con los labios fruncidos en una mueca de asco y tras olisquearla, la apartó con disimulo hacia un lado.

- ¿Qué te pasa? ¿No te gusta?
- Aquí no sabréis lo que es el polvo de cacao... ¿verdad?- inquirió Nadia.
- ¿El qué?
- Nada, no importa.- respondió ella con amargura.

Lo siguiente fue una enorme bandeja de tostadas de pan recién horneado con deliciosa mermelada de frutas. Nadia, que no había sido nunca una fanática de las tostadas, las devoró con ansiedad y pidió una tanda más. El era dorado y crujiente y la mermelada cremosa y sabía a fruta de verdad. Una vez saciada y satisfecha se inclinó hacia atrás con un suspiro de felicidad.

1 comentario:

Carlos dijo...

Jouch, qué exigente Nadia con la comida -...-''
¿Qué tiene de malo un poco de leche sola? Con lo rica que está la leche natural... Y yo tampoco soy muy aficionado a las tostadas, pero tengo que comerlas todos los días lectivos por la mañana (así que, al final, en vacaciones no las quiero ver ni en pintura).
Y cuando aquí la amiga nadia oyó lo de que era la llave, debía estar muy dormida, porque decir 'que no era nadie importante' si recuerda haber oído eso... xD
Me encantan Mielle y Nadia, son tan humanas... A ver cómo sigue esto ^^
Y respecto a Kat, ahora es cuando digo 'Bueno, haber imaginado que su relación con Blaze tenía que acabar en desastre', ¿no? xD
Y es que la pobre es un poco torpe, y lo de los desmayos es un gaje del oficio (ser Breaker xD).
Y a un balneario no, pero si supieras lo mucho que viajará en el futuro... Puuf... Visitará toda España, Francia, probablemente Italia, Egipto... Si no fuesen viajes de trabajo... xD
Un besazo!!
Carlos