lunes, diciembre 14

Nueva Nadia: Capítulo 3, parte 5

Nadia miró a través de la ventana, ociosamente, y vio algo que captó su atención. Un gato delgado y gris había saltado a lo alto del alféizar y las observaba tranquilamente con sus ojos añiles. Con una sonrisa, la joven se puso de rodillas en la silla y abrió un resquicio de la ventana para que el animal entrara al interior, acompañado de una ráfaga de aire helado.

- Nadia, ¿qué haces...?- preguntó Mielle.
- ¡Mira! Es Iluna.

La gata se subió a lo alto de la silla que quedaba libre y, apoyando las patas delanteras en el borde la mesa, extendió el cuello para meter el hocico en el vaso de leche que Nadia no había querido beberse. Mielle la contempló con reprobación.

- No debería hacer eso. Si la ve el posadero puede que no le guste...
- Iluna.- dijo Nadia, con firmeza.- Deja de hacer el tonto y compórtate.

La gata le dedicó un gruñido ahogado antes de que su silueta resplandeciera con un cegador brillo púrpura. Cuando la luz desapareció, la rastreadora apareció sentada y cruzada de piernas, relamiéndose la huella blanca que la leche le había dejado encima del labio superior. Su expresión era neutra.

- Buenos días.
- ¿Dónde has estado?- le preguntó Nadia, inmediatamente.- No has venido a dormir a la posada.
- Ya. Estuve cerciorándome de que no había ningún enemigo en los alrededores y no hay ni rastro de la presencia de los vaheri.
- ¿Y eso te llevó toda la noche?- repuso la muchacha.

Iluna la miró con enfado.

- ¿Hubieras preferido hacerlo tú, listilla?
- Por favor, no alcéis la voz.- pidió Mielle, intranquila.- No pasa nada. No hay vaheri cerca, y eso es lo importante.
- Exactamente.- coincidió la rastreadora.
- Iluna... ¿sabes si los soldados han vuelto ya a la ciudad?
- No han regresado.- respondió, de nuevo de forma neutra.
- ¿Hay algo que no nos estás contando?- inquirió Nadia.

De nuevo, la mujer la miró con el ceño fruncido y cara de pocos amigos. Mielle no sabía quién parecía de peor humor, si la ninpou o su nueva amiga.

- Eres demasiado perceptiva, pequeña.- bufó Iluna.- Sí. Sé algo, pero no es agradable.
- Desembucha.- ordenó Nadia, con un nudo en la garganta.

Temía las palabras de Iluna. Temía que pudiera decir que Aldren estaba muerto, o que su vida corría peligro inminente... temía que el desastre ocasionado por los vaheri fuera irremediable. Pero prefería saber lo que había sucedido a permanecer más tiempo en la ignorancia.
La mujer resopló.

- De acuerdo.- aceptó. Miró a Mielle disimuladamente.- Medité... sobre lo que ambas me pedísteis anoche y se me ocurrió una idea. No pensaba abandonar la ciudad, pero tenía a mi disposición otras fuentes de información.
- ¿Cuáles?
- Soy una ninpou.- les recordó, encogiéndose de hombros.- Puedo invocar bestias.
- Yo creía que sólo podíais invocar bestias míticas...- murmuró Mielle.
- Sí, pero eso es extremadamente complicado. Y además, me temo que he perdido algo de práctica. Mi poder se ha oxidado un poco, después de los años que me he pasado vigilando a Nadia.- añadió, con una extraña sonrisa maternal.
- Lo siento.- dijo ella, de forma automática.
- No tienes porqué disculparte. Desde luego, fue muy, muy entretenido.- su sonrisa se evaporó y sus rasgos adoptaron expresión de gravedad.- La cuestión es... que invoqué a algunos de los animales del bosque de Taltha que me dijeron lo que había pasado.
- ¿Y...?- preguntó Mielle, con tono estrangulado.
- Muy pocos lograron escapar. Al no encontrar lo que buscaban, los vaheri lo pagaron con los que habitaban el fuerte... Muchos fueron asesinados. Los menos consiguieron huir, y los soldados están buscándolos en estos momentos. Lo siento... Mielle.

Mielle abrió mucho los ojos y durante un fugaz instante, dio la impresión de que se iba a echar a reír debido a la expresión de incredulidad en su rostro. Palideció y unas lágrimas descendieron desde sus pestañas a sus mejillas, mientras cerraba los ojos con un jadeo angustiado. Nadia se dio cuenta de que estaba conteniendo la respiración y que era incapaz de apartar la vista de su amiga. El hecho de que Aldren pudiera haber muerto la golpeó como un mazazo, privándola de cualquier pensamiento o sentimiento. De forma casi automática, rodeó los hombros de Mielle con sus brazos en un intento por consolarla, o por consolarse a sí misma, pero sabía que nada de lo que hiciera o dijera podría aliviar el sufrimiento que ambas compartían en aquel momento. Iluna las contemplaba con una mirada compasiva.

- Nadia, ¿qué tal si vas a comprobar cómo se encuentra nuestro caballo?- sugirió.

La joven sabía que era una excusa, pero asintió con la cabeza y salió de la posada sintiéndose vacía... como una marioneta. Bajó las escaleras y se dirigió a los establos de forma inconsciente. Por fortuna, no habían nadie en los alrededores. Se cobijó en el interior del edificio y contempló el cielo blanco al mismo tiempo que reprimía las ganas de echarse a llorar.

No sólo se trataba de Aldren, sino de toda aquella gente que había muerto injustamente. No los conocía, pero se sentía responsable de lo que había sucedido. No estaba segura, pero creía adivinar que los vaheri la buscaban a ella. ¿Era culpa suya? ¿Era culpa suya que todas aquellas personas hubieran muerto, que Mielle se hubiera quedado sin hogar y sin aquellos a los que consideraba su familia? La mera posibilidad de que así fuera hizo que le flaquearan las rodillas y que se pusiera a temblar. Podía sentir claramente el peso de todas aquellas vidas masacradas sobre sus hombros... y se trataba de un peso abrumador. Apretó los dientes y los puños cuando la imagen de Aldren volvió a cruzar su mente. No sabía... no entendía porqué, pero sabía que entre ellos existía una importante conexión. Él estaba bajo su responsabilidad, de forma extrañamente íntima.

Oyó unos pasos y súbitamente alguien entró en el establo, haciéndola saltar y ahogar un grito, sobresaltada y con el corazón latiéndole muy deprisa. Era un hombre alto, enfundado en una larga y tupida capa marrón, que llevaba un pañuelo negro que le tapaba la boca. Alzó las manos, despacio.

- Lo siento mucho. No pretendía asustarte.
- No pasa nada...
- Tranquila. Sólo quería hacerte una pregunta. ¿Podrías indicarme el camino a la Plaza Mayor?
- Perdone, pero yo no soy de aquí. No sé cómo ir.

Debido a la oscuridad y a que el hombre llevaba la cara medio tapada, Nadia no pudo ver su expresión. Aún así sintió un estremecimiento mientras él la miraba y luego creyó verlo sonreír.

- No importa. Muchas gracias de todas formas.

Nadia se limitó a hacer un gesto con la cabeza y el desconocido se dio la vuelta y se marchó del establo. La muchacha se asomó y lo vio salir de la posada, cruzando el portón de hierro al otro lado del patio de grava. Y mientras lo observaba sintió una extraña sensación de desasosiego en su interior. Finalmente suspiró, se limpió las lágrimas en sus ojos, y volvió a entrar en la posada.

1 comentario:

Carlos dijo...

Aish... Ya veo por qué no dejaste que Nadia se bebiese la leche, tenía que bebérsela Iluna xD Pobre Mielle... Si no supiera que Aldren sigue vivo, me deprimiría xD
Oye, ¿y quién es este hombre tan misterioso? Quiero saberlo yaa! Jooo!!

Sí, a veces es mejor no engañarse a uno mismo y cortar por lo sano para evitar hacerse daño.
Y de Kat no te preocupes, no podía matar tan pronto a la protagonista xD Aún le queda muuucho tiempo de vida, pero la historia no tiene spa incluido xD
Y a Alaric lo vamos a tener durante toda la primera parte de la novela por lo menos, así que ya te hartarás de él xD
Un besazo!
Carlos