martes, diciembre 15

Nueva Nadia: Capítulo 3, parte 6

Iluna seguía hablando con Mielle, pero la joven ya no lloraba.
La rastreadora sostenía sus manos entre las suyas y mientras susurraba, la muchacha asentía con vehemencia y sus ojos brillaban con renovada determinación. Cuando tomó asiento de nuevo, ambas guardaron silencio. Mielle ya no parecía tan desgraciada e Iluna tenía el atisbo de una sonrisa de satisfacción pendiendo de la comisura de sus labios.

- ¿Qué tal el caballo?- preguntó.
- Como una rosa. Perfectamente.
- Genial.- dijo, con un bostezo, y poniéndose en pie.- Pues yo me despido, chicas. Necesito un descanso.
- ¿Dormirás?- inquirió Nadia.
- No, iré a beber algo.

Nadia frunció el ceño y la observó con reprobación. Iluna enarcó las cejas, sorprendida.

- ¿Qué pasa, por qué me miras así?
- Estás que te caes. No me parece bien que vayas ahora a beber.
- Tú no te preocupes, que beberé hasta quedarme dormida.- rió la rastreadora.
- Tampoco me parece bien que te emborraches.
- ¿Desde cuando eres mi madre, Nadia?- protestó Iluna, a la defensiva.- Haré lo que me de la gana. Llevo mucho tiempo sin probar la cerveza y quiero darme un capricho, ¿te enteras? Me merezco un pequeño homenaje.
- Me gustabas más cuando sólo maullabas.- añadió, sonriendo socarronamente.

La rastreadora la fulminó con los ojos entrecerrados y con expresión ofendida, les dio la espalda y se marchó de la posada haciendo tintinear la puerta a su espalda. Mielle la observó con perplejidad.

- ¿Se ha enfadado?
- ¿Eh? Ah, no creo.
- ¿Por qué le has hablado así?
- Yo lo llamo "Juego de Ironías".- explicó Nadia con una sonrisa pícara.- Entretiene bastante. Iluna tiene cierta ventaja, puesto que me conoce muy bien, pero aún así no es rival para mí.

Mielle sonrió ligeramente y se levantó. Se sacudió las migas del desayuno y miró por la ventana con aire pensativo y distante. Volvían a caer delicados copos de nieve, amontonándose de nuevo el suelo del patio. Resultaba una visión melancólica. Mielle cogió un par de guantes del bolsillo de su capa y se los puso. Nadia la miraba en silencio.

- ¿Quieres que demos un paseo por la ciudad? Puedo enseñártela.- sugirió, intentando parecer alegre.

Nadia le sonrió, agradecida. Era difícil fingir que todo iba bien, pero si tenía compañía le resultaba más fácil; entre las dos tal vez consiguieran olvidarse por un rato de lo que había sucedido en el fuerte. Se miró las manos, y luego echó un vistazo al exterior. Predijo que se le iban a quedar insensibles por el frío, pero se puso de pie y entrelazó el brazo con el de su amiga. Ambas abandonaron la posada bajo la débil manta de copos de nieve.

***

Recorrieron la mayoría de las avenidas y callejuelas de Taltha hasta la hora del almuerzo. La ciudad sorprendió gratamente a Nadia, que tuvo que rectificar su primera impresión sobre ella. Puede que desde fuera Taltha pareciera triste y gris, pero por dentro era muy diferente. A través de las ventanas, el interior de las viviendas y edificios era muy diferente de su aspecto exterior y estaban llenas de colorido y calidez.

También había gente en la calle. Después de alejarse una o dos calles de la posada, se encontraron con una guerrilla de bolas de nieve. Dos grupos de niños, refugiados cada uno tras las esquinas a cada extremo de la avenida, con unas bufandas tan largas que arrastraban por el suelo, habían convertido la calle en una auténtica batalla campal. Sus chillidos se elevaban hacia el cielo como gritos de guerra mientras se lanzaban enormes bolas de nieve unos a otros a una velocidad de vértigo. Aquello consiguió arrancar una sonrisa a Mielle, que los contemplaba con expresión nostálgica.

- Este es el entretenimiento por excelencia de cualquier niño en Taltha: las guerras de bolas de nieve.
- Me dan mucha envidia.- musitó Nadia, mirándolos con ojos risueños.- En mi ciudad no nieva casi nunca, y me hubiera encantado poder jugar una de éstas cuando era pequeña. Aún así, las guerras de globos de agua tampoco están tan mal.- reflexionó, casi para sí.
- ¿Globos de qué?- repitió Mielle.
- Globos de...
- ¡Cuidado!- gritó alguien.

En un movimiento tan instintivo como automático, Nadia agachó la cabeza e inclinó la espalda hacia abajo justo a tiempo de evitar un enorme bolazo de nieve que se dirigía directamente hacia ella. Resopló con alivio y se giró con una mueca de enfado hacia los niños, que de repente se habían quedado paralizados y las miraban con miedo evidente.

- ¡Tened más cuidado! Podéis darle a alguien, ¿verdad, Mielle?

Nadia se giró, buscando el apoyo de su amiga, y tuvo que hacer un gran esfuerzo por reprimir la carcajada que acudió a sus labios. Tal vez Mielle no tenía tan buenos reflejos como ella, o quizá no había llegado a escuchar el grito de aviso, ya que su cara y su pelo estaban cubiertos de nieve. Mielle respiró hondo y después, parsimoniosamente, se agachó y cogió un montón de nieve. Le dio forma con las manos y la sopesó con aire experto. Nadia consideró que lo más probable sería apartarse, así que retrocedió unos pasos para quitarse de en medio. Con un chillido salvaje, Mielle se lanzó a la batalla tirando bolas de nieve a diestro y siniestro a los asombrados niños que, tras unos segundos de incredulidad, se recobraron de la impresión y continuaron el juego como Mielle como único objetivo.

Nadia era incapaz de parar de reír. Mielle era muy hábil ya que aunque todos los niños estaban en su contra, ella sola se bastaba para repatir bolazos con eficiencia. Aún así llevaba las de perder; los niños no jugaban limpio y algunos de ellos trepaban por su espalda y le colaban bolas de nieve dentro del vestido, o se enganchaban en sus pies con la intención de hacerla caer. Uno de ellos corrió hacia ella y con un grito le dio un placaje y la tiró al suelo. Nadia ya lloraba de la risa cuando alguien la hizo enmudecer en el acto con un golpe de nieve en la mejilla. Mielle, ya empapada y con una montaña de niños encima suya, le había tirado una certera bola que había dado en el blanco. Con una sonrisa maligna, Nadia cogió nieve a puñados con ambas manos y se metió en mitad de la lucha.

1 comentario:

Carlos dijo...

Jajaja Yo nunca me meto en las guerras de bolas de nieve xD Cuando las hacen en mi instituto, milagrosamente, soy el único que queda a salvo y seco xD Será que me tienen miedo y procuran que ni se me acerquen sus tiros xD
Con respecto a Abbise... Créeme, al menos durante las primeras cien entradas Klaus va a ser un personaje muy importante y misterioso. Ya se irá viendo, seguro xD La verdad, tienes razón, apenas he explicado cosas de él, voy a tener que empezar a hacerlo xD
Un besazo!
Carlos