lunes, noviembre 16

Nueva Nadia: Capítulo 2, parte 1

Al despertar, Nadia pensó que debía seguir soñando.
Así que cerró los ojos y respiró hondo. Se pellizcó y sólo entonces se atrevió a abrirlos de nuevo.
Sin embargo, todo seguía igual.

Se encontraba tumbada en una cama, baja y ancha, muy blanda y de mantas gruesas y cálidas. La habitación era amplia, de techos muy altos y paredes y suelo de piedra. El suelo estaba cubierto por alfombras de color rojo oscuro y las paredes, decoradas con tapices marrones y blancos. En cada esquina había un brasero de hierro que irradiaba oleadas de calor, confiriendo a la estancia una temperatura agradable. Había dos únicas ventanas, con forma de arco, protegidas por sólidas barras de hierro a través de las cuales era imposible asomar la cabeza. El mobiliario era escaso; únicamente una larga mesa junto a un extremo, sobre la cual reposaban varias lámparas de aceite cuyas llamas titilaban levemente.

Nadia parpadeó sin poder creérselo. Tal era su perplejidad que no se dio cuenta del palpitante dolor de cabeza que la atenazaba ni del camisón, largo y con encajes en las mangas, que llevaba puesto. Salió de la cama, mirando estupefacta a su alrededor. ¿Dónde estaba? ¿Qué era aquello? ¿Se trataba de una broma? Caminó sobre las losetas cuadradas y gélidas hasta la ventana más cercana, poniéndose de puntillas para atisbar algo más allá de la reja. Se quedó a cuadros cuando lo que vio fueron copos de nieve cayendo con lentitud desde el cielo encapotado y un bosquecillo de altos abetos cuyas puntas estaban coronadas de blanco. ¡Nieve! ¡En agosto!

- Es imposible...- susurró para sí.- Imposible...

Se giró para localizar la puerta de la habitación y corrió hacia ella. Era de madera y metal, y estaba cerrada. Nadia tiró del pomo redondeado con todas sus fuerzas, pero la puerta no cedió un ápice. Apoyó la oreja en ella y agudizó al máximo su sentido del oído, intentando escuchar algo al otro lado. Se quedó paralizada cuando oyó unos pasos que se aproximaban y lo que le pareció una voz femenina. Acuciada por un miedo repentino, Nadia se giró buscando inútilmente otra salida en aquella habitación que más que un dormitorio se le antojaba una celda. Pero no había ninguna otra puerta y era imposible salir por las ventanas, por lo que no pudo más que quedarse inmóvil mientras escuchaba el incofundible chasquido de una llave y observaba el pomo girar.

Cuando la puerta se abrió, la muchacha que apareció frente a ella gritó asustada al verla, llevándose una mano al pecho. Nadia también chilló, retrocediendo unos pasos al mismo tiempo que su corazón daba un vuelco y la señalaba con un dedo acusador. Era una desconocida a quien veía por primera vez. Tenía el pelo castaño y largo, a la altura de los codos, y unos ojos grandes y de color dorado que la hacían parecer ingenua e inocente. Llevaba un vestido sencillo y marrón ceñido a la cadera por un cinturón blanco, botas de piel y un pañuelo azul alrededor del cuello.

- Eres tú...- murmuró, más tranquila.- Me has dado un susto. No esperaba que estuvieras en pie tan pronto...
- ¡¿Quién eres?!- preguntó Nadia, alzando la voz e interrumpiéndola.
- Cálmate, por favor.- pidió la muchacha.- Será mejor que vuelvas a la cama...
- ¡No voy a irme a ninguna parte si no me explicas qué está pasando! ¿Qué es esto, una broma pesada? ¿Un programa de cámara oculta? ¿En qué año se supone que estamos, eh? ¿En la Edad Media?
- Yo...
- ¿Y tú cómo te llamas?
- Me llamo Mielle. Y si te soy sincera, apenas he entendido una sola palabra de lo que has dicho. Lo único que sé es que el aprendiz de mi señor te trajo aquí hace dos días. Has estado enferma y durmiendo desde entonces. Todavía estás débil, así que te recomiendo que vuelvas a la cama.

1 comentario:

Carlos dijo...

Vaya... Y yo que pensaba que nos ibas a resolver alguna duda >> Bueno, aún así el capítulo está genial, ya lo sabes, me encanta cómo va esta historia, promete mucho ^^
En fin, son las ocho de la mañana y me tengo que pirar ya al insti, pero que conste que me lo he leido enterito!
Un beso!
Carlos