jueves, octubre 22

Hacia atrás en el tiempo (21)

Las cosas salieron a pedir de boca.
La alarma, como de costumbre, sonó y me despertó a las siete. Llamé a mi hermano, preparé el desayuno y ambos nos bebimos la leche viendo la tele. Mi padre se levantó poco después, se vistió y se marchó a trabajar. Intenté aplacar mis nervios, pero el corazón me latía con rapidez cuando me detuvo frente a la puerta de la habitación de su habitación, después de haberme descalzado para no hacer ruido al andar. Entré a hurtadillas, sin encender la luz para no despertar a mi madre que aún dormía, y fui directa a la vitrina donde reposaba la caja del dinero. Una caja de madera oscura con el dibujo de un elefante dorado en el centro. La cogí con cuidado, miré de reojo a mi madre, que seguía respirando pausadamente sin dar señales de haberse dado cuenta de nada, y salí del dormitorio tan sigilosamente como pude.

Ya en mi cuarto me senté en la cama y abrí la caja. Sonreí ampliamente al ver un gran fajo de billetes (de cincuenta, veinte, diez y cinco) en el interior. Eso quería decir que no iba a tener que esperar un día más para tener el dinero en mis manos y que además, no notarían tan pronto el que faltaba. Medité, pensativa, acerca de cuánto coger. No sabía por cuánto podía salirme el billete comprándolo el mismo día y tal vez allí necesitaría dinero para comer... si aquel experimento no funcionaba. Cogí ciento cincuenta y, sintiéndome inmensamente culpable, devolví la caja al lugar que le correspondía.

Me vestí y procuré abrigarme más de lo normal. Sabía que en el norte hacía más frío y no quería congelarme el culo de frío. No llené mi mochila con libros y libretas, sino con mi mp3, un bocadillo gigante que pavo, paté y queso, una revista de crucigramas y mi gameboy advance con el juego del Golden Sun 2. Mi kit anti-aburrimiento. Metí en el dinero en el monedero y me guardé el móvil en el bolsillo del abrigo. Suspiré. Estaba lista... y estaba preparada. Mi estómago parecía estar cabeza abajo y mi corazón parecía estar compitiendo en una carrera de fórmula 1, pero aparte de eso y del miedo que intentaba mantener bajo control, estaba bien. Había llegado el momento de pasar a la acción.

Me despedí de mi madre dándole un beso en la frente y de mi hermano con unos golpes en la puerta cerrada de su habitación, saliendo con paso decidido de casa a la fría mañana de aquel lunes. Era un día ventoso de cielo nublado que amenazaba con llover. El sol debía haber salido ya, pero los espesos nubarrones grises no dejaban pasar ni su luz ni tampoco su leve calidez invernal. Mi aliento se convertía en vaho delante de mi nariz, como si fuera humo, empañándome las gafas. Aquella mañana no me había puesto las lentillas; tenía intención de dormir el mayor tiempo posible durante el viaje.

En vez de tomar mi ruta habitual para ir al instituto me dirigí a la parada del autobús más cercana. Había tan solo una mujer allí sentada, una anciana enfundada en un grueso abrigo nórdico de color marrón que me observó con ojo crítico mientras tomaba asiento en el otro extremo del banco. Mientras esperaba a que llegara el treinta y tres me entretuve observando el ir y venir de la gente que entraba y salía del Clínico, el hospital universitario que estaba justo en frente de la parada.

- Perdona, ¿tienes hora?- me preguntó la mujer.
- Eh... sí. Son...- miré mi reloj, sin tantos rayajos como tendría dentro de cinco años.- las ocho menos cuarto.
- Gracias.
- ¿Cuánto lleva usted esperando al autobús?
- Cinco minutos.
- Gracias.

Cogí el móvil y lo apagué. No quería recibir ninguna llamada, pero me sentí todavía más culpable al hacerlo. Mis padres se iban a preocupar muchísimo al no verme regresar a casa después de clase y al no ser capaces de localizarme. Me sentí tremendamente mal por lo que les iba a hacer pasar. Aunque... si conseguía que aquello funcionara, nada de aquello pasaría/habría pasado jamás.

A pesar de no creer en Dios, rogué al cielo porque las cosas salieran bien.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Vaya... Preocupar así a alguien a quien se quiere tanto debe causar úlceras -.-
Madre, que interesante pinta el viaje a BURGOS (¡me he acordado! Humm... Creo xD). A ver cómo sale esto, que tengo ganas de leer más y más y ver si funciona lo de la médium o si le sale el tiro por la culata.
Un beso!
Carlos

Carlos dijo...

¿Juegas al Golden Sun? (acabo de volver a leerlo y me he fijado xD) ¡Yo también! Me encantan xD Y me pasé el primero entero y el segundo también, pero me falta un djinn azul de los huevos -.-'
Anda, ¡un beso!
Carlos