viernes, diciembre 18

Nueva Nadia: Capítulo 4, parte 2

Iluna miró al hombre con cara de pocos amigos.

- No, ya lo hago yo.- repuso, girándose hacia las chicas.- Este es Garue, un colega rastreador.
- ¿Colega?- preguntó Mielle, perpleja.- ¿Qué es eso?
- ¿Colega?- repitió Nadia, con las cejas arqueadas.- No me lo creo.
- No me refiero a colega en el sentido de amigo.- aclaró la rastreadora con rapidez, fingiendo tener un escalofrío.- Sólo es un compañero de profesión. Él también es un ninpou.

Garue enarcó cejas, pero no dijo nada. Nadia advirtió que Mielle miraba fijamente algo en el cuello del hombre, pero cuando ella quiso prestar más atención él ya se lo había cubierto con la bufanda de lana que llevaba alrededor y observaba a la muchacha con una sonrisa misteriosa.

- ¿Va a venir con nosotros, Iluna?- preguntó, pensativa.
- Por desgracia, sí.- respondió ella, con un tono de voz que denotó una profunda amargura y resignación.
- ¿Iluna?- inquirió Garue.- ¿De dónde sale ese nombre?
- ¿No estás hablando ya más de la cuenta?- replicó ella con acritud.- Ese es el nombre por el que me hago llamar ahora, así que agradecería que tú también me llamases así.
- Como tú quieras, Xisel.- dijo el hombre, de forma burlona.

Mielle, que miraba la puerta con el ceño fruncido, musitó para sí.

- Tarda demasiado.

Nadia no supo si fue debido a las palabras de su amiga o a algo completamente diferente, pero de repente una leve descarga eléctrica recorrió todo su sistema nervioso provocándole náuseas. A pesar de sentirse débil, se puso en pie con un enérgico salto y se acercó a la puerta. Quiso abrirla utilizando el picaporte, pero el cerrojo debía estar echado por dentro y éste no cedió ante sus insistentes giros. La voz de Iluna, muy lejana y difusa, quedó ahogada por una intensa melodía de percusión que le martilleaba los oídos y le hacía bullir la sangre, privándola de su propia conciencia. Desesperada, golpeó la puerta con ambos puños y ésta se rompió en mil astillas bajo el contacto de su mano.

En el interior había un hombre vestido con la túnica de los sanadores que sin embargo no estaba efectuando ningún reconocimiento a Aldren. El extraño cargaba con el muchacho inconsciente sobre sus hombros y estaba muy concentrando frente a un remolino que parecía absorber todo cuanto lo rodeaba. Al oír el ruido de la puerta al destruirse se giró con ojos desorbitados y el remolino desapareció abruptamente. El farsante actuó con rapidez y lanzó sobre Nadia un rayo verde que se desvaneció antes de alcanzarla. Incapaz de creer lo que veía, y en un estado cercano a la histeria, el hombre repitió aquel ataque inútil dos veces más antes de que la muchacha llegara hasta él. Entonces alzó las manos en señal de rendición y depositó a Aldren sobre la cama. Nadia, en un frío cálculo, esperó a que el hombre se alejara del joven y acto seguido le pegó un fuerte puñetazo en la nariz. El desconocido cayó de bruces en el suelo, lloriqueando y farfullando palabras incomprensibles que Nadia ni siquiera escuchaba.

Hubiera seguido pegándole de no ser porque alguien la detuvo sujetándole el brazo con fuerza. Nadia se dio la vuelta dispuesta a defenderse y se encontró con los ojos de Iluna, que la observaban con cierta expresión de temor. La muchacha forcejeó intentando liberarse, pero la rastreadora era mucho más fuerte que ella y no aflojó la presión ni un instante. Poco a poco, la melodía que la inundaba perdió intensidad y con ella, las ansias de pelea de la joven. Cuando su interior se quedó en silencio, Nadia se derrumbó en el suelo, pálida y temblando de forma incontrolable. Una chispa roja se apagó en sus puños, y aunque ella no lo advirtió, Iluna y Garue intercambiaron una mirada preocupada. Mielle, que lo había contemplado todo con miedo y estupor, había metido a Aldren en la cama con ayuda del ninpou y lo arropaba con ternura. Garue agarró del cuello del la túnica al falso sanador y lo levantó del suelo con brusquedad. El hombre era incapaz de apartar la mirada de Nadia y ésta se sorprendió de ver reflejada en ella un pánico absoluto. Sólo le había dado un puñetazo.

- Ven conmigo, pequeña.- le dijo Iluna con suavidad.

Nadia obedeció y se dejó abrazar por la rastreadora, que apoyó sus labios sobre su frente y le acarició el pelo mientras suspiraba.

- Nadia necesita descansar, me la llevo a la posada.- le dijo a Garue.
- Yo entregaré a este bastardo a los soldados.- informó él.- Espero que lo interroguen y que averigüen quién lo envía.
- Y yo avisaré a los sanadores para que se ocupen de Aldren.- musitó Mielle, observando a su amiga con incredulidad.

Todos asintieron y abandonaron la habitación a un mismo tiempo.

***

2 comentarios:

Carlos dijo...

Aish, ¿es esa la fuerza de Nadia por la que todos están interesados en ella? Dios... Cada vez es más y más interesante, lo mío ya roza el vicio absoluto xD
¿Y qué será lo que llevaba Garue en el cuello? Siempre hay un montón de dudas en el aire en esta historia ^-^
Y Garue me cae bien, espero que no sea un hijem de putin como los protas de mi historia xD
Un besazo!
Carlos

Carlos dijo...

Jajaja No importa cuándo comentes, me contento con que lo hagas cuando puedas y quieras xD Sí, bueno, cuando escribí ese texto ya estaba mejor por la mañana, que me la pasé entera de bajón xD
Sí, Klaus es muy oportuno, pero en la próxima actu (que será mañana, los domingos son mi día de descanso xD) Kat ya tendrá el libro y haré una 'sinopsis' que ocupará lo mismo que un trozo de capítulo normal xD Respecto a los misterios... A algunos ya se les dará solución pronto, pero a los importantes aún les queda tiempo xD Es más, hasta que no llegue a las noventa entradas o por ahí no podré explicar nada según mis cálculos xD
Y le daré tiempo a esta novela, a ver cómo acaba Nadia... Ya tengo ganas de saber hasta dónde llega su poder. Y entre Garue e Iluna hay como química, seguro que esas escenas que tanto te gustan me encantarán xD
Otro beso muy muy grande para ti
Carlos