viernes, octubre 23

Hacia atrás en el tiempo (22)

El viaje no me salió barato, pero tampoco tan caro como yo esperaba. Ochenta euros y tan sólo el billete de ida, por el retraso de comprarlo a última hora. El próximo autobús salía a las diez y media por lo que tuve un par de horas por delante en las que intenté matar el aburrimiento lo mejor que pude.

Aquel viaje no fue el más largo que había hecho hasta la fecha, pero cómo no recordaba ya el último (a Galicia, en cuarto de ESO) se me hizo increíblemente pesado y aburrido, incluso teniendo a mi disposición los distintos entretenimientos con los que me había aburrido para combatir el tedio. A mi lado se sentó un muchacho de mi edad. Bueno, de mi edad real, es decir, de unos veintiuno o veintidós años. Tenía un aspecto un tanto extravagante y poco abrigado, vestido con una camisa blanca de cuello en pico y una boina a gris ladeada sobre su cabeza. Se limitó a leer un libro, que estaba en inglés y parecía de poesía, durante las nueve horas que duró el viaje. Yo hice intento alguno por entablar conversación con él, ya que tenía los nervios, la emoción, la impaciencia y el miedo, todo hecho una bola y atragantado en la garganta. Apenas lograba pensar con coherencia y era incapaz de hacer mucho a excepción de intentar controlar el temblor que a veces me sacudía de la cabeza a los pies.

Eran casi las siete de la tarde cuando el segundo autobús que había cogido, tras hacer trasbordo en Madrid, se detuvo lentamente en su plaza reservada en la pequeña y vacía estación de Burgos. Me bajé, con la mochila que ahora parecía pesarme una tonelada, colgada de un hombro. Miré hacia la entrada de la estación con la estúpida esperanza de verlo esperándome allí. ¡Tonta!, me reprendí a mí misma. La situación ya era lo suficientemente mala como para estropearla todavía más albergando vanas ilusiones con altas probabilidades de fracaso.

Salí de la estación y miré a mi alrededor intentando ubicarme, sin éxito. Sabía que sería incapaz de llegar andando a pesar de que Burgos era una ciudad pequeña en la que ya había estado. Así que eché a andar en busca de un taxi que, por fortuna, encontré al final de la avenida. No me acordaba del nombre de su calle, y como GoogleMap aún no existía, sólo me quedaba una única referencia que esperaba que fuera suficiente. Me monté en el taxi tras saludar al conductor y a continuación, debido al nerviosismo, hablé atropelladamente.

- Disculpe, pero verá... no soy de aquí y quiero ir a un lugar cuyo nombre no recuerdo.- el hombre, un señor de unos cincuenta años con entradas bastante amplias en su frente brillante, enarcó las cejas.- Pero me acuerdo del nombre de una calle cercana y sé que al lado hay un parque. A lo mejor, desde allí, ya sé llegar yo sola.
- ¿Cómo se llama esa calle?
- Calle Delicias, o calle de las Delicias. ¿Hay algún parque cerca de allí?
- Sí, sé donde me dices. Te llevaré hasta allí y vemos si ese es el sitio o no.
- Vale.

El taxista puso el vehículo en marcha y yo clavé mi mirada más allá del cristal de la ventana, tratando de calmarme un poco. Las calles y edificios, de piedra en su mayoría, me resultaban familiares. Burgos, a pesar de su reducido tamaño, me parecía una ciudad muy bonita. El cielo, que ya empezaba a oscurecer, estaba nublado. Y conforme contemplaba las nubes, empezó a caer una menuda llovizna que salpicó los cristales e hizo brillar el asfalto de la carretera. A medida que el taxista atravesaba una calle tras otra los edificios me parecían cada vez más conocidos hasta que comencé a reconocer la zona en la que estábamos. Cuando el coche se detuvo frente a la entrada del parque, sonreí.

- Gracias. Ya sé llegar desde aquí... creo.
- Son tres con sesenta.- dijo el hombre.- Y este es el teléfono del servicio de taxis, por si te pierdes.
- Muchas gracias. ¡Hasta luego!

2 comentarios:

Carlos dijo...

Aish! Ya está en Burgos... Madre mía, me voy a empezar a comer las uñas de la emoción (vale, a lo mejor me las como porque sí y quería una excusa xD). Tener que esperar todo el finde para ver cómo continúa... Y luego el sádico y el cruel soy yo, ¿no? xD
En fin, que menuda intriga me has dejado en el cuerpo ^^
Un beso enorme
Carlos
PD: El domingo yo estaré en el cumpleaños de mi abuela, así que no actualizaré y no te perderás nada más que un capítulo xD

Carlos dijo...

Jajaja Sí, pero bueno, hay quienes prefieren vivir una mentira aunque se les diga que es una mentira, a pesar de que nosotros no entendamos por qué ^^
Y, créeme, si no eres adivina al final os daré un sorpresón a todos... El primero a partir del cap. 5 (coña, con tanto anunciarlo al final nadie se perderá el capítulo 5 xD).
Un besazo!
Carlos