jueves, diciembre 3

Nueva Nadia: Capítulo 3, parte 3

La posada era un edificio de dos plantas, construido en bloques de piedra gris, a la que se accedía por un alto portón de hierro que daba a un patio cuadrado donde dos jóvenes ataviados con capas marrones se afanaban para quitar la nieve del suelo. La puerta principal tintineó alegremente cuando Mielle la empujó para entrar en la sala común, una estancia muy espaciosa. Tenía las paredes revestidas con paneles de madera y decoradas por una colección de sencillos y hermosos tapices en tonos cálidos. Una chimenea donde ardía un agradable fuego y los braseros prendidos en las esquinas convertían la habitación en un lugar caliente y seco. Había unas cuantas mesas dispersas a lo largo de la sala, pero todas estaban vacías. El aspecto acogedor y familiar sorprendió a Nadia, quién no esperaba aquel contraste en comparación con la apariencia triste del exterior del edificio.

La muchacha se quedó muy cerca de la puerta mientras Mielle se acercaba al mostrador, donde una mujer rolliza de mejillas sonrosadas y pelo recogido las observaba con afabilidad. De repente se sintió exahusta; sólo quería quitarse aquella ropa mojada y meterse en una cama para dormir. Antes de que se diera cuenta, Mielle le había cogido la mano y tiraba de ellas escaleras arriba.

La habitación era amplia y tenía tres camas, cubiertas con mantas a cuadros, dispuestas en fila. Al lado de la ventana, por la cual se veían los tejados nevados de la ciudad, había una mesa redonda y pequeña con dos sillas, un armario y varias estanterías. Mielle, tras observar la estancia con una mirada aprobatoria, se acercó a la chimenea y la encendió. Después ordenó a Nadia que se metiera en la cama; la joven estaba tan cansada que ni siquiera rechistó y obedeció con prontitud. Dobló la almohada, apoyó la espalda en ella y cerró los ojos durante unos minutos. Mielle se quitó la capa, la colgó de un perchero que había tras la puerta y salió un momento al pasillo. Tras una breve conversación regresó y se sentó a los pies de la cama de Nadia, quien abrió los ojos y miró a su amiga con fijeza. Se sintió como una niña pequeña a la que iban a contar un cuento antes de dormir.

- ¿Con quién has hablado?
- Le he pedido a la doncella que nos traiga algo de cena y agua caliente. Quiero preparte una infusión de hierbas .
- Gracias, Mielle.- dijo con una sonrisa. Se cruzó de brazos y se inclinó ligeramente hacia delante.- Y ahora háblame de los vaheri.
- Está bien.- accedió ella, echándose el cabello rizado detrás de las orejas.- Pero primero tengo que contarte algunas cosas sobre Nerume, para que entiendas la situación. Nuestro mundo está compuesto por diez tronos, que en la lengua antigua significa "tierras bajo mando". Hay más aparte de lo que hoy por hoy conocemos, pero son tierras lejanas a las que nadie ha viajado jamás. Se dicen que son territorios sagrados, pertenecientes a los dioses, y nadie se ha atrevido a explorarlas. Los diez tronos son Ebaím, Ihaus, Ulime, Iralia, Banule, Ohaizi, Nedera, Turmín, Eneme y Gimile. Cada trono está consagrado a un dios del panteón. Nosotros, los ebaímenos, rendimos culto al dios Írtaco.
- ¿Adorar a distintos dioses no es problemático?- preguntó Nadia, con el ceño fruncido.
- No, porque se trata de una misma religión.
- Ah, vale.
- También existen los Gobiernos Isleños, que son independientes y se dedican casi exclusivamente al comercio. Son Bríada, Vass, el Archipiélago de Derian y el de Nissbet. Su población es una mezcolanza muy heterogénea.

Nadia asintió, para hacerle ver que seguía sin problemas sus explicaciones.

- Generalmente, los tronos conviven en paz. Existen problemas, disputas, y guerras, pero siempre debido a asuntos humanos y no divinos. Hay un Organismo muy poderoso llamado el Consejo de los Diez, gracias al cual se resuelven la mayoría de los conflictos. Durante mucho tiempo... las cosas fueron así. Pero ocurrió algo que mucha gente creía impensable hasta aquel momento: un grupo de gente se sublevó en contra de la religión del Panteón y proclamó una nueva a la que llamaron Dualidad. La Dualidad rechazaba la existencia de los dioses y anunciaban la de dos nuevos: Vaahr y Rhava. Estas personas se nombraron a sí mismos "vaheri". Se celebró Consejo y se intentó sofocar la herejía, pero sin éxito. Los vaheri huyeron y durante un tiempo no se supo nada de ellos. Se pensó que se habrían cansado, que habrían muerto o entrado en razón, pero no fue así y los vaheri regresaron... siendo muchos más y estando mucho mejor preparados para luchar. La mayoría de los proscritos de cada trono se había unido a ellos y los había nutrido de individuos... por lo que se convirtieron en un pueblo independiente que declaró la guerra a la religión del Panteón y a los tronos. Los vaheri, por tanto, son nuestros enemigos.
- ¿En qué más se basa la Dualidad?
- Los vaheri piensan que Vaahr representa la feminidad, el poder de la creación y el lado bondadoso de la naturaleza, mientras que Rhava representa lo opuesto: lo masculino, la destrucción y lo maligno. Consideran que al igual que es natural que existan cosas buenas, también ven con buenos ojos los malos actos. No creen en la moral y no hacen distinción ninguna entre el bien y el mal. Eso los hace peligrosos.
- Entonces... ¿estáis en guerra?
- Exactamente. Desde hace mucho tiempo ya.
- Pero... ¿los vaheri son muchos? ¿Tienen... algún trono o... ciudad?
- No lo sabemos.- dijo Mielle, agachando un poco la cabeza.- Desconocemos muchas cosas sobre ellos.
- En mi mundo también hay guerras ocasionadas por la religión.- dijo Nadia con amargura.
- ¿Cuál es tu religión?- preguntó Mielle con curiosidad.
- Se llama cristianismo, y es una religión bastante popular. Mucha gente pertenece a ella. Se basa en la creencia de un Dios Todopoderoso que lo ve y lo sabe todo. Se supone que él creó el mundo, a los hombres, los animales, es él que da y quita la vida, está en todos sitios y ama a sus hijos, pero en cambio la Iglesia comete grandes injusticias en nombre de Dios.
- Por la forma en la que hablas no parece que le tengas mucha simpatía a tu dios.- opinó Mielle con suavidad.
- No creo en él.- respondió Nadia, casi desafiante.

Llegado a ese punto, Mielle creyó prudente abandonar aquel tema de conversación.

Unos minutos después, una joven con un vestido gris y la cabeza cubierta por un pañuelo blanco entró en la habitación y depositó sobre la mesa platos humeantes y una olla de hierro que dejó sobre el fuego. Mientras Mielle se levantaba para vigilar el agua, Nadia volvió a cerrar los ojos. No se sentía con ánimos de preguntar nada más. ¿Una guerra? No sólo estaba en un mundo peligroso y desconocido para ella, sino también implicada en una guerra. Se estremeció. De repente, el recuerdo de Aldren asaltó su mente y volvió a experimentar aquella sensación de ansiedad. Se revolvió entre las mantas y abrió los ojos para observar a Mielle. La muchacha había retirado la olla del fuego tras echar un poco de su contenido en un vaso de madera y ahora terminaba de machacar unas hojas de olor penetrante que también vertió en el vaso, junto con el contenido de un sobre marrón que espolvoreó por encima. Lo cogió con ambas manos y se lo ofreció a Nadia, quien lo olisqueó con reticencia antes de probarlo. Después del primer sorbo sintió un escalofrío que le hizo fruncir el entrecejo.

- ¡Está malísimo! ¿Por qué tiene que tener un sabor tan asqueroso?
- No es culpa mía que las medicinas sepan así.- se defendió ella.- Bébetelo rápido y no protestes.

Nadia se tapó la nariz y se lo bebió todo sin una sola pausa. Al terminar sacó la lengua con expresión de repulsión y Mielle disimuló una sonrisa.

- Ahora intenta dormir.- le recomendó, mientras la arropaba cuidadosamente.

Nadia suspiró y se hizo un ovillo bajo las mantas, sintiéndose una extraña en aquella cama que no era la suya. Súbitamente, un poderoso sentimiento de soledad hizo que se estremeciera de miedo. Allí, en aquella cama, en otro mundo, en medio de una guerra... sin nadie a quien recurrir... estaba sola. ¿Y... si no sobrevivía? Angustiada, quiso abrir los ojos, pero algo más fuerte que sus temores se lo impedía. El sueño la atrapaba entre sus garras sin que pudiera hacer nada por evitarlo.

Justo antes de quedarse dormida, Nadia pensó que tenía ganas de llorar.

1 comentario:

Carlos dijo...

Curiosa, la historia de los vaheri... Desde luego yo esperaba algo más raro y no una religión, más bien creía que serían una especie de raza mutante creada en unos laboratorios de magia sin querer xD Aunque claro, yo soy raro y tengo ideas raras xD
Y nadia tiene razón, en nuestro mundo la Iglesia ha hecho y hace cada gilipollez en nombre de Dios...
Como todo lo que escribes, me ha encantado ^^ A ver si continúas pronto ^^
Un besazo, y siento el retraso en comentar, estaba en mi Exilio (Asturias) y no tengo internet allí
Un beso
Carlos