martes, octubre 13

Hacia atrás en el tiempo (10)

Pasé mi primera semana tratando de acostumbrarme de nuevo a aquel ritmo de vida, lo cual fue mucho más duro de lo que me esperaba. Nada era sencillo, y tenía que pensar dos veces cada cosa que hacía o decía por miedo a meter la pata.

Con mis amigos tenía que tener cuidado. Casi todas las relaciones que mantenía en aquel momento de mi vida habían cambiado desde entonces hasta cinco años en el futuro, ya que ni siquiera el nivel de amistad que tenía con algunos era el mismo. Con unos me llevaba mejor que en la actualidad y con otros era justo al contrario. Ninguno de ellos mantenía la misma pareja, y desde luego sus problemas, preocupaciones y forma de actuar también eran distintas dado que eran cinco años más jóvenes.

También me resultó difícil habituarme a las clases en el instituto. Después de haber pasado mi último curso en la Universidad estando de Erasmus, con sólo unas pocas horas de clase a la semana y mucho tiempo de trabajo individual, tener que dar seis clases diarias y obligatorias sin otra alternativa más que asistir era una auténtica tortura. Afortunadamente, casi todo lo que impartían los profesores me resultaba familiar (no todo, había cosas que me sonaban a chino) y además me alegraba poder dedicarme a pintar y dibujar otra vez. Era una afición que había dejado olvidada tras terminar el bachillerato artístico, y eso era algo de lo que siempre me había arrepentido. Tal vez ahora tuviera la oportunidad de enmendarme.

Respecto a Javi... intenté ver las cosas desde el punto de vista más positivo posible. Salir con él era algo que había decidido hacer y no servía de nada lloriquear y compadecerme a mí misma continuamente. Sí, detestaba a Javi. Y sí, me había hecho mucho daño y era alguien a quien prefería no tener que ver. Pero todo aquello todavía no había ocurrido y yo sabía que en aquel momento Javi me quería y se preocupaba por mí. Así que me esforcé en no verlo como al malo de la película.
Fue muy difícil. Cada vez que me miraba o me tocaba mi primer impulso era apartar la mirada o escapar a su contacto. Me resultaba duro confiar en él y contarle mis cosas, y me dolía fingir quererlo cuando no era así. Sin embargo, cuando conseguí mirarlo sin sentir la urgencia de propinarle un puñetazo en la cara (totalmente merecido por todo lo que me había hecho/me haría pasar) consideré que estaba mejorando y avanzando en el proceso de inmunizarme a la extrañeza y a la incomodidad de la situación en la que me encontraba.

En casa también tuve problemas al adaptarme a mi antiguo orden de vida. Ya no tenía veinte años, sino que ni siquiera era mayor de edad, y las libertades y privilegios de los que por fin gozaba en la actualidad allí todavía no estaban ni en proceso de negociación. En realidad aquello no me importaba demasiado; no es que estuviera loca de ganas de salir con mis amigos o con Javi, por lo que adquirí el hábito de ir a la Biblioteca Pública a estudiar o repasar, consciente de que era muy importante que mi media del bachiller no bajara, con miras a la futura selectividad.
También advertí que mis padres a veces me observaban extrañados y de vez en cuando me parecía oírlos cuchichear sobre mí, aunque no estaba segura al cien por cien. Tenía que recordarme a mí misma que debía actuar de acuerdo con la edad que se suponía que tenía, pero era complicado comportarme de forma distinta. Sin embargo, era consciente de que tenía que dar el pego de forma convincente. Mis padres, sin duda ninguna, habrían notado el cambio que se había operado en mí y se debían estar preguntando qué me sucedía. Sólo esperaba que no recurrieran a hipótesis demasiado estrafalarias para intentar explicar mi inexplicable transformación. Con un poco de suerte lo achacarían a una pronta maduración.

Todos aquellos cambios de los que tenía que estar pendiente, todas las cosas que tenía que tener en cuenta y todos los aspectos de mi comportamiento que debía vigilar y controlar me hacían acabar el día completamente agotada. Cuando terminaba de estudiar encendía el ordenador y me plantaba en el messenger a la espera de que Daniel se conectara para hablar con él.
Era el mejor momento del día, el único en el que podía dejar de pretender ser alguien que ya no era era y ser yo misma con total libertad. Casi con toda seguridad a él le debían extrañar la confianza y la naturalidad con la que me dirigía hacia él, pero pocas veces daba muestras de estar sorprendido. En realidad, apenas dejaba traslucir sus sentimientos. Era más tímido y reservado, si cabe. Y desde luego, mucho más parco en palabras. Pero al menos conseguía comunicarme con él y con eso ya me daba por satisfecha. Le preguntaba cómo le había ido el día y lo que había hecho, y luego yo le contaba el mío. Esa parte de nuestra conversación, al menos, no se diferenciaba mucho de las actuales. Después le hacía preguntas acerca de él, y él intentaba que yo le contestara a alguna sobre mí, sin mucho éxito la mayoría de las veces. Me llamaba "la chica misteriosa" y eso me hacía gracia.

También empecé a dedicar gran parte de mi tiempo a las conjeturas, en un intento de encontrar el motivo que me había desplazado cinco años atrás y ya de paso, una solución para volver a mi tiempo real. Barajé miles de posibles explicaciones, cada cual más absurda y delirante que la anterior. A pesar de mi ateísmo consideré la intervención divina e incluso contemplé la idea de ir a la iglesia durante unos minutos antes de descartarla. ¿Dios me había castigado, o quería que aprendiera algún tipo de lección? ¿Había descubierto, desafortunadamente, un agujero de gusano en el espacio-tiempo que me había trasladado hasta allí? ¿Era cosa de magia, o de un experimento científico fallido? ¿Alguien me había lanzado una maldición? ¿Estarían interfiriendo en mi destino fuerzas cósmicas astrales que iban más allá de mi conocimiento plano y mortal? ¿Me habían abducido los extraterrestres?

Tras mucho pensar sobre las múltiples posibilidades que se presentaban ante mí y mucho darles vueltas, intentando no tener en cuenta lo increíblemente ilógico de la mayoría de ellas, después de buscar e investigar en internet, se me ocurrió algo. Pero para ello, iba a necesitar dinero. Y con mi pequeña fuente de ingresos caseros (es decir, mi paga) no me llegaba ni siquiera a la mitad.

Iba a tener que empezar a ganarme el pan.

2 comentarios:

Rika dijo...

ohh interesante! creo que no te ha faltado detalle

Carlos dijo...

Ooooh! ¡Qué interesante! ¿Cuál será la solución? ^^ Yo quiero saberlo, y pronto ^^ (sí, soy un poco/muy prisas xD) ¿Y cómo hará para ganar pasta? Y más interesante aún, ¿para qué? Cuántas preguntas en el aire, deja muchísimas ganas de seguir leyendo la historia.
Un beso!!
Carlos