jueves, octubre 15

Hacia atrás en el tiempo (13)

El sábado por la mañana me desperté muy temprano, cuando todo el mundo en casa todavía dormía. Lo primero que hice fue borrar el mensaje que Javi me había mandado sin ni siquiera leerlo, y después ducharme y vestirme. Una vez lista fui a la habitación de mis padres, que estaba a oscuras, y a tientas llegué hasta el lado de mi madre. Me agaché y le di un toquecito en el hombro.

- Mamá.
- Hmm...
- ¿Me oyes y me comprendes?

Mi madre asintió, entreabriendo un ojo para mirarme y volviendo a cerrarlo un segundo después.

- Voy a salir.
- ¿Qué hora es?
- Las nueve.
- ¿Te vas? ¿A dónde te vas?
- Tengo que ir a devolver un libro a la Biblioteca.- mentí. Y continué mintiendo.- Y también tengo que hacer unas fotocopias de unos apuntes de clase. ¿Me das dinero?
- ¿Y la vuelta de la peluquería?
- Oh. Aún la tengo. Cojo de ahí y luego te doy lo que me sobre, ¿vale?
- Bueno...
- No voy a tardar mucho.
- Vale... ten cuidado...
- Sí. Hasta luego.

Salí de casa con la mochila a cuestas. Dentro había una carpeta que contenía un cartel que yo misma había diseñado durante la semana, un anuncio en el que se ofrecían clases de inglés por cinco euros la hora. Más abajo, en letras pequeñas, se decía que si el individuo que recibía las clases no conseguía aprobar los exámenes, se le devolvía la mitad del dinero. Mi objetivo era fotocopiarlo y colgarlo en el tablón de mi instituto.

Cuando se presentó ante mí el dilema de cómo conseguir el dinero, lo tuve muy claro. ¿Qué sabía hacer yo lo suficientemente bien como para conseguir dinero a cambio? Mi nivel de inglés era alto (para algo me habían servido dos años en la Universidad y un curso entero en Escocia) y sabía que en los institutos la mayoría de los adolescentes tenían problemas con dicho idioma. Sin embargo yo contaba con sólo dieciséis años en aquel momento y no tenía experiencia laboral ni ningún título de inglés que confirmara por escrito mis conocimientos. De ahí el que me comprometiera a devolver la mitad del dinero si mi alumno no conseguía superar los exámenes durante el curso.
No tenía muchas esperanzas en ello. Suponía que cualquier padre o madre que tuviera interés en la mejora del inglés de sus hijos los apuntaría a una academia o contrataría un profesor particular con titulación. Pero merecía la pena probar.

Hacía frío, pero no demasiado. El sol calentaba un poco más que el día anterior, a pesar de no estar todavía muy alto en el cielo. Eché una mirada a lo que se veía de mi Facultad desde mi barrio, y observé que seguía teniendo el mismo aspecto destartalado incluso desde lejos. Se me hacía raro no tener que ir.

Me dirigí a la fotocopiadora frente a la Facultad de Medicina, cerca de casa. Esperé pacientemente a que llegara mi turno y poco después salí de la tienda con un taco de fotocopias pesándome en la mochila. Había tardado menos de lo que esperaba y aún no me apetecía volver a casa, por lo que me encaminé calle abajo en dirección a una cafetería que hacía esquina al final de la avenida.

Había poca gente en El Tren aquel sábado por la mañana. Siempre me había gustado aquel lugar, de iluminación tenue, mesas acristaladas tras las que se veían granos de café y un piso superior con balconada desde donde se divisaba la puerta del local. Tenían además una gran variedad de cafés, tartas y bollería, aunque por lo general tardaban bastante en atenderte. Entré y me senté en un taburete junto a la barra. Uno de los tres hombres que desayunaban silenciosamente me miró por encima del periódico que sostenía en sus manos,delante su café, observándome con curiosidad. Dejé la mochila a mis pies y cogí una de las cartas que había sobre la mesa.

- Buenos días. ¿Qué va a tomar?

Levanté la mirada para atender al camarero, un chico de quizá unos veintitrés años, que esperaba una respuesta por mi parte.

- Hola. Quiero... un vienés.

Él asintió y se alejó de la barra en busca de una taza.

Me tomé mi café con cacao tranquilamente sentada, escribiendo mensajes a dos de mis mejores amigas en aquel momento. Una de ellas seguía siéndolo también en la actualidad, mientras que la otra... había cambiado, y no a mejor. Les propuse quedar aquella tarde. Tenía ganas de verlas y de poder desconectar un poco pasando el rato con ellas, aunque aparte de eso necesitaba que me hicieran un favor.

Tras pagar me marché de la cafetería y volví a casa. Había cosas que no cambiaban y una de ellas era la regla de mi madre de pasar los sábados por la mañana limpiando. No por llegar un poco tarde me libré de pringar. Después de ponerme ropa más cómoda me encargó limpiar el polvo de mi habitación, y en ello estuve hasta poco antes de la hora de comer. Al menos, gracias a mi mp3 la faena se me hizo más amena.

Cuando acabé y mi madre estuvo satisfecha con el nivel de translucidez y brillo de los cristales de las ventanas, me dejó encender el ordenador. Como venía siendo habitual lo primero que hice fue conectarme al messenger. Y no a mi cuenta normal, sino a la que tenía reservada sólo para Daniel. Se me dibujó una sonrisa en los labios al verlo conectado.

"hola daniel ^^"
"buenas"
"qué tal? resacoso? xD"
"no"
"supongo que anoche saliste"
"si"
"cómo fue la noche?"
"bien"
"ninguna anécdota interesante que contar?"
"no fue para tanto. sali con mis amigos, bebimos algo y estuvimos por ahi. lo habitual"
"ya fue mejor que lo que hice yo xD"
"no saliste?"
"bueeno... algo parecido"
"por cierto. hay algunas cosas que me parecen injustas de nuestras conversaciones"
"qué cosas?"
"tu sabes mucho de mi pero yo no se de que cosas estas al corriente y ademas, apenas se nada de ti"
"quieres que te diga las cosas que sé de ti?"
"sí"
"te asustarías xD creerás que soy parte de la mafia o algo por el estilo"
"tanto sabes?"
"puede"
"me estas dejando intrigado, y no es justo"

Me sentí tentada. No tenía nada de malo decirle algunas cosas que no fueran muy difíciles de adivinar, y era mejor aquello que darle información sobre mí. Tampoco quería el riesgo de seguir callándome las cosas. Tal vez le resultara sospechoso y decidiese dejar de hablar conmigo.

"bueno, vale. te diré... tres cosas que sé de ti a la semana"
"solo tres a la semana?"
"o lo tomas o lo dejas"
"de acuerdo"
"1º, tu cumpleaños es el 13 de agosto. 2º, eres del deportivo de la coruña. y 3º, no te gustan nada los guisantes"
"supongo que no me diras como sabes todo eso"
"lo siento, secreto profesional"
"tengo que marchar, chica misteriosa. me llaman para comer"
"ok. que aproveche"

Y se desconectó. Pocos minutos después mi madre también me llamó a la mesa.

2 comentarios:

Ely Cadillo dijo...

Que lindo post, me gusto mucho !
Besos

Carlos dijo...

Jajaja Mi madre está despierta desde las 7 AM, fines de semana inclusive xD
Y yo nunca limpio mi habitación, solo la ordeno, y poco xD Y ojalá yo tuviese alguna cafetería cerca, lo máximo un Starbucks que me pilla en la esquina pero que siempre está hasta los topes.
Y me encanta el pacto, tres cosas por semana... xD Yo me quedaría con una intriga de tres pares de narices xD
Un beso
Carlos