miércoles, octubre 14

Hacia atrás en el tiempo (11)

Al salir de clase el viernes a medio día, no me lo podía creer. Había sobrevivido y seguía allí de pie, entera y plenamente capaz de todas mis facultades mentales. Me merecía, al menos, felicitarme a mí misma.

Era un día soleado y sin rastro alguno de nubes, en el que los rayos del sol apenas calentaban el aire gélido y cortante que atravesaba mi ropa y me hacía tiritar. Lo único tibio era el contacto de la mano de Javi envolviendo la mía mientras ambos subíamos la cuesta del instituto, él hacia donde lo esperaba su padre y yo en dirección a la parada del autobús. No hablábamos, y aquello era extraño. Generalmente al salir de clase Javi siempre tenía alguna anécdota que contarme, sobre sus profesores, sus asignaturas, o sobre los cómics que él y Vicen se entretenían dibujando entre clase y clase.

Lo miré de reojo intentando calibrar su estado de ánimo. Parecía triste. Suspiré y tras unos segundos de vacilación, le pregunté qué le pasaba. Él me miró con aquella expresión suya de cachorro abandonado a su suerte y apretó más mi mano dentro de la suya.

- ¿Es que te... arrepientes de estar saliendo conmigo?

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no reírme. Javi me había hecho aquella misma pregunta cinco años atrás, tal vez por motivos parecidos a pesar de que a mí, en aquella ocasión, me movían razones muy diferentes a las de aquel entonces. Le sonreí.

- ¿Por qué piensas eso?
- No lo sé… me da la sensación de que no te gustar estar conmigo.
- No es eso, Javi.- le dije. Y le repetí las mismas palabras que le había dicho tiempo atrás, entonces ciertas y ahora falsas.- Es simplemente… que nunca antes he tenido novio. Y no sé cómo comportarme a veces, o qué es lo que esperas de mí. Pero no me arrepiento de nada.
- ¿De verdad?
- De verdad.

A este paso se me va a poner la lengua negra de tanto mentir, pensé para mis adentros.

Javi sonrió de forma deslumbrante.

- Yo no espero nada de ti, Ana. Sólo que seas tú misma. Y no te preocupes, yo te enseñaré cómo se hacen las cosas.- añadió, abrazándome con fuerza y dándome un beso.

Asentí. ¿Cuándo había cambiado Javi su forma de ser?, me pregunté con tristeza. ¿Cuándo había dejado de quererme por quién era para quererme por lo que él quería que fuera? No lo recordaba.

- ¿Esta tarde vamos a quedar?
- ¿Eh? ¿Quieres que quedemos?
- ¡Claro! ¿Es que tienes ya algún plan?
- Pensaba a ir a estudiar a la Biblioteca…
- ¡Es viernes! Vamos a quedar.
- ¿Qué quieres hacer?
- Estar contigo. Y luego ya improvisaremos sobre la marcha. Podemos… podemos ir a merendar a la crepería que hay al lado de Dune, y luego pasarnos a ver si tienen algún tomo nuevo…

Cómo no.

- Bueno, vale.
- ¡Bieeeen! ¡Toda la tarde con mi Anitaaa! ¿Quedamos a las cinco y media?
- ¿No podemos quedar mejor a las seis y media?- pregunté.

En realidad, sí que tenía ya planes aquella tarde. Algunos no me importaba postergarlos, pero había uno en concreto que no pensaba posponer, y para ello necesitaba una hora más.

- De acuerdo. ¿En la parada de al lado de tu casa?
- Chachi.

Tras despedirme de Javi y de su padre encendí el mp3 y me dirigí a la parada del autobús, donde tuve que esperar diez minutos al siguiente. Llegué a casa un poco más tarde de lo habitual, por lo que todos me estaban esperando para comer cuando entré y me asomé al comedor para saludar.

- Mamá...- dije, cuando después de comer mi hermano se levantó para empezar a quitar la mesa.- Esta tarde voy a salir.
- ¿Con quién?
- Con Javi.
- ¿A dónde vais a ir?
- A merendar a una cafetería al lado de Dune. Aunque antes quiero ir a la peluquería.

Mi madre enarcó una ceja.

- ¿Te vas a cortar el pelo?
- Sí.
- Pero si ahora lo tienes muy bien...
- Ya, pero quiero cortármelo. ¿Me puedes dar dinero? Tengo hora a las cinco y media.
- ¿Ya has pedido cita?- se sorprendió ella.
- Sí, lo hice ayer.
- ¿A dónde vas a ir?
- A la peluquería Puri. La que está en frente del mercadona.
- ¿Y tenemos el teléfono?- se extrañó.
- No. Me pasé por allí.
- Ahh. Pues... sí, supongo que te daré dinero antes de que te vayas.
- Gracias.

Aquello era algo que también llevaba cavilando varios días. Era cierto que me quedaba muy bien el pelo como lo tenía y que además, personalmente, me gustaba mucho. Pero sentía la urgente necesidad de reivindicar mi yo del futuro en la imagen, al menos física, de mi yo del pasado. Y qué mejor forma de hacerlo que cortarme el pelo igual que lo tenía en mi verdadero presente. Sabía que a Javi no le iba a gustar. De hecho, el motivo por el que tuve el pelo largo mientras salimos juntos se debía a que él no quería que lo llevase corto. Decía que era poco femenino. Pero en aquella ocasión ni siquiera pensaba contar con su aprobación.

Cuando mi madre me dio el dinero para la peluquería minutos antes de que me marchara de casa se quedó mirándome con una expresión extraña. Como si quisiera decirme algo pero no se atreviera o no supiera qué palabras utilizar. Me dio miedo pensar en qué ideas le podrían estar cruzando la cabeza en aquellos instantes y esperé que me conociera lo suficientemente bien para no imaginarme metida en temas de drogas o cosas por el estilo.

Le di un abrazo y un beso en la mejilla antes de cerrar la puerta principal a mis espaldas.

1 comentario:

Carlos dijo...

Tener que fingir veinticuatro horas al día... Eso debe dejar echo polvo a cualquiera. Suerte que al menos tienes buena memoria y recuerdas cómo te comportabas y lo que le decías, porque mi memoria no va más allá de un año atrás (palabra, me acuerdo de datos inconexos en la línea temporal y poco más xD).
En fin, que esto pinta más interesante que las novelas de Agatha Christie (a lo mejor es porque estas pierden su misterio cuando empiezas a darte cuenta de que el asesino es siempre el mayordomo xD).
Un beso!
Carlos